Era perfectamente normal y saludable fantasear, ¿no? Sobre todo con alguien atractivo con quién pasaba tiempo últimamente. Me lo repetía incontables veces, para mitigar el sentimiento de culpa que me embargaba. Tampoco había nada de malo en un poco de autoexploración, ¿verdad? Me ayudaba a dormir profundamente y a dejar de pensar cosas a deshoras. Y por último, la experimentación. Yo no era homosexual, pero siempre era bueno descartar posibilidades, ¿o me equivoco? A veces, tienes que experimentar con una mujer, para saber que no te gustan las mujeres. La experimentación podía ayudarme. ¡Pero por supuesto! Si la experimentación era mi amiga. La experimentación había llevado a la humanidad hacia el peldaño que ahora ocupaba. Y tal vez a mí podría ayudarme. Con esto en mente, respiré hondo y puse mi mejor expresión neutral al entrar a la escuela. Divisé a Jinsol, quien fiel a su costumbre, me esperaba en la entrada. Le sonreí, y entrelazamos brazos.
- ¿Te pasa algo? -me preguntó enseguida, mirándome de reojo y poniendo expresión cautelosa, como si estuviera junto a una bomba.
-No, ¿por qué lo dices? -respondí deprisa, pero mi voz se escuchaba más aguda, señal inequívoca de mi nerviosismo.
-Estás muy tensa. Ahora que lo pienso, te he visto así estos últimos días. -se detuvo y me llevó a un costado, donde la gente que se apresuraba por los pasillos no nos empujara.
-Jinsol, estoy bien. -dije, tratando de reír, pero sonó más como un resoplido cansado. Ella me miró con preocupación y negó con la cabeza.
-No, yo sé que algo te está molestando. -su voz era determinada, y claramente decía que no dejaría de indagar.
Le supliqué con la mirada, pero sabía que era inútil. Solo cerré los ojos, tomé aire y le dije de la manera más calmada posible:
-Hablemos de esto después. No quiero llegar tarde. -vi que tenía intención de seguir hablando, por lo que alcé una mano, acallándola. -No te preocupes, no me pasa nada malo. De verdad, puede esperar.
No la vi muy convencida, pero apretó los labios y asintió.
Durante todo el día, sentí su mirada en mi cuello. No, no me refiero a la mirada de Jinsol, sino a su mirada, la de Hyeju. La sentía como un hormigueo desagradable, y tenía ganas de decirle que parara.
¿En qué momento se me ocurrió decirle a Hyeju que la vería después de mi práctica? Claramente en uno no muy lúcido. Jinsol seguía dándome miradas furtivas de vez en cuando, pero prefirió no decir nada. Cuando al fin, la hora del almuerzo llegó, yo no tenía ganas de probar bocado. Aun así, me obligué a comer un poco; teniendo en cuenta que un rato más tarde tendría entrenamiento, la más prudente era comer. Masticaba despacio, sin mucho ánimo, sumida en mis pensamientos.
Miré a Jinsol, que por lo general estaría contándome algo acerca de alguna de sus clases, o de algún chico, o de algo, no sé, cualquier cosa, pero que en ese momento me observa con una mezcla de curiosidad y desesperación. Yo nunca le ocultaba nada. Suspiré, dejando mi emparedado en el plato, mirándola. No tenía caso seguir preocupándola y puse la expresión más desenfadada que pide.
- ¿Alguna vez te has sentido confundida, Jinsol?
Ella parpadeó múltiples veces y me respondió con un tono de incredulidad:
-Estoy confundida por tu comportamiento en este momento, Chae.
La miré fijamente y solté una débil risa. Seguro que sonaba como una loca, y que estaba asustando a Jinsol, lo cual era lo último que quería. Ella removía su comida en el plato, sin mucho interés y yo la imitaba. A ambas se nos había ido el apetito.
Yo no habría querido nada más que poderle decir. Contarle lo que me atribulaba, pero tan solo la mención le haría saltar a conclusiones, probablemente acertadas. Y yo no podía dejar que eso sucedería, sobre todo por algo que casi con seguridad era solo una fase, algo que se desvanecería tan pronto como había llegado. Mi mejor amiga desde la infancia no debía preocuparse por estas nimiedades, ni mucho menos. Bastaba con guardar silencio y esperar a que mis pensamientos inusuales remitieran.
En cambio, decidí distraerle con otro menester si acaso mucho más determinante en mi vida, que mis pocos naturales pensamientos hacia mi compañera pelinegra.
-Sabes que Jimin estuvo aquí, ¿cierto? . -le dije. Por su puesto que lo sabía. Me sorprendí, pues estaba a punto de contarle de mi arriesgado acuerdo con Jimin. Lo que me impactaba era ver que esto no me causaba ni la mitad del estrés que pensar en Hyeju me provocaba.
-Pues claro que sé que estuvo aquí, si durante esos días no podías hablar de otra cosa. -me respondió y rio. Yo sonreí; pareciera que la tensión estaba pasando. Me llevé un par de bocados a la boca y mastiqué muy despacio, pensando en cómo plantearle lo que le había dicho a Jimin.
-Bueno... falta nada para la ceremonia de graduación. La de ambos, quiero decir. Dentro de poco, papá estará acosando a Jimin con todo el itinerario que debe cumplir.
Ella puso los ojos en blanco.
-Claro, tiene que empezar a hacerle la pelota al decano desde ya, ¿no? -ambas reímos por su comentario. Eso era exactamente lo que papá esperaba de él. A Jimin le atraía más la idea de arrancarse la piel a tiras, que sentarse a comer con una tanda de economistas, profesores y empresarios de mediana edad para hablar de todo aquello que había intentado evitar toda la vida.
-Pues yo... -me llevé un poco de cheesecake a la boca y lo paladeé despacio, ponderando lo que diría. -Le he dicho a Jimin que no lo haga.
- ¿Que no haga qué? -preguntó Jinsol, alzando una ceja. - ¿Adular a toda esa gente?
-Que no vaya a la universidad. No a esa, al menos, y ciertamente no a sacarse un MBA que no quiere.
Mi amiga me miró, absorta.
- ¿Qué? -me preguntó en voz baja, como si temiera que alguien escuchara nuestra conversación, aunque en realidad a nadie le importaba. - ¿Estás loca? ¿Le has dicho a tu hermano que no estudie?
-Le he dicho que no estudie algo que no quiere. -la corregí y traté de aparentar tranquilidad, pero por dentro estaba segura de que una guerra se había desatado en la boca de mi estómago. Estaba consciente de lo disparatada que sonaba mi idea.
- ¿Y entonces qué piensas hacer?
-Seguir sus sueños, claro. -le dije como si fuera la cosa más obvia del mundo.
- ¿Y cómo?
-Ya he hablado con omma. -la mención de mi madre pareció tranquilizarla un poco.
-Ah, entonces ella lo sabe.
-Claro que sí, yo fui quien sacó el tema a colación.
.- ¿Y qué te ha dicho Jimin?
-Aceptó de inmediato. Pero papá se enterará hasta que Jimin tenga que estar en su primera semana de clases, y no esté. Para cuando reaccione, seguramente estará estudiando en alguna escuela de artes al otro lado del atlántico.
JInsol seguía mirándome con esa expresión pasmada y le sonreí, tratando de calmarla.
-Descuida, tengo suficiente dinero para apoyarle. Y no, no es dinero de mi padre. Seguramente omma lo vio venir, y seguro que también ve venir la rabieta de papá, pero eso solo lo hará más divertido para ella.
Jin me seguía mirando, como si aún no acabara de procesar todo lo que le dije. Al final, se empezó a reír.
-De verdad estás loca, ¿no crees que es un plan muy arriesgado? Tu papá sabrá que fuiste tú quien planeó esto.
-Claro que lo sabrá, no es idiota. Pero esta muy equivocado si cree que me voy a quedar de brazos cruzados mientras obligan a mi hermano a hacer algo que odia y que yo haría muy gustosa.
Ella apoyó la barbilla sobre su mano y me sonrió de manera cómplice.
-A veces das miedo.
- ¿Por qué? -me encogí de hombros. -Gano yo, y gana también mi hermano.
ESTÁS LEYENDO
Cherry Popper | Hyewon
Ficción General[AU] Park Chaewon es la presidenta de Blockberry Creative, una importante cadena comercial de golosinas, quien hace declaraciones homófobas en estado de ebriedad. Cuando esto afecta la imagen de su compañía, ¿qué desesperada acción puede cometer ell...
