*siete meses antes*
-Estamos fuera de la Residencia-musita, con los ojos brillantes de fascinación.
-Yo también tengo mis sitios a los que ir de vez en cuando-sonrío yo-. Ven, por aquí.Busco su mano de nuevo, porque estaba empezando a echar de menos el contacto y porque aún no estamos donde quería traerla. Cuando por fin llegamos a mi pequeño valle, estiro los brazos a ambos lados de mi cuerpo, señalando el espacio.
-Tú tienes la azotea y yo esto.
-Es bonito-susurra, analizándolo todo con la mirada.
-Bueno, se hace lo que se puede.Me siento junto al árbol bajo el que probablemente haya pasado más horas en mi vida, y con un gesto de la mano la invito a hacer lo mismo.
-Nat.
-Dime.
-No me gusta estar así-le digo, pensando en los días que hemos pasado evitándonos y sin hablar.
-A mí tampoco-susurra ella.
-¿Estamos bien?
-Estamos bien.Dejo de observar las estrellas para centrar mi mirada en los ojos de Natalia, me parecen mejores vistas. Cuando conectamos miradas y veo cómo brillan mientras dan pequeños saltitos entre los míos, siento un vuelco en mi estómago, como cuando estás durmiendo y piensas que te caes por un precipicio. Tiene una forma tan intensa de mirar que me siento casi como si me estuviera desnudando, pero no en el sentido físico de quitar la ropa, sino que me está desnudando a mí, como persona. Me muevo un poco, inconscientemente, atraída por una especie de fuerza que me pide que me acerque un poquito más, solo un poco, y noto cómo se estremece ante el contacto.
-¿Te acuerdas de cuando hablamos del destino?-asiente lentamente con la cabeza-. ¿Y aún piensas igual?
-¿Tú sí?
-Mucho. No sé si lo llamaría así, pero esto no puede ser una mera casualidad.
-¿El qué?
-Esto, Nat.Con parsimonia, como si no tuviera ninguna prisa, acaricio suavemente su brazo. Veo cómo se eriza la piel según la rozo, y no puedo evitar sonreír un poco al saber que tengo ese efecto en ella. No responde, simplemente me mira como si no existiera nada más alrededor, como si no estuviéramos en un sitio que nunca ha visto ni fuera la noche más estrellada y preciosa que he visto en mucho tiempo; como si le costase trabajo apartar los ojos de mí. Y la entiendo, porque a mí también se me hace imposible ahora mismo apartar los ojos de los suyos.
-Albi-dice con la respiración entrecortada, cuando mis dedos han subido por su hombro y recorren ahora su cuello.
-¿Qué?-susurro, mordiéndome el labio inferior.
-No podemos.Escucho el enfado en sus palabras, posiblemente por tener que parar esto, y a mí me enfada tanto como a ella tener que pararlo. Sin embargo, no tenemos que pararlo, no aquí, en medio de la nada.
-Sí podemos.
La idea me atraviesa la mente con rapidez y me entusiasma tanto que tengo que ponerme de rodillas frente a ella para hablar.
-Albi-repite.
-Claro que podemos. Estamos fuera, Nat. Aquí no hay nadie que nos diga lo que hacer. Nadie que nos controle, que decida lo que podemos y lo que no podemos hacer. Estamos tú y yo, y lo que nosotras queremos-hago una pausa para agachar la cabeza hasta que mi frente choca con la suya-. Y llamándome así no me ayudas.Se queda en silencio, con los ojos fijos en mis labios. Claro que no ayuda nada la hija de puta. Un poco temerosa por la reacción que pueda encontrar, alzo las manos para acunar sus mejillas con cuidado, como si pudiese salir corriendo en cualquier momento. Sé que esto le asusta mucho, y me da miedo empujarla demasiado o que se sienta presionada de alguna forma, así que intento tener cuidado y, sobre todo, ir despacio. Quizás yo estoy acostumbrada a no hacer ni puñetero caso a lo que dice el gobierno que tengo que hacer, y quizás no es la primera vez que me gusta una chica, pero para ella todo es nuevo. Todo es demasiado nuevo como para acelerarlo, por muchas ganas que tenga de probar sus labios. Puedo sentir lo nerviosa que está solo con mirarla, así que intento transmitirle algo de tranquilidad con una sonrisa, mientras le aparto un par de mechones rebeldes de la cara.
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Sempiterno || Albalia
Fanfiction"-Nat, ¿tú crees en el destino?-Alba gira su cabeza, apoyada en mis piernas, hacia mí. -¿Y esa pregunta? -No sé. ¿No la contestas? -No sé si en el destino como tal-respondo, arrastrando la manta que cubre su cuerpo hasta su hombro-. Creo que eso es...