Capítulo 92

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Capítulo 92 – Jyn Corven, 1.818 CIS (Calendario Solar Imperial)




—Yo envié a Somnia para que cuidase de tu hermano. Lo hice porque he visto lo que va a pasar, Jyn, y lo necesitamos con vida. Albia lo necesita. Puede que creas que estoy siendo egoísta, injusta incluso, pero si algo he aprendido a lo largo de todos estos años es que más allá de nuestros deseos particulares se encuentra el bien común. Y dirás... ¿qué sabrá una muerta del bien común? Pues mucho, te lo aseguro. Más de lo que jamás podrías imaginar. Cuando se cruza el velo la realidad se ve de una forma diferente. Al principio duele la separación con el mundo de los vivos. De hecho, ese dolor no acaba de desaparecer nunca, pero con el paso del tiempo va disminuyendo, lo que te permite ver más allá; abrir los ojos a lo que aguarda en el otro lado y conocer a seres diferentes. Almas que abandonaron el mundo de los vivos hace ya muchos siglos, pero que desde el de los muertos siguen velando por su país tal y como hacían antes. Y entre esas almas, cariño mío, se encuentra la del Sol Invicto.

—¿Estás diciendo lo que creo que estás diciendo, madre?

Jyn Valens respondió con un sencillo asentimiento. Un leve gesto de cabeza que, sumado a su mirada llena de perspicacia, logró estremecerme.

—Por muy oscuros que creas que son los días, su luz siempre iluminará vuestros pasos, Jyn... estéis donde estéis. Nunca os ha abandonado ni nunca lo hará, tienes mi palabra.

—Pues no lo parece.

—Pero así es —insistió ella tomando mi mano con firmeza—. Eres mucho más inteligente de lo que tratan hacerte creer, Jyn. Tus hermanos son y han sido fuertes, tu padre valiente y yo astuta, pero tú, querida niña, eres inteligente. Probablemente la más inteligente de todos; la única capaz de comprender la magnitud de todo lo que está por venir.

—Y por ello a la que habéis elegido para que se sacrifique, ¿verdad? Enviaste primero a Somnia para guiar a mi hermano y después se la mandaste a mi tío para que me la trajese. Para que me transmitiese el mensaje... tu mensaje.

—Mi mensaje —admitió. Y sonrió.

Y lo hizo de tal modo que, incluso una hora después, cuando tras cruzar la puerta que separaba el prado de Ilean del corazón de la fortaleza de Herrengarde nos preparamos para iniciar el último asalto, no lograba quitármela de la cabeza. Ni su sonrisa ni tampoco sus palabras. Mi madre había sido totalmente sincera conmigo, mucho más de lo que jamás habría sido con ninguno de los varones de la familia, y aunque daba gracias por ello, había habido mucha crueldad en sus palabras. Muchísima más de la que creía capaz de aceptar. Por desgracia, aunque dura, había sido tan clara que no había podido rechazar su petición. En el fondo de mi alma, por mucho que me doliese, tenía razón. El Sol Invicto requería un sacrificio por nuestra parte, necesitaba que sus guerreros sobreviviesen a aquel duro trance, y para ello yo era la que debía ocupar el lugar del "Fénix". Yo, Jyn Corven. La pequeña de los tres hermanos; la niña que mi tío y mi padre habían dado en adopción para intentar proteger. La misma que había crecido en el seno de la familia con la Magna Lux de mi tío Jarek colgada al cuello. La que desde pequeña había tenido claro que deseaba convertirse en la mejor bailarina de Albia. La que había recorrido gran parte del continente dirigiendo el cuerpo de baile primero desde el escenario y después desde bambalinas como directora. A la que habían tenido que salvar en Ballaster de las garras del "Fénix"; la que había huido de Albia por culpa de Lucian Auren. La que lloró como una niña las dos muertes de Doric Auren... pero que sin duda se uniría de nuevo a él en caso de que volviese a renacer una vez más. La que amó a dos hombres y se casó con uno al que con el tiempo perdió. La bailarina que en mil ocasiones intentó alzar el vuelo pero a la que jamás permitieron volar con libertad. La presa favorita del "Fénix"; la carga de la Unidad. Medio Sumer y medio Valens, pero totalmente Corven...

Hijos de la NocheHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora