—Hyeju. —hubo una sucesión de golpes secos en la puerta al día siguiente de hablar con Dahyun. —Olly.
Vaya, eso sí que era una sorpresa tan grande que hasta me hizo sentarme de golpe, mirando la puerta con atención. Mina no me había llamado Olly desde que mamá vivía y mucho menos con ese genuino tono de preocupación.
—Olly, me voy de viaje el lunes, pero quiero saber que estás bien.
Llevo encerrada como tres semanas. Por supuesto que no estoy bien.
Siguió tocando la puerta, esta vez más fuerte y rápido. Me puse una almohada sobre la cabeza para tratar de ahogar el sonido. Me imagino que desistió, ya que se marchó y tuve paz por lo que restaba del día.
A la mañana siguiente me desperté antes de que saliese el sol siquiera. Era inútil tratar de seguir durmiendo, me levanté y fui hacia mis instrumentos, ponderando cuál tomar. Por un segundo mis ojos se fueron al banjolele que parecía mirarme suplicante, pidiendo que lo tomara, pero aparté la vista enseguida, con el corazón palpitante. No quería ponerme a llorar de nuevo –tenía ya los ojos hundidos y opacos por la deshidratación –así que tomé en su lugar el ukelele que descansaba a su lado y me senté con este. No se me ocurrió qué tocar y me acomodé en posición fetal aun aferrándolo.
—Hyeju.
Ya era más tarde. Me levanté para mirar por entre las cortinas, apartándome enseguida porque la luz del sol me lastimaba después de tantos días de enclaustramiento. Siseé como haría un auténtico vampiro y no una adolescente a la que apodaban de tal forma y retrocedí. Mina no estaba tocando la puerta, sólo me hablaba con su voz preocupada. Miré la rendija entre el suelo y la puerta y vi sus pies alejarse. Gracias a dios.
Justo cuando ya me había arrellanado de nuevo entre las sábanas, escuché una llave introducirse en el cerrojo y gruñí.
No, por favor.
La puerta se abrió y Mina entró, mirándome con cautela y se sentó en el borde de la cama.
—Si podías hacer eso, ¿por qué esperaste hasta ahora?
—Supongo que quería darte tu espacio. No quiero que pienses que sólo estoy aquí cuando es hora de echarte la bronca.
Fue una respuesta lo bastante satisfactoria para mí, pero no dije nada.
—Sin embargo, has venido a echarme la bronca, ¿no?
—Comprenderás que no es muy bonito saber que tu hija lleva botada un mes en su cama sin salir.
—Sí, ya saldré. —aseguré.
—Hyeju, tienes que levantarte y hacer algo. Lo que sea.
—Y con "lo que sea" te refieres a trabajar contigo en JYP, ¿no?
—Te ayudaría a centrarte y dejar de pensar en la tontería que te haya tenido así las últimas semanas.
—Paso.
—No voy a preguntar qué es lo que te tiene así, porque creo que me doy una buena idea, pero... —se revolvió en su asiento y la noté tensa, jugando con su dedo anular justo donde muchos años antes había estado una alianza de matrimonio. —Mantenerse ocupada es de ayuda.
— ¿Eso fue lo que te repetías a ti misma cuando mamá y tú se divorciaron? ¿O sólo cuando murió? —pregunté incorporándome.
Pensé que recibiría una respuesta cortante de su parte, pero la notaba melancólica.
—Sí. —respondió secamente. —Sé que fui cínica al continuar haciendo eso que arruinó nuestro matrimonio, en primer lugar, pero si había sacrificado tanto por mi trabajo, ¿para qué renunciar a ello?
Me quedé pasmada, repitiendo en mi mente una y otra vez lo último que dijo Mina.
Si sacrificas tanto por lo que quieres, ¿por qué renunciar a ello?
— ¿Nunca pensaste en cambiar eso?
—Podría haberle pedido perdón a tu madre cientos de veces, como antes, pero ambas sabíamos que eso no iba a pasar. Ya no iba a resultar, como cuando antes ella me creía en serio, y se cansó. —suspiró. —Espero que tú puedas romper esa maldición de las Son de ser infortunadas en el amor por decisión propia.
—Con excepción del tío abuelo Jinyoung que tenía dos esposas.
—Sí, pero ambas lo dejaron.
Nos reímos. Era extraño reír después de tantos días, incluso si era con desgano.
—Hyeju, el hecho de que no hayas entrado a la universidad no significa que vaya a permitir que te quedes aquí todo el tiempo sin hacer nada. Me iré de viaje...
— ¿Otra vez? —estábamos conversando por primera vez en semanas y volvía a irse.
—Esta vez será dentro del país, no tardaré mucho. —dijo poniendo su mano sobre la mía.
—Bueno, entonces ¿qué esperas que haga? —me encogí de hombros. — ¿Me pongo a estudiar? ¿Me pongo a trabajar?
—Vas a entrar a JYP.
Me hice para atrás por la sorpresa, entornando los ojos, confundida.
— ¿Y qué se supone que haré ahí?
—Comenzar a aprender desde ya. Puedes tomar este año sabático para familiarizarte con la empresa que algún día será tuya y que espero que manejes.
—Yo no quiero...
—Como dije, no voy a dejar que te quedes sin hacer nada. Verás que incluso te será de ayuda.
La observé con la mirada fija, poniendo la cara más adusta que pude.
—Que tengas buen viaje. —le dije parándome para encerrarme en el sanitario.
—Hyeju.
—Cierra la puerta al salir, por favor.
Escuché el resoplido molesto de mi madre, pero enseguida caminó y se fue, cerrando la puerta. Yo estaba apoyada contra la del baño, con los ojos cerrados con fuerza como si me doliese algo y me dejé resbalar por la plana superficie hasta quedar en el suelo, encogiendo mis piernas para abrazar mis rodillas.
Así que el tiempo para estar deprimida había terminado. De acuerdo con Mina. debía ponerme en pie ya y hacer algo. Ahora tenía otras dos cosas para añadir a mi creciente aflicción, ni más ni menos.
ESTÁS LEYENDO
Cherry Popper | Hyewon
Ficção Geral[AU] Park Chaewon es la presidenta de Blockberry Creative, una importante cadena comercial de golosinas, quien hace declaraciones homófobas en estado de ebriedad. Cuando esto afecta la imagen de su compañía, ¿qué desesperada acción puede cometer ell...
