Capítulo 55 – Nathanatiel Trammel, 1.812 CIS (Calendario Solar Imperial)
La noche era fría en Gherron.
Apostado en el mirador de la torre de vigilancia desde donde controlaba el acceso norte a la ciudad, las horas pasaban especialmente lentas aquel día. Desde nuestra llegada a Gherron hacía ya unas semanas, aquel había sido uno de los lugares en los que había pasado más tiempo. Solía pasar las mañanas en el pabellón donde Doric se había instalado, ayudándole en cuanto había en mis manos y colaborando con la mesa de asesores que poco a poco iban engrosando sus filas. Nos pasábamos horas analizando la prensa, los mapas y las distintas opciones que teníamos. El ejército de Doric cada vez era más grande, con decenas de personas uniéndose a diario a nosotros, pero el enemigo seguía siendo un gran monstruo frente al que teníamos que ser especialmente cuidadosos. La guerra ya había empezado con la conquista de Ossen, pero queríamos medir todos nuestros movimientos.
Estaban siendo semanas de auténtica euforia. Viajar hasta Gherron no había sido fácil. Atravesar las fronteras de Albia había supuesto volver a ponernos en peligro, y dadas las circunstancias, no era algo a lo que ninguno de los dos quisiéramos enfrentarnos. En Ostara habíamos encontrado una paz muy tentadora. Estábamos seguros, estábamos felices... el proyecto de una nueva vida en común allí podría haber salido bien. No obstante, por sorprendente que fuese, la decisión fue tomada en tiempo récord. En cuanto Jyn supo la verdad sobre Doric dejamos atrás los miedos y las dudas y, conscientes de que podríamos ser detenidos en el intento, nos lanzamos de nuevo a la carretera, con Gherron como destino.
Y había costado... pero aquí estábamos, dispuestos a todo por Doric. Porque era Doric, confirmado. Dijesen lo que dijesen los comunicados del Emperador Lucian y sus periódicos, el hombre al que ahora servía era Doric Auren, y poco a poco toda Albia empezaba a saber la verdad.
Doric. Mentiría si dijese que no había tenido alguna duda durante el viaje. Había sido mínima, por supuesto, pero después de todo lo que había pasado en Throndall era inevitable tener un nudo en el estómago. Temía que perdiésemos todo lo que habíamos conseguido en nuestra estancia en Ostara. Por suerte, Doric no me había mentido y tan pronto pisamos la ciudad lo comprobamos. Mi buen amigo ordenó a sus hombres que nos llevasen hasta el corazón de Gherron, donde tenía instalado su pabellón en mitad del campamento militar, y allí nos recibió con los brazos abiertos.
Y era él, doy mi palabra que era él. Su mirada, su sonrisa, su voz...
Era él.
—Eh, Capitán, ¿qué haces aún aquí? ¿No se suponía que hoy era tu gran noche?
El Centurión Tristan Reiner apareció en el mirador procedente del interior del edificio, visiblemente tranquilo y relajado. Me guiñó el ojo a modo de saludo y, apoyando despreocupadamente los brazos sobre la barandilla de metal, desvió la mirada haci ala noche.
Reiner era un hombre peculiar. Siempre seguro de sí mismo e irradiando fuerza y determinación, Tristan Reiner y su Unidad se habían convertido en uno de los grandes pilares del regreso de Doric. El auténtico Emperador, que era como empezaban a llamarle, contaba con un gran número de legionarios a su servicio, el ejército de tecno-nómadas que le había proporcionado la Reina de las Estepas Dynnar y varias unidades pretorianas, pero Reiner y los suyos eran los únicos que habían estado a su lado desde el primer minuto. Los únicos que habían sido capaces de traicionar a Albia para salir en su búsqueda, costase lo que costase, y los únicos que, a base de sacrificio, habían logrado traerle de entre los muertos.
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Hijos de la Noche
FantasíaEl Imperio de Albia, la mayor potencia militar y económica, ha dominado gran parte de este mundo sin rival durante casi 2.000 años, pero ahora nuevos enemigos aparecen para desafiar su supremacía... tanto desde el exterior de sus fronteras como desd...
