...

159 31 1
                                        

Estaba tocando algo de Fiona Apple y cuando le vi llegar a la misma hora de siempre, adoptando su usual postura en un lugar que ya bien podría haber tenido su nombre impreso, no pude más. Detuve lo mío sin más y lo encaré.

—Oye, leñador, estamos como a cuarenta grados, ¿te enteras? ¿Qué hay con tus camisas?

El sujeto titubeó un poco y parecía a punto de estallar en risas.

— ¿Te vengo a observar durante una semana entera y eso es lo primero que me dices?

Se empezó a reír como si le hubiesen contado el mejor chiste del mundo y eso me enojó aún más.

—Oye niña, sabía que eras algo, pero esto es demasiado.

— ¿Se puede saber qué demonios quieres? ¿Eres un jodido acosador, o qué?

— ¿Es eso lo que le dirás a tus fanáticos si llegan a verte a más de un concierto? ¿Te interrumpirás en medio de tu más grande éxito para preguntar si son unos jodidos enfermos, o algo así?

Me quedé congelada... Definitivamente no me esperaba ese tipo de respuesta y miré a todas partes, desconcertada.

—Yo...

—Llevo casi diez años viviendo aquí, he visto ir y venir a un montón de mocosos con sueños de volverse grandes artistas y ahora que encuentro a alguien con madera, me sale con esa mierda.

Tragué saliva. De alguna forma sentía que él tenía razón en lo que dijo y eso me hizo sentir tonta.

—No, niña. No soy un acosador. —dijo al fin. Sus facciones se suavizaron. Hasta entonces vi que no parecía pasar de los treinta y algo. —Sólo me gusta oírte tocar.

—Uh... Gracias. Yo... Lo siento. Es sólo que tu mirada es un poco... Intensa. —contesté al fin.

—Ya, me lo han dicho. —respondió con una pizca de humor en los ojos.

Hubo un silencio incómodo y entonces lo señalé.

— ¿Qué hay con todas esas camisas de franela? —Repetí. —Estamos en California, ¿alguien te lo dijo? ¿No te estás cocinando?

—Sí, bueno, a ti alguien debería decírtelo también. Estás algo pálida, niña. Un poco de color no te haría mal.

—Deja de llamarme 'niña'. —protesté. —Soy Hyeju.

—Hyeju. —asintió. —Yo soy Yoongi.

—Bien, Yoongi... —toqué una sola cuerda de mi guitarra, sin saber qué decir a continuación. —Así que te gusta escucharme.

—Ajá.

— ¿Y dónde tocas?

—En mi bar.

—Ah, así que tienes un bar. Interesante.

—Estaba pensando que puedes unirte a mi banda. Nos hace falta un bajista.

— ¿Cómo has sabido que soy bajista? —pregunté, genuinamente interesada.

—No te ves muy cómoda con esa guitarra.

— ¿De qué hablas? Amo mi guitarra.

—No digo que no la ames... Es sólo que no luce como lo tuyo.

De acuerdo, ahora sí que estaba interesada.

—Yo... Sí, lo acepto, soy bajista. —entorné los ojos. —Ni siquiera sé nada de tu banda.

—Puedes venir a escucharnos. Y además puedes beber toda la cerveza que quieras, sin pagar, si decides unírtenos.

—Tengo dieciocho. —señalé, ceñuda.

—Bien, cerveza light, entonces. —Resolvió él.

—Agradezco el ofrecimiento, Yoongi, pero no me interesa.

—Entonces no necesitas el dinero. —observó él, volviéndose a cruzar de brazos.

—Me hace falta, sí, pero repito: no sé nada de tu banda.

—Bueno... Si cambias de opinión, puedes venir a vernos. Es el bar 'Daechwita'. —Me tendió un arrugado mapa. —Lo encontrarás

—Sí, sí... Adiós, Yoongi. Un gusto conocerte.


Cherry Popper | HyewonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora