—Perdón, perdón —Junior estaba preocupado—. Soy un desastre —dijo, y fue hacia el living, lejos de la vista de todos. Se sentó en el sofá.
Blas y sus padres se miraron.
—Voy a hablar con él — dijo Blas, levantándose de la silla, pero su padre lo retuvo levantando una mano.
—Voy yo —dijo el hombre. Blas y su mamá se miraron boquiabiertos. —Esto tiene que ver conmigo.
Blas miró confundido cuando su papá empezó a ir por la dirección que Junior había tomado.
Junior estaba sentado en el sofá, con los brazos sobre los muslos y la cabeza hacia bajo, mirando el piso.
—¿Tan monstruo soy?
El padre de Blas se sentó al lado de él y Junior lo miró como si fuera un fantasma.
—Yo a su hijo lo amo —dijo a la defensiva. Los ojitos llenos de miedo.
—Yo sé que vos no sos así. Te veía en el colegio cuando iba a buscar a Blas, cuando venías a casa para que Blas te explicara inglés, cuando iba a ver los partidos de fútbol. Siempre travieso, quilombero y revoltoso. No era así el chico que me enfrentó el otro día cuando fui a hablar con Blas a la casa. Tampoco era así el chico que no me dejó hablar la otra noche.
—Se quería llevar a Blas —soltó Junior.
—Y vos luchaste para que no sea así. Sé que hice mal yo, ahora lo sé. Tal vez sí soy el monstruo que creés que soy.
—No creo que sea un monstruo.
—¿Y por qué hiciste todo esto?
—No tanto. —Suspiró y decidió contestar la pregunta—. Quería que pensara que soy la persona correcta para Blas. Que no piense que no valgo la pena.
—Bueno, a veces puedo ser un poquito exigente.
Junior le dirigió una mirada con los ojos achinados, una mirada que Martín vio.
—Bueno, muy. A veces me paso de exigente.
Se rieron juntos. Junior calló y lo miró confundido.
—Está siendo simpático.
—¿Tan malo fui con ustedes? ¿Fui malo alguna vez con vos? Aparte de ese día que fui a buscar a Blas a su casa, creo que me pasé un poco. Quería hablar con Blas y un chico obstinado me saltó al cuello.
Pero dijo eso y sonrió. Junior lo miraba expectante, todavía a la defensiva sin saber cómo reaccionar.
—Sos bravo, eh —le dijo el hombre—. Me encanta que defiendas así a mi hijo.
—Siempre.
—Bueno, dejando de lado ese día… ¿Fui malo alguna vez con vos antes?
—No, pero ahora soy el novio de su hijo.
—¿Eso cambia algo?
—Se lo quiso llevar a Canadá —volvió a sacar el tema Junior.
—Aunque no lo creas, me quise matar por eso. Sabía que sos un buen chico, pero tenia miedo por mi hijo. Me había contado que había sufrido por vos —Junior cerró los ojos—. Cuando fue a mi casa, ¿te acordás que lo fuiste a buscar? Estaba triste.
—¿Por mí? —Se sorprendió Junior. Recordaba que el chico nunca le había dicho por qué se había ido de su casa aquella noche. ¿Su padre lo sabía?
—Yo pensé que sí. Cuando me enteré que el chico por el que se había ido a Canadá eras vos, tenía miedo que volviera a sufrir, y además, todavía tenía mi pensamiento de que estudiara.
—Y consiguiera un mejor trabajo.
—Más profesional.
Junior largó un suspiro ofendido.
—Pero vi que iba en serio con vos. Y que vos ibas en serio con él.
—¿Sigue pensando que soy un buen chico?
—Sí —rio el hombre. —Siempre fuiste un gran chico y hacés a mi hijo feliz.
—Acaba de decir que lo hice sufrir.
—Las circunstancias alrededor de vos lo hacían sufrir. Vos no tuviste nada que ver.
—No sé. Me comporté como un idiota muchas veces.
—Sos la persona correcta para Blas. Me doy cuenta por cómo te mira. Es feliz.
—¿Así que le caigo bien, eh?
Martín rio.
—Perdón por lo de su ropa. Cagamos si es su favorita.
—Me voy a cambiar. No pasa nada. Andá al comedor y seguí comiendo. —Le puso una mano en el hombro y apretó.
—Sí, tengo hambre —dijo Junior, y ambos se pusieron de pie.
La cena siguió más relajada, pero Blas estaba que miraba a su padre y a Junior constantemente, intrigado sobre lo que pudieron haber hablado. ¿Qué le habría dicho su padre? Junior parecía estar bien, pero igual estaba preocupado.
¿Si solo aparentaba? Si se sentía mal, era por su culpa. Él le había insistido para ir a cenar con sus padres.
En todas las veces que Junior encontró a Blas mirándolo, ambos se sonreían.
En mitad de la cena, Junior había ido al baño y había mojado su pelo para sacarse el gel. Ahora su peinado era normal. Parecía realmente estar más relajado, pero Blas no sabía qué pensar.
Al momento de despedirse, después del helado, que Junior pagó, el menor saludó a la mamá de Blas con un beso en la mejilla, más distendido. Luego, se quedó quieto frente a Martín sin saber cómo saludarlo. Blas y Alejandra los miraban muy atentos. Martín sonrió y luego se saludaron con las manos, lo mismo con Blas.
Salieron de la casa y fueron al auto de Blas. Este iba a llevar a su casa a su novio.
Cuando llegaron a la casa de Junior:
—¿En serio no querés quedarte en casa? Es tarde.
—No pasa nada.
Junior suspiró, pensando que era mejor que lo dejara respirar un poco.
—Bueno, chau, amor —le dijo el menor, acercándose para darle un besito sobre los labios.
—Esperá.
Blas lo detuvo agarrándolo del brazo.
—¿Qué?
—¿Cómo estás? ¿Cómo te sentiste en la cena?
—Bien.
—¿Seguro? ¿Qué hablaron con mi papá? ¿Te dijo algo…? Yo te presioné para ir… y si te sentiste incómodo…
Los ojos de Blas miraban preocupados al menor. El chico notó esa mirada.
—No me presionaste —lo quiso dejar tranquilo Junior, al tiempo que agarraba la mano que Blas tenía en su brazo. Bajó la mano a su muslo. Empezó a jugar con sus dedos—. Y no me dijo nada malo tu viejo. Pero hay algo que me quedó dando vueltas en la cabeza.
—¿Qué?
Junior levantó la mirada de las manos, mientras las entrelazaba, hacia los ojos confundidos del mayor.
—La vez que te fuiste de casa. ¿No querés decirme por qué fue? ¿Fue por mi? ¿Hice algo? Me habías dicho que no fue nada. Tu papá me dijo que estabas triste. No me contestabas el celular. Algo hice yo. Fue mi culpa. Decime.
—Ese día te había visto con la chica. Pensé que todo lo que me habías dicho sobre que te pasaba algo conmigo solo era una confusión tuya, como siempre me lo recalcabas o simplemente creí que no ibas a animarte a estar conmigo nunca. Y puede ser que me haya puesto un poquito celoso —admitió aquello bajando la cabeza.
Junior sonrió.
—Mirá vos —dijo Junior—. No me gustan las minas, ¿sabías eso, no? —preguntó Junior volviendo a jugar con los dedos y acariciar suavemente la mano del mayor. Blas volvió a mirarlo.
—Ahora sí. En ese momento, no podía entenderte.
—Me gustaba un chico. Mucho. Mucho.
Junior trazaba líneas en la palma de Blas con el dedo.
—La chica se había dado cuenta de que estaba enamorado de vos. Y yo no lo negué. Ahí me enteré que mi viejo la contrató para que saliera conmigo y me enamore.
—Tu viejo lo hizo a propósito —En cuanto esas palabras salieron de su boca, se preguntó si había dicho bien en decirle.
—¿Qué? —Junior, que miraba hacia su mano, levantó la cabeza para mirarlo, con la boca abierta.
—Me llamó y dijo que quería hablar conmigo de vos. Me citó en esa plaza.
—Por eso me viste con ella.
—Sí. Pero ya está —Blas le apretó la mano y sonrió—. Ya nos aceptó.
Blas no quería que Junior recordara esa época de odio. Estaba bien ahora el chico, en paz, no quería que cambiara eso.
—Sí, ¿no?
—Sí.
—Bueno, ahora sí me voy.
Se miraron a los ojos unos segundos antes de acercarse a besarse dulcemente.
Junior se separó, listo para salir del auto.
—Esperá —Blas volvió a agarrarlo del brazo, pero esta vez sonreía. —No me dijiste el reto que habías pensado.
—Uh, no, el escudo de boca —recordó el menor—. Voy a tener pesadillas… —Suspiró—. El reto era que bailaras sexi para mí.
—No, eso te dije que te lo dejo a vos.
—No sabés todo lo que estás desperdiciando.
—¡Qué decís!
—Vamos a jugar a algo, vas a perder y vas a tener que hacer movimientos sexis a la Blas. Estate preparado.
Le volvió a dar un besito y esta vez llegó a abrir la puerta.
—Dale un besito al escudo de boca de mi parte —le dijo Blas al tiempo que el menor salía del auto.
—Jo, jo, jo. Mándame un mensaje cuando llegués.
—Andá a dormir, Junior. A ver si me vas a esperar…
—Mándame mensaje, tonto.
—Bueno, está bien.
Y esta vez sí, cerró la puerta del auto y fue hasta su casa.
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Amor en el silencio (Blasnior)
Fan-Fiction"No vas a ser feliz si no sos completamente libre" Junior y Blas y su historia de amor
