Al día siguiente, Chaewon no tuvo piedad reservada para mí. Era como si me hubiera delegado todas las tareas pendientes por hacer. Pero no me importaba: esto fue lo que busqué, y lo obtuve. Una a una, cumplí con todas sus órdenes, sin rechistar, pero ella no parecía en absoluto complacida. Decidí dejar por la paz este asunto y una vez que finalizamos, me reuní con algunos compañeros para holgazanear por ahí.
Estupendo, ahora ha comenzado a llover.
Gruesas gotas cayeron sobre mi cara tan pronto hube puesto un pie fuera de la escuela. Caminé hacia atrás, como si alguien pulsara un invisible botón de rebobinado. Suspiré. Me gustaba la lluvia, pero ese día estaba molida y solo quería llegar a casa. Me senté en los peldaños que llevaban al portón y con sosiego, observé la lluvia caer, relajándome por completo y estirándome un poco.
No tengo idea de cuánto tiempo estuve ahí; pudo ser una hora o tal vez dos, pero de repente Chaewon estaba parada junto a mí, jadeando y empapada hasta el último centímetro de su persona, mirando hacia el frente, enfada. Furiosa, más bien.
Durante unos minutos permanecí ahí, sentada, bajando y subiendo la mano, abriendo y cerrando la boca, sin saber muy bien qué hacer. Parecía una escena de película de terror, de esas donde un fantasma surge de repente y cualquier persona con medio cerebro sabría cómo murió dicho fantasma con tan solo verlo. Pero por más que observaba a Chaewon, no lograba saber qué le sucedía. Llevaba un paraguas en la mano, de modo que se vería un poco ridícula: calada hasta los huesos a pesar de haber podido evitarlo.
- ¿Chaewon?
Al principio tardé un poco en reconocer esa voz. Era la mía.
Ella volteó, confundida. Parecía haber salido de un trance, pues se acomodó su usualmente perfecto cabello, que estaba enmarañado y era un total desastre. Me di cuenta que no había notado la presencia de nadie hasta que hablé. Fijó sus ojos en mí, como si no me conociera.
- ¿Qué haces aquí? -su voz temblaba, pero nunca cupe si de nervios o frío.
-Dios, estás muy mojada. -dije mientras le quitaba el saco de su uniforme.
-De agua. -le dije muy seriamente mientras alzaba una ceja.
Soltó un bufido... o eso pensé. En realidad, era una risa contenida.
Negué con la cabeza, torciendo el gesto. Me quité el saco de mi propio uniforme y se lo puse encima, aunque de poco iba a servir con lo mojada que estaba.
- ¿Qué pasa? -pregunté con timidez después de un rato.
Se veía muy triste. Se ajustó bien el saco, aferrándose a él.
-Nada... es sólo que... olvidaron venir a buscarme. -su voz estaba temblorosa.
-Yo puedo llevarte, si quieres.
-No.
Odio admitirlo, pero me sentí un poco decepcionada de su respuesta. Pero antes de que pudiera pensar demasiado en ello, continuó.
-No quiero irme a casa. Llévame a alguna parte, pero no ahí.
Tenía en la mano las llaves de mi camioneta. Titubeé durante unos segundos, principalmente porque estaba desconcertada, pero las apreté en mi mano.
-Vamos. -y le quité el paraguas de la mano mientras corríamos hacia el vehículo.
Poco recuerdo del viaje a mi casa. No sabía dónde más ir y me estaba asustando el comportamiento de Chaewon. Durante todo el trayecto me la pasé tamborileando sobre el volante, pensando en algo inteligente que decir. Creo que sobra decir que fallé.
Abrí mi puerta en tiempo récord y corrí hacia la suya. Le ayudé a bajar y le abrí todas las puertas que fui encontrando para llegar a mi habitación. Ella sólo se dejaba guiar. Seguía respirando muy rápido, como si llorara.
Cerré la puerta tras de mí y extendí los brazos.
-Y aquí es donde la magia sucede.
Me ignoró. Solo caminó directamente hacia la cama y se sentó. Seguía respirando con agitación. Luego se levantó, caminó en círculos como si no supiera qué hacer y su vista se fijó en mi bajo. Lo tomó y por un momento pensé que iba a empezar a tocarlo; usualmente no dejo que nadie lo tome, pero estaba desconcertada por su comportamiento, así que no dije nada. Entonces caminó hacia mí y me lo extendió.
-Toca algo.
Entrecerré los ojos.
- ¿Disculpa?
-Que toques algo.
- ¿Y qué cosa?
-Lo que sea.
Tomé el bajo, nos sentamos y durante un segundo no supe qué hacer. Empecé a tocar sin pensar demasiado y ni siquiera noté que había empezado a cantar Eleanor Rigby.
La expresión de Chaewon se suavizó y su respiración se volvió regular y tranquila. Volteó a verme con timidez, como si apenas se diera cuenta de dónde y con quién estaba.
-Vaya, eso estuvo muy bien. -dijo en cuanto terminé. Luego frunció el ceño. - ¿Cómo supiste que me gusta esa canción?
-No lo sabía. -respondí con total sinceridad. -A decir verdad, ni siquiera sabía que te gustaba la música.
Se rio un poquito.
-No soy un robot, ¿sabes? Escucho música, veo películas y me gustan cosas como a todas las personas. -bajó un poco la mirada. -No sabía que de verdad cantabas tan bien.
-Lo sé, siempre me das un voto de confianza.
Volví a acomodarme y comencé a tocar otra canción. Esta vez era una de las mías.
-No había escuchado nunca esa canción.
-Supongo que nadie la había escuchado. Es mía. -dejé el bajo a un lado, tratando de parecer tranquila, aunque mi estómago se retorcía de nervios porque era la primera vez que tocaba frente a alguien.
-Es realmente muy buena.
-Eres la primera persona que me escucha tocar algo.
- ¿Es en serio? -alzó las cejas. -Pensé que usabas tu música para endulzar los oídos de las chicas. Todo un cliché.
-No, claro que no. -me reí ante la idea. -No necesito música para eso.
-Pues es el único encanto que te he visto.
- ¿Segura?
Se rio muy fuerte.
-Bastante segura.
La habitación se llenó de nuevo con ese silencio incómodo que tanto detestaba.
-Jimin está de visita.
- ¿Jimin?
-Sí, mi hermano.
-Ah. -había escuchado que tenía un hermano gemelo que estudiaba en no sé dónde. Dudé antes de preguntar. - ¿Es por eso que te dejaron en la escuela?
Apretó los labios, pero al final respondió.
-Sí. Aparentemente hubo una confusión con la logística y cuando llamé a casa no sabían que seguía en la escuela. -resopló.
- ¿Por qué no te fuiste con tu amiga?
-Quería estar sola.
-Ah. Lo siento entonces...
-De hecho, ya debería irme.
- ¿Ya? Pero aún está lloviendo.
-Te estoy causando molestias.
- ¡No! -le dije más fuerte de lo que hubiera deseado. Por alguna razón no quería que se fuera. -Para nada, está bien si te quedas un rato más. Yo puedo llevarte.
-No creo que...
-Por favor. Mira, te traeré algo de tomar y de comer. -ni siquiera le di tiempo de contestar y salí disparada de la habitación.
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Cherry Popper | Hyewon
Fiction générale[AU] Park Chaewon es la presidenta de Blockberry Creative, una importante cadena comercial de golosinas, quien hace declaraciones homófobas en estado de ebriedad. Cuando esto afecta la imagen de su compañía, ¿qué desesperada acción puede cometer ell...
