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Esto comenzaba a tornarse estresante.

Bueno, más que estresante la verdad es que resultaba ridículo.

Bangchan insistía en pasar la mayor cantidad de tiempo posible conmigo y yo ya no sabía por cuánto tiempo le iba a durar esto... ¿Una semana? ¿Dos? ¿Para siempre, tal vez? Decidí tener paciencia. Seguro que todo esto se debía tan solo al hecho de haber estado lejos por un par de semanitas, después de todo él era mucho más apegado a esta relación de lo que yo jamás fui.

En adición a todo esto, seguía repitiéndome a mí misma que la situación me inquietaba por no tener privacidad y espacio. Nada más. No era porque de repente comparara los besos de Chris con los de Hyeju, ni sus caricias, ni siquiera lo extraña que se sentía la piel facial recién afeitada de él en contraste con la de ella, ni mucho menos.

—Wonnie.

Volteé con gesto mecánico, sin verdadero interés.

— ¿Vinagreta o aceite de olivo?

Estaba de pie frente a mí, con el teléfono pegado a la oreja, con gesto expectante.

—Aceite de olivo.

—Bien.

Regresó a la llamada telefónica. Casi una hora después comíamos algo que él había ordenado, aunque a mí la comida me daba igual. Sólo seguía pensando en lo que Hyeju pudiera estar haciendo, o cómo se sentiría. Deseaba tener una manera de hacerle entender que ocupaba mis pensamientos por completo, e incluso estando en presencia de mi novio, todo lo que cruzaba por mi mente estaba dedicado exclusivamente a ella, en una medida tan grande que me resultaba patética.

Christopher hablaba de algo que en realidad no me interesaba. Sólo parlaba y parlaba sin cesar acerca de algo... De números, de fusiones, del clima económico en Europa.

—Te aburro. —dijo después de un rato, con una sonrisita tímida y clavando el tenedor en su risotto.

—No me aburres. —le aseguré con una sonrisa ensayada de comercial.

—Lo comprendo, te he tenido encerrada todos estos días. —se llevó un bocado de arroz a la boca. —Te paso a buscar mañana a la oficina y saldremos a comer, ¿vale?

—Bien. —acordé hincando el tenedor en un bocado especialmente grande.

—Te ves... ansiosa. —comentó muy despacio.

—Estoy bien. —articulé a como pude mientras trataba de no atragantarme.

Abrió la boca, queriendo decir algo más. Luego exhaló y negó con la cabeza, sonriéndome con confianza mientras yo bebía un trago de vino. Yo casi suspiré de alivio... En serio, ¿qué pensaba que iba a decirme? ¿Algo como "sé que estás intranquila porque me estás siendo infiel"?

—Por cierto... —dijo limpiándose los labios con una servilleta. — ¿Qué le ha pasado al vino que dejé aquí?

Escupí un poco de vino de vuelta a la copa y él frunció la cara en algo que parecía ir de medio camino entre el asco y la diversión.

—Lo siento, tragué mal. —me disculpé. —Tu vino...

Hyeju y Yeojin se embriagaron con él. Pero no podía decirle eso porque llevaría a indeseadas preguntas. Además, Christopher aún no superaba del todo que Olly osara retarlo en la subasta por el maldito vino de un millón de dólares que más bien sabía a vinagre caro.

—Tu vino... Eh... Me lo he bebido. —le dije como si fuese lo más natural del mundo.

—Te lo has bebido. —repitió. —Tres botellas enteras... ¿tú sola?

—Sí, yo. Eh... bueno, y Yeojin. Me sentía triste y aburrida sin ti.

Alzó una ceja. Parecía un poco más relajado, pero aun así no lucía del todo convencido.

—Oh, ya veo... Bueno, no todo es malo... Estoy aquí y por fortuna no tengo nada más programado en un par de meses.

—Sí, me alegra saber eso. —asentí.

—Así que Yeojin estuvo de visita. —comentó en tono casual.

—Sí, ella y Jin estuvieron aquí... —mi voz se fue desvaneciendo al recordar mi situación actual con Jinsol.

— ¿Alguien más? —preguntó en tono casual, pero yo lo conocía lo suficientemente bien como para captar esa nota en su voz.

—No, nadie más, por supuesto.

—Ni siquiera Hyeju. —había dejado de comer para mirarme fijamente, pero por supuesto, yo ya tenía práctica en mantener apariencias.

—No, ni siquiera Hyeju. —asentí volviendo a centrar mi atención en la comida. Christopher me evaluó por unos segundos más antes de volver a comer él también, pero no dejé de notar su mirada sobre mí cada tantos minutos. — ¿Tienes algo más que preguntarme?

Puso cara de póquer pero yo sabía que por dentro se estaba debatiendo por algo. Finalmente sonrió.

—No. —Y continuamos con la cena.


Cherry Popper | HyewonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora