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Ese día en que tomé el desayuno junto a ella, me dio una perorata de dos horas, como si fuese una adolescente idiota.

Pasar más de una década suspirando por alguien, tener una segunda oportunidad y comportarse de manera tan pasiva no era normal. Me hizo sentir furiosa. Me hizo comprender, que si Chaewon podía pretender que todo estaba bien, yo también podía, y entonces sería capaz de comportarme de la misma manera que siempre: con seguridad y sin temor de ofender a nadie. Después de todo, el daño ya estaba hecho: ambas habíamos caído de nuevo. Yo, que tanto me repetía que mi enamoramiento hacia ella había sido iluso y condenado desde un inicio, y ella, que tenía la necesidad de repetir unas cinco veces al día que estaba en una feliz relación heterosexual.

—Hasta Bang lo sabe. —me dijo sirviéndose un poco más de jugo. —Me confió que su impresión acerca de tu relación con la "dulce reina" era extraña. Como de "amigas enemistadas". Pero de verdad, el hombre tiene que ser muy tonto para no ver las miradas que se echan ustedes dos. Son una mezcla rara entre "voy a matarte" y "a besos". Recuerdo cuando te pedí que la llevaras a cenar a casa...

Me ofreció unos trozos de sandía, y yo tomé una, pero sólo la conservé en mi mano. De repente me interesaba mucho lo que Mina tenía por decir.

—Sí que causaba una impresión. Tan... sobria, para su edad. Y tú la mirabas como si quisieras casarte con ella en ese momento. —alzó su vista del plato. —Y la sigues mirando así. Aceptar ser la imagen de su compañía con tal de estar cerca de ella fue algo desesperado hasta para ti, Hyeju.

—Eso no es cierto, no lo hice por eso. —dije mientras me reía, pero por dentro estaba muerta de nervios. Odiaba cuando Mina analizaba mis reacciones.

—Bang es un hombre competitivo. —masticó lentamente una sandía. Yo mordí la puntita de la que aún sostenía en mi mano. — ¿Te diste cuenta?

Resoplé.

—El hombre pagó un millón de dólares por jugo de uva fermentado.

—Se sintió amenazado cuando entraste a la subasta. Eso significa que no todo va marchando tan bien entre él y tu reina.

— ¿Y eso qué tiene que ver?

—Tiene todo que ver. —Mina me sonrió. — ¿Te diste cuenta de qué tan rápido subió de setecientos, a un millón? Pero sólo fue porque tú también ofertabas, hija. Ni siquiera lo pensó. Si crees que al subir tanto la cantidad, se trataba del vino y nada más, no me sorprende que estés en desventaja. Te hace falta un poco más de visión.

Entorné los ojos.

—Le dijiste algo, ¿cierto?

—Puede que haya mencionado la vieja amistad que tenías con la señorita Park. —dijo como si le costara recordarlo. —Pero nada más que eso, lo prometo. Si sacó alguna conclusión, fue enteramente por su cuenta.

A regañadientes, engullí unas cuantas sandías para mantenerme ocupada, mientras Mina observaba al horizonte.

—Conclusiones acertadas, asumo. Es decir... tú y la señorita Park se desaparecieron por un rato esa noche, y fue ella quien te dio alcance. Así que no es tan tonto como parece.

Me sonrojé hasta competir en color con las fresas que acaba de ingerir. Ella había tomado su tableta para seguir leyendo las noticias.

—Supe del desafortunado incidente de la señorita Park y sus... poco acertadas declaraciones. —dijo con la sombra de una sonrisa en los labios. La situación parecía divertirla muchísimo. —Asumo que la mayor dificultad a la que te enfrentas, hija mía, es a su incapacidad de aceptarse a sí misma.

Alcé la mirada e inspiré profundamente.

—Esa vez que la llevé a casa... —dije muy despacio. Supongo que si Mina estaba tratando de ayudarme, por lo menos podía confiar en ella. —Aún no pasaba nada, ¿te diste cuenta?

Para mi sorpresa, se rio de manera sincera.

—Eso no lo esperaba. Pensé que ya había algo entre ustedes en ese entonces. Si bien, ella aún no te miraba como tú a ella, iba a buen camino de hacerlo.

— ¿Mamá?

Estaba jugando con un tenedor, usándolo como si fuese una pequeña catapulta. De repente me sentí como si de nuevo tuviera dieciocho... no, más bien me sentía como una pequeña niña asustadiza.

— ¿Sí, hija? —respondió sin apartar la mirada de su tableta.

— ¿Qué crees que pasaría... si Chae... si ella aceptara ser...? —me miró y fruncí los labios mientras ella se quitaba los anteojos.

—Bueno... —dijo colocándose el pulgar sobre los labios, pensativa. —No dudo que habrá gente que tratará de hacer que se vaya del puesto, pero...

Bajé la mirada al escuchar eso, pero ella continuó.

—Ya deberías saber que tu princesita es una mujer muy determinada. No lograrían moverla de ahí ni con una grúa. Además, ella no les ha dado razones para permitirlo. Creo que incluso su intolerancia la hace lucir peor que eso. —volvió a colocarse los anteojos y me dio una sonrisa. —Así que, si esa es tu máxima preocupación, te aconsejo que estés tranquila. Solo tienes que hacerle ver que se está ahogando en un vaso de agua.

Sí... sólo eso.

Cherry Popper | HyewonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora