¡Hola! Bueno, como dice: este es el final de la primera parte. El primer capítulo de la segunda parte va a estar subido en algunos días, por acá mismo.
—Te amo —le dijo Junior, Mauro viendo todo desde el medio de la calle. Junior seguía agarrando a Blas del chaleco. Empezaron a besarse. A ninguno les importaba las miradas de los que pasaban por ahí, pero Junior se moría si se enteraba que Mauro los estaba viendo muy cariñosos uno con el otro. Besándose, chocando suavemente sus narices, acariciando la mejilla del otro, Junior sonriendo, Blas besando los hoyuelos del menor.
Mauro dio media vuelta y silenciosamente desanduvo su camino. Entonces, era consentido, pensaba.
—Vamos a trabajar, dale. Además, hace frío —pidió el mayor.
—Sí, vamos.
No tuvieron mucho que hacer más que algunos tragos y servirlos. Realmente, estaba todo muy tranquilo.
—¿En qué pensás? —preguntó Junior a Blas, media hora más tarde, después de salir del baño. Mientras, se acercaba a él. Blas estaba tras la barra, mirando a la nada.
—En que supongo que ya podemos decirle a tu papá, ¿no? —le contestó el chico—. Pero ya sé que te dije que podemos esperar unos días más.
—¿Realmente, querés eso, no? —Preguntó el menor, mientras protestaba un poco.
—Ya te dije que va a ser peor si se entera por otro lado. Y ya está más calmado.
Junior suspiró.
—Bueno, está bien —dijo.
Blas sonrió y le dio un beso sobre sus labios.
—¿Lo llamo ahora? —Preguntaba el menor mientras agarraba su celular del bolsillo delantero de sus jeans—¿Le digo que venga cuando vamos a cerrar?
—Sí, dale —sonreía Blas.
Y entonces el menor habló con su padre para citarlo. Junior notó a su viejo raro, hablaba serio, sin decirle “papito" o “hijo”, como muchas veces hacía. Le habló cortado, algo frío.
—¿Todo bien? —le preguntó el chico, alzando una ceja.
—Todo bien, nos vemos a la noche.
Entonces, cortó y volvió a poner su celular en el bolsillo, al tiempo que miraba al otro chico, quien lo abrazó fuerte, para contenerlo. La mejilla de Junior fue a parar en el hombro del mayor. La mano de Blas acariciando la espalda del menor por encima de la ropa.
El mayor sentía los latidos del corazón de su amor, que retumbaban en su pecho.
Mauro volvió al bar a la noche, casi en el horario acordado. Se quedó en una mesa, sin decir nada, golpeando la madera con los dedos y mirando a Blas y a Junior, que iban de aquí para allá mientras trabajaban. Renata le llevó un vaso de jugo. Renata iba toda simpática, pero Mauro la miró mal y le sacó el vaso bruscamente. El hombre se llevó la pajita a la boca mientras tenía los ojos fijos en los chicos.
Luego de pensarlo mucho, se puso de pie, se restregó las palmas de las manos en el buzo y se acercó a su hijo y al mayor, que estaban hablando y riendo juntos.
—¿Y de qué querés hablar, hijo? —le preguntó sin vueltas.
—Se van los últimos clientes, Renata y Dante y hablamos.
Eso sucedió media hora después. Dante, Renata fueron los últimos en irse, y Junior ya se sacaba el chaleco del bar.
Mauro, bastante impaciente, volvió a acercarse a los chicos. En realidad, solo quería acercarse a Junior, pero Blas no se movía de al lado de él.
—Ahora sí. ¿Y? —lo apuró, moviendo la cabeza y mirando fijamente a su hijo.
Junior miró a Blas y tragó saliva. La mano de Blas cubrió la mano que Junior tenía apoyada en la barra. La mirada de Mauro, sin emoción alguna, se dirigió hacia las manos unos segundos y después volvió a mirar a Junior.
—¿Qué es esto? —cuestionó el hombre.
—Blas y yo estamos juntos.
—No —soltó Mauro sin poder evitarlo.
—Sí —espetó Blas, solo para molestarlo.
—No te atrevas a meterte con Blas —le dijo Junior de pronto. Blas le apretó la mano.
Mauro agachó la mirada y luego la alzó para mirarlos. Sus ojos penetrantes. Suspiró.
—Está bien —dijo.
Blas y Junior se quedaron mirándolo estáticos.
—¿Qué? —Salió de la boca del menor.
—Que está bien. Que nada de lo que te diga te va a hacer cambiar de opinión. Y no soy el monstruo que ustedes creen que soy.
Después se quedó mirando al piso, mientras tamborileaba con los dedos sobre la barra. Se mordía el labio de vez en cuando. Parecía estar resistiéndose a algo. Junior lo miraba con expresión asustada y Blas, confundido. Pero, de repente, Mauro levantó la cabeza y los miró.
—Te pido disculpas delante de Junior, pibe, para que veas que son sinceras —Entonces, le dio unas palmadas en el hombro a Blas, y apretó un poco fuerte. Blas dirigió una mirada hacia allí. Si antes estaba confundido, aquello se incrementó. Junior miraba boquiabierto. —¿Podemos construir una relación de respeto?
—Yo no tengo problemas de construir una relación de respeto con vos, Mauro. —Solo porque era el padre de Junior, solo porque Junior lo quería, solo porque así todo iría bien, solo porque quería seguir viendo esa sonrisa que había aparecido en el rostro de Junior por lo que estaba pasando.
Se dieron un apretón de manos al tiempo que se miraban a los ojos, serios. Junior era el único que sonreía.
Cuando Mauro se fue, Blas miró a Junior con una sonrisa. Junior también estaba sonriendo. Se abrazaron fuerte.
—¡Lo hiciste! —Se alegró Blas.
Junior largó una risita rara de felicidad.
—Lo hice —soltó el menor.
Blas rompió el abrazo y lo agarró de sus mejillas.
—Sí, amor.
Juntaron sus frentes sin dejar de sonreírse.
—Soy libre.
—Sos libre.
—Somos libres.
—Sos libre —repitió el mayor y se acercó a besarlo.
Fin de la primera parte
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Amor en el silencio (Blasnior)
Fanfiction"No vas a ser feliz si no sos completamente libre" Junior y Blas y su historia de amor
