Capítulo XXIII: Todo depende de la lencería con la que se mire

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Pasó un día y luego otro, y cualquiera habría pensado que era una enferma terminal disponiendo de sus bienes antes de morir

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Pasó un día y luego otro, y cualquiera habría pensado que era una enferma terminal disponiendo de sus bienes antes de morir. Revoloteaba de un lado a otro por la casa, hablando mientras caminaba y señalaba todo y la gente a mi alrededor se esforzaba por seguirme el paso.

Papá estaba orgulloso: su hija, a la que nunca le había prestado demasiada atención, estaba por irse a una de las mejores universidades del mundo bajo la tutela de uno de los economistas contemporáneos más prominentes. Creo que por primera vez en mi vida era yo la que no le hacía caso, porque estaba muy ocupada ignorando el dolor de mi cara por tanto sonreír falsamente.

No dejaba de pensar en Hyeju. Al día siguiente de lo acontecido me sentí tentada de tomar el teléfono y llamarle para decirle que todo lo que le dije fue un error, que en realidad yo también le quería y demás, pero comencé a empacar mi ropa y la sensación remitió, hasta que sonreí pensando en lo fácil que era mantenerse distraída y no paré.

— ¿Ya tienes todas mis obras de Jane Austen? —le pregunté a Jimin sin voltear a ver.

—Sí, cuidadosamente empaquetadas.

— ¿Y las de Virginia Woolf?

—Sí, también y...

— ¿Y las de...?

—Wonnie... —Jimin se frotó las sienes e inspiró antes de hablar. —Papá no te está corriendo de la casa, y aunque así fuese, omma le arrancaría la cabeza antes de dejar que lo hiciese, así que ¿por qué no dejas todo eso aquí, para cuando vuelvas?

—Yo... —alcé el dedo índice al no tener ningún argumento válido en contra de eso, sin tener que decirle a mi hermano la verdadera razón por la que lo hacía. —Los libros sienten cuando han sido olvidados, Jimin.

Él me miró como si me hubiese vuelto loca. Probablemente así fue.

—Son libros, Chaewon.

—Son libros, pero sienten. — Me sentía realmente idiota diciendo eso, pero continué. —Prométeme que los leerás.

—Sí, está bien, lo prometo. —Soltó un suspiro resignado. —Wonnie, ¿por qué no simplemente hablamos de lo que te tiene así?

Volteé a verlo y en eso casi me tropiezo con una mesita del pasillo, todo por tratar de verle a la cara al momento de hablarle, así que luché para mantener el equilibrio y seguí caminando, impertérrita.

—No sé a qué te refieres.

—Wonnie, mírame. —Jimin me tomó de los hombros y no me quedó más remedio que obedecer. —No es que estés actuando fuera de lo normal, pero al mismo tiempo... sí.

—Estoy por irme de casa, Jiminnie. —traté de moverme, pero él me tenía aferrada.

—No, no es eso. Es como si tratases de enfocarte en... —hizo una seña con la mano y negó con la cabeza. —Idioteces, para no pensar en cosas serias, ¿es eso?

Cherry Popper | HyewonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora