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Llevé los brazos hacia delante, estirándome y escuché con satisfacción un ligero crujido que me hizo sonreír. Odiaba tener que esperar a Jin en un día particularmente caluroso, pero ahí, sentada bajo la sombra del enorme árbol del patio central resultaba hasta agradable. Me acomodé en mi asiento rogando por lo bajo que los minutos pasaran deprisa y que Jin saliese enseguida de su reunión. Estaba ensimismada viendo hacia delante, pero no tanto como para no escuchar que alguien a mis espaldas se dejaba caer sobre una banca y soltaba un suspiro que más bien sonó a bufido. No quería voltear porque siendo sincera había reconocido esa voz, y cómo no, si era aquella en la que difícilmente podía dejar de pensar.

Esto estaba mal. Se suponía que tenía que estar evitándola y llevando una relación más bien civil y distante con ella, no hablando acerca de nuestras emociones, y especialmente no tendría por qué estar con sus manos en alguna parte de mi cuerpo, para ser más específica, no sobre mi pierna, la cual estaba adormecida y era masajeada por sus largos dedos. Me estremecí, pero oculté esto sosteniéndome de una de las tablas de la banca y conteniendo la respiración. Olly no pareció notar nada, y si lo hizo fue una verdadera dama al respecto, porque no lo mencionó. Sólo seguía ahí, frente a mí, sonriendo con esa mezcla de dulzura y picardía característica que parecía estar reservada sólo para mí. Casi suspiro pensando eso último.

Conversamos. Y no fue una conversación acerca de tonterías, como suele ser entre adolescentes, sino de cosas serias y venideras. Ella parecía estar realmente preocupada por su futuro, más de lo que nunca había dejado entrever. Justo cuando pensé que esta chica no podría gustarme más, demostraba tener más conciencia, ambición y sustancia que nunca. Ahí estaba, admitiendo estar asustada por su futuro, con semblante pensativo y luciendo más adulta que nunca.

—Te irás, ¿cierto?

—Ese es el plan.

— ¿Y a dónde?

—California.

California. Eso estaba muy lejos... de aquí y de donde yo me iría. Me mordisqueé los labios pensando en que me quedaba poco tiempo para verle. Se suponía que tendría que estar tranquila sabiendo que ya no estaríamos más en contacto, pero no era así. Saber esto me hacía sentir intranquila y con un vacío en el pecho, como si un vórtice se hubiese instalado ahí de pronto.

Pero esto no era nada comparado a la expresión que le vi a Hyeju. Yo me acariciaba la pierna, trazando círculos en cada zona que ella tocó.

Comencé a cantar.

We've been on the run, driving in the sun... —mi cara se encendió como una señal de tráfico al escuchar mi propia voz, tan desafinada y falta de encanto comparada con la suya, pero no me importó. —Looking out for number one...

Soltó una débil risa que fue suficiente para hincharme el corazón. Acto seguido prosiguió entonando la canción.

Estaba condenada, no había otra conclusión. Condenada a sucumbir ante aquella preciosa sonrisa y la manera en que sus ojos se entrecerraban cada que algo le divertía o simplemente le hacía feliz.

—Me pone de nervios que me mires de esa forma tan intensa. —me soltó de repente apartando la mirada y sólo entonces caí en cuenta de que había estado viéndola fijamente, por lo que apreté los labios y adopté la expresión más adusta que encontré en mi repertorio.

—No puedes culparme por estar siempre a la defensiva contigo, después de todo en más de una ocasión te has comportado de forma inapropiada. —me excusé.

— ¿Lo haces por 'mi comportamiento inapropiado' o porque te gusto?

—Por favor olvida que dije eso. —rogué preguntándome por qué me pareció buena idea admitirle tal cosa en su momento.

—Ni en diez vidas lo podría olvidar. Además, ¿yo me he comportado de forma inapropiada? ¿Qué hay de ti?

Un temblor ardoroso me recorrió por completo. Sí, yo también había tenido arranques y volvería a tenerlos si no me alejaba pronto. Ella rio tan fuerte y con tal soltura que las pocas personas alrededor voltearon a ver, y no podía culparlos. Escucharla reír era como estar caminando por el bosque y escuchar un riachuelo en la cercanía.

—Está bien, sí, lo admito, yo también he estado mal... —murmuré esperando que ella captara lo que trataba de darle a entender... pero, como mencioné: esta era Hyeju de la que hablábamos. Ella se comportaba a como le venía en gana.

—Oh, no, yo opino que en realidad estás muy bien... —me respondió con otra risa, dejando entrever sus colmillos y con los ojos chispeantes, expresión que a estas alturas ya conocía. Estaba esperando una señal de mi parte.

—Bueno, es todo. Me voy. No se puede tener una conversación contigo. —anuncié. Tenía que irme enseguida, o terminaría por arrepentirme.

Me preguntó algo más a lo que no le presté atención. Sólo quería alejarme pronto. Caminé, casi troté hacia el aula de música al tiempo que Jin salía con la chaqueta enrollada alrededor del brazo.

— ¡Hey! Aquí estás, justo iba a llamarte para preguntar dónde estabas...

—Jin, no me siento bien, ¿me puedes llevar a casa? —pregunté de inmediato. Ella frunció el ceño, preocupada.

—Por supuesto, pero, ¿qué pasa?

—Tengo cólicos. —respondí y asintió, comprensiva, mientras caminábamos hacia el estacionamiento.

Me froté la cara con fruición. Me apreté los ojos con las palmas de las manos con tanta fuerza que vi fosfenos un largo rato después de hacerlo. Dejar de pensar a Hyeju no podía ser tan difícil. Sólo tenía que enfocarme en algo más, ¿no? Simple.

Tan simple que terminé tocándome una vez que estuve sola. Ahogué mis gemidos en una almohada mientras movía la pelvis contra mi mano y hacía presión con esta. Incluso me parecía sentir aún un cosquilleo ahí donde las manos de Hyeju habían estado una hora antes. Eso estaba tan mal en tantos niveles que ni siquiera podría empezar a enumerarlos.

Ahí, tendida boca abajo en mi cama mientras me recuperaba de ese subidón que tener un orgasmo provocaba, traté de tranquilizarme pensando que todo esto terminaría una vez que estuviese bien lejos de Son Hyeju... Una vez que estuviese en la universidad, con otras cosas en mente y conociendo chicos guapos y profundos, todo aquello pasaría y no volvería a perseguirme jamás.

Detesto estar equivocada, y de todas las ocasiones en que lo he hecho, esta ha sido la que más he odiado.


Cherry Popper | HyewonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora