[AU] Park Chaewon es la presidenta de Blockberry Creative, una importante cadena comercial de golosinas, quien hace declaraciones homófobas en estado de ebriedad. Cuando esto afecta la imagen de su compañía, ¿qué desesperada acción puede cometer ell...
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¿Podría Jimin tener razón? ¿Podría sentirme atraída a Hyeju? La idea me carcomía el cerebro como una especia de parásito. No podía dejar de pensar en ello, y en las distintas preguntas que suscitaba en mí. Después de todo, Jimin era la persona que mejor me conocía en el mundo y si él decía que había atracción entre nosotras dos...
No, eso era un error. Una sandez. A Jimin le gustaba imaginarse coas. Me tapé bien, dispuesta a dormir. No había manera en que sintiera atraída hacia una mujer. Mi deseo era convertirme en CEO de Blockberry Creative, no había tal cosa como un CEO homosexual. Yo no planeaba ser la primera, eso era un hecho.
Pero conforme pasaba la noche, seguía pensando más en el asunto. Pensaba en cómo me sentía cuando estaba con Hyeju, en las risas que esta lograba arrancarme, en lo linda que se veía al sonreír, en su oscuro cabello, que me hacía querer hundir los dedos en él; en lo alta que era, y la resistencia física que demostraba en la pista de atletismo.
Mi mente decidió desviarse hacia los momentos que había pasado a sola con ella. Recordaba el tacto áspero de sus dedos, encallecidos por tantos años de practicar con el bajo, pero que proporcionaban caricias tan suaves que parecían un sueño... y sus labios, oh dios, sus labios. Eran mucho más suaves que los labios de un chico, y yo no sabía si eso era con todas las mujeres, o solamente con Hyeju, pero hasta el momento yo no recordaba haber disfrutado tanto un beso. Entonces recordé el primero, aquel que me robó en la enfermería, mientras me tomaba las piernas y me alzaba...
No, ¿pero qué haces? Me llevé las manos a la cara y respiré muy hondo. Autocontrol, Chaewon, eso es lo que necesitas. Cerré los ojos con fuerza, tratando de sacar de mi mente aquellos recuerdos, pero fue inútil.
Hyeju era guapísima, eso era algo innegable y que mi hermano lo dijera no hacía sino reafirmarlo. A pesar del dominio que pretendía establecer sobre mi cabeza, siempre terminaba preguntándome qué habría pasado ese día en la enfermería si no nos hubieran interrumpido. También recordé el último beso que compartimos y temblé de deseo. Había sido el beso más casto que recibí en la vida, y entonces ¿por qué me despertaba una sensación tan extraña? Sentía un cosquilleo entre las piernas, y entonces me imaginé sus dedos ásperos recorriendo. Me pregunté cómo se sentirían sus labios suaves en otras zonas de mi cuerpo y la sensación me pudo. Yo misma comencé a tocarme, pretendiendo que eran sus manos las que lo hacían.
¿Me gustaría que ella me tocara? La imaginé encima de mí, y determiné que sí. Pensé en las cosas más cotidianas que le había visto hacer: sus dedos, punteando las cuerdas, su mano rasgando con una pluma sobre el papel, realizando sus deberes, incluso su sudor, ese que tenía su esencia. Fruncí un poco la cara, ante lo desagradable de esto último, pero la realidad era esa: sentía un deseo tan fuerte, que rayaba en lo vulgar. Era como si Jimin hubiese desatado en mí una catarsis tan intensa como un rayo. Como si hubiese necesitado que alguien me hiciera ver la realidad a la que tanto tiempo había volteado la cara.
Detestaba que Jimin tuviera razón, Imaginé las manos de Hyeju a cada costado mío, mientras en la realidad, una de mis manos se encargaba de calmar el calor que tenía entre las piernas. Sentía cómo mis dedos se deslizaban con facilidad... estaba tan lubricada que me sonrojé al recordar que me había puesto así pensando en una mujer, pero descarté el pensamiento enseguida. Me sentía demasiado bien y cuando terminé, no quería pensar en nadie más. Quedé tendida con las sábanas cubriéndome, y pronto me dormí.