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Resultó que Wonnie no estaba histérica ni era presa de la desesperación. De hecho, apenas si volteó a ver la revista y actuaba con indiferencia hacia el tema. Todo parecía transcurrir con normalidad para nosotras y cada vez la notaba más suelta y relajada, incluso cuando lograba localizar el lente indiscreto de algún fotógrafo.

—No es tan malo, en realidad. —me respondió encogiéndose de hombros cuando le pregunté si no le molestaba. Luego volteó a ver por la ventana del apartamento con expresión ausente. —Me sentía peor cuando tenía que hacer malabares entre mi vida y... Esto.

—Tú sabías que esto pasaría, ¿verdad?

Dejó salir una risa desenfadada. No importaba cuánto tiempo pasase, mi corazón seguía llenándose de amor y alegría cada que le escuchaba reír.

—Claro que sabía, Olly. Siempre supe que mis acciones tan estúpidas me traerían consecuencias, así como siempre supe que no me iba a poder pasar la vida ocultándome y peor aún, obligándote a ocultarte conmigo. —Me tomó la mano y la acarició con el pulgar mientras seguía hablando. —Esa no eres tú.

Se recostó levemente, apoyando su cabeza en mi hombro sin dejar de acariciar mi mano.

—Solía tener envidia de ti, ¿sabes?

— ¿Ah sí? —pregunté con genuino interés.

—Eras tan... libre, tan determinada. —volteó a verme y no vi nada más que adoración en sus ojos. —Tenías todo tan definido. Yo no podría ser así ni volviendo a nacer.

—No tienes que...

—No, pero se siente bien. —me dio un pequeño un beso en los labios. —No diré que ha sido fácil, pero siento que puedo hacer cualquier cosa si estás conmigo.

Le sonreí y ella se reía mientras intentaba besarle el cuello.

— ¿Por qué tienes que hacer todo tan complicado? Mira que dejar que nos tomaran fotos para una revista de chismes...

—No, eso no fue a propósito. Supongo que no se podía evitar, yo sólo quería un poco de libertad y visibilidad.

—Sí, olvidé que todo se complica por sí solo y sin esfuerzo cuando se trata de ti.

— ¿No es más divertido así?

— ¿Quién eres? —pregunté fingiendo estar estupefacta.

— ¿Quién eres tú? —rebatió ella. En todo el rato no había dejado de reírse. — ¿Cuándo te volviste tan asustadiza? Ya quita ese ceño fruncido, te saldrá una arruga y dejarás de gustarme. —dijo masajeándome el entrecejo con el pulgar.

—El compromiso me ha cambiado.

— ¿Ah, sí? —me echó los brazos alrededor del cuello y me besó despacio. —A mí también.

No es difícil adivinar qué pasó después: alguien consiguió tomar una foto nítida después de varios intentos y no quedó duda de que era Park Chaewon, la infame CEO Blockberry Creative la que se besaba con la adorada Son Hyeju. Tras meses de especulación, el misterio por fin había sido resuelto: la carismática compositora e intérprete sí tenía una relación sentimental con la que fuese una de las figuras públicas más repudiadas por la comunidad LGBT+ en los últimos años. No hace falta describir el circo mediático que se desató.

—Es igual, la gente ya me odiaba por homofóbica. —comentó una mañana mientras se bebía su café y deslizaba el dedo por la pantalla de su tableta. —Ahora me odian por ser tu novia.

—Eso te pasa por tener una novia tan talentosa y encantadora. —dije moviendo las cejas de forma sugerente al tiempo que le daba una mordida a mi pan tostado.

Cherry Popper | HyewonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora