Junior estaba enojado. ¿Lo que acababa de pasar lo hizo arrepentirse de estar con él?
—Déjalo. Ya se le va a pasar —dijo Dante, mientras se ponía al lado de Blas y le agarraba el hombro. Vio la cara de tristeza de Blas. —Vos no tenés la culpa, eh. Espero que no estés pensando eso.
¿Así iban a ser las cosas siempre? ¿Junior no iría a llegar a nada con la banda si la vida estaba llena de homofóbicos?
Junior llegó a su casa quince minutos después. Piru, Ailín, Chipi y Agus ya estaban ahí, esperándolos en el living. Romeo había llamado a Lucre para que estuviera atenta a su llegada, algo que hizo no sin quejarse y protestar porque la habían sacado de la cama a las tres de la madrugada.
Junior los miró con ojos fríos y fue directo al playroom mientras les decía: “Déjenme solo”. Los cuatro se miraron entre sí y Agus se puso automáticamente de pie, pero Chipi le agarró de la muñeca.
—Está mal. ¿Qué le pasó? —preguntó Chipi.
A los diez minutos, los demás entraron al lugar. Ellos seguían allí en el living, mirando en dirección del playroom, afectados. Blas se quedó en la puerta.
—¿Junior? —preguntó Dante.
—Fue al playroom —respondió Agus—. ¿Qué pasó?
—Problemas con los del concurso. Blas, ¿te vas a quedar ahí? —Dante veía que Blas seguía todavía en el umbral de la puerta.
—Creo que me voy. No creo que Junior quiera verme ahora.
—¡Pero, Blas! ¡Él no está así por vos! —expresó Dante.
—No sé…
—Vení, tonto —Dante lo agarró del hombro y lo arrastró dentro de la casa. Después, cerró la puerta.
Junior estaba en el sillón del playroom, apoyado en el respaldo, pensando en lo que había ocurrido en el concurso. Primero, su papá, después personas desconocidas en la calle, y ahora esto, Junior estaba llegando a su límite. No le importaba, eso no cambiaría nada en él. Blas lo hacía feliz y de igual manera se sentía libre, pero le encantaría erradicar esas actitudes.
De pronto, bajaron a los saltos, cantos y gritos los chicos, poniendo música, comenzando una fiesta. Agarraron a Junior de los brazos y tiraron de él para que se levante y bailara con ellos, y así animarlo. Una pequeña sonrisa se formó en sus labios, pero flaqueó cuando vio a Blas que lo miraba serio desde el pie de la escalera y luego desaparecía.
—¡Paren, paren, paren! —los frenó mientras seguía mirando en dirección por la que había estado Blas. Ahora todo era silencio y notaron que Blas no estaba.
—Andá a hablar con él —le dijo Dante.
Junior no esperó más y corrió para salir del playroom. Encontró a Blas intentando abrir la puerta para irse.
—¿Te vas? —Le preguntó un confundido Junior. Blas movió el picaporte y lo miró. Por más que hubiera querido irse, aquello no iría a ser posible porque la puerta estaba cerrada con llave.
Después, soltó el picaporte, miró a Junior y comenzó a hablar:
—Yo no quiero hacerte mal, Junior. Si hay alguna posibilidad de que esté haciéndote mal, yo me voy a alejar… Y si eso es lo que querés…
—¡¿Qué?!
Junior sintió a su corazón apretujándose dentro de su pecho, una bola de lágrimas atorada en su garganta.
—¡No! ¿Vos querés matarme, Blas?
—Lo de la banda, arruiné todo.
—Vos no arruinaste nada. No tenés nada que ver. No me podés hacer mal nunca. ¿Vos no eras el que me decías que no hiciera caso a los demás, que voy a encontrar gente de mierda o con pensamientos de la prehistoria, pero que también hay otro tipo de gente, que nos entiende, nos acepta y no nos juzga? Estás loco si creés que voy a dejarte. Ya me siento libre, Blas. No me importa nada. Si no estoy con vos, voy a estar con otro.
Blas sintió como si alguien apretara fuerte en su pecho. Tragó saliva. Pero Junior seguía hablando.
—Y créeme que quiero que seas vos. No quiero a otro. Solo me gustás vos. Te amo a vos… Solo me molestó la actitud de esos tipos. Estoy así por la gente esa de mierda, Blas. Vos sos lo más lindo que me pasó en la vida, ni loco te dejo ir. Me hacés muy bien.
Y no esperó a que el otro dijera nada y se acercó a agarrarlo de la cara y besarlo. Luego, se alejó. Pero aún seguían cerca, cuerpo contra cuerpo, los brazos de Blas rodeándole la cintura, las manos de Junior agarrando la cara de Blas, los ojos de ambos brillosos.
—No quiero que te alejés de mí. ¿Te queda claro, Blas? Voy a hacer algo para que no pensés nunca más que me hacés mal y que quiero que te alejés.
Blas arrugó el entrecejo.
—¿Qué? —quiso saber.
Junior sonrió, lo soltó y fue en camino hacia la escalera. Le pidió que lo siguiera y eso hizo. Llegaron al cuarto de Junior, y este encendió la luz.
—Quédate ahí —le pidió el menor a su novio, al tiempo que señalaba los pies de la cama de Dante. —Si querés, grabá.
Blas cada vez entendía menos.
Junior suspiró hondo, se acercó a la mesita de luz…
—Mirá lo que hago por vos. —Entonces, se inclinó y le dio un beso al escudo de boca.
Después lo miró con una sonrisa y dijo:
—Bueno, los chicos están de joda en el playroom, podemos ir.
Blas no lo había dejado de mirar con una sonrisa y los ojos brillantes desde el beso al escudo.
—Cuando te dije lo sexi que te verías hablaba en serio —dijo el mayor y se acercó a besar a Junior.
—O mejor nos quedamos acá —dijo Junior entre besos suaves y desesperados a la vez.
—¿No querés estar solo ahora? —Le preguntó Blas todavía besándolo.
—Ya se me pasó.
—Creía que querías estar solo, lejos de mí.
—Tonto, no. No quiero alejar esos rulos de mí. —Al terminar de decir eso, ambas manos del menor se enterraron en la parte posterior de la cabeza de Blas, en su mata de rulos.
Luego, sin soltarlo, saltó a su cama y quedó sentado con las piernas colgando en el borde y Blas parado entre ellas. Seguían besándose. Las manos de Junior seguían en la cabeza del otro. Y las manos de Blas aplastaban la espalda del menor.
Entonces, el chico de rulos se separó del beso, pero Junior no pensaba en sacar sus manos de la suavidad de esos rulos.
—¿Sabés qué día es hoy? —preguntó.
—Sábado.
—La fecha. Veintinueve de septiembre.
—Nuestro primer beso.
Blas sonrió.
—Sí, bebé.
—Y hablando de besos… ¿Podemos seguir?
Y sin esperar a que Blas contestara nada, Junior volvió a unir sus labios con los de él. Pero no cerraron los ojos. Mientras se basaban con dulzura, agarrando los labios del otro con delicadeza, veían los ojitos del otro. Ojitos llenos de amor. Había algo lindo en besarse de aquella manera, viendo que era el otro al que estaban besando, viendo cómo el otro disfrutaba de aquellos besos, viendo cómo los ojitos brillaban.
El pecho de cada uno chocaba con el cuerpo de la persona a la que estaban besando. Los latidos del corazón se hacían sentir, insistentes. Y cerraron los ojos para poder sentir esos latidos, intensos. Hasta que esos latidos se mezclaron uno con el otro y ya no podía definirse qué latido era de uno, y qué latido era del otro.
De pronto, Junior empujó a Blas y empezó a darle empujoncitos en el pecho. Blas lo miró como si estuviera loco, y tal vez lo estaba.
—¡La próxima vez no te vayas así, chabón! ¡Decí lo que te pasa, loco! —protestó Junior mientras seguía dándole golpecitos. Después, lo agarró de los cordones de su abrigo y tiró de él hacia sí otra vez.
—¡Está bien, perdón! No quería molestar.
—No molestás. Pero no me gusta que te vayas así. Por lo menos, si querés irte —bajó los ojos a sus manos, que agarraban todavía los cordones y jugaban con ellos—. Venís y me lo decís… Si querés putearme también, venís y me lo decís, eh, ¡bobo!
—Está bien. Está bien.
—Siento que así no querés pelear por nuestra relación.
Junior hizo trompita y bajó la cabeza. Blas lo agarró del mentón y lo obligó a mirarlo.
—Nunca digas eso. Solo quiero que nosotros estemos bien… Que vos estés bien.
—No voy a estar bien sin vos. Y si yo quiero que te alejés, te lo voy a decir, acordate de eso la próxima vez que pensés que no quiero estar más con vos.
—Mejor lo voy a recordar… La próxima ya veo que agarrarás los guantes de boxeo y practicás conmigo —bromeó Blas. Junior le dio otro empujoncito, esta vez más juguetón.
ESTÁS LEYENDO
Amor en el silencio (Blasnior)
Fanfiction"No vas a ser feliz si no sos completamente libre" Junior y Blas y su historia de amor
