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Estaba en la cumbre de mi vida social en la etapa escolar: no había lugar al que fuese sin que alguien me felicitara por haber sido nombrada, ahora sí de manera formal, la reina. Incluso si por alguna razón hubiese querido negarlo —cosa que no haré — amaba y agradecía la atención. Me sonrojo ahora al confesar que era porque así me imaginaba que podría llegar a ser en el futuro, pero en escala mucho mayor: gente admirándome por todas partes, esta vez por mi música. A veces me sentía tonta por soñar con ese tipo de cosas, pero no lo podía evitar... Y fue entonces cuando llegué a una realización a la que había llegado días antes de que comenzara el ciclo escolar y que ahora, semanas antes de la graduación, regresaba con aún más fuerza de lo que había hecho aquella vez: pronto caminaría por los pasillos, los patios, tomaría clases en las aulas, me sentaría a comer en la cafetería, haría todo aquello que tan cotidiano se me había hecho en cuatro años por última vez.

Incluso podía ser que no volviese a ver a mis compañeros de nuevo.

Tampoco es que fuese llorando por los corredores al darme cuenta de esto, sino todo lo contrario: estaba dispuesta a atesorar cada minuto transcurrido hasta que el momento de lanzar el birrete al aire llegara, obligándome un poco a reemplazar esa súbita melancolía por un poco de emoción.

Aun así...

Tenía otra sensación en el pecho.

¿Alivio, quizá? Ya no tendría que soportar la monserga de Mina cada que sacara malas notas. Descarté la idea porque ahora más bien se la pasaría agitándome cartas de universidades frente a las narices mientras me decía por qué me haría bien entrar a tal o cual el próximo año.

¿Qué era?

Estaba pensando en esto con la cara contraída de tal forma que temí que se me quedara así para siempre. No era un sentimiento que me agobiara, pero estaba ahí y no podía ignorarlo... No podía hacerlo con ninguno, así eran las cosas y así era yo.

Estaba tan ensimismada en esto que ni siquiera me daba la cabeza para pensar en que Chaewon seguía evitándome, porque lo hacía: no podía poner mis manos al fuego jurándolo, pero esa impresión me daba y no sería la primera vez. Suspiraba para mis adentros cada que lo confirmaba porque seguía sin entender cuál era el motivo de tanto escándalo. Ella sí que era una chica complicada.

El sol refulgía con furia en el cielo dando la impresión de estar mucho más cerca de lo que en realidad estaba. Empezaba a sentirse la llegada del verano a pasos agigantados y esto no hacía sino acrecentar mi pesar, de modo que al término de las clases me encontré caminando hacia el patio central, donde un enorme árbol cubría una parte con su sombra. Ese había sido un lugar usual para intercambiar chismes, hacer anuncios y todo lo que un adolescente promedio haría, aunque en realidad nada tenía de especial. Sin embargo, observaba las trazas de luz que se colaban entre sus ramas, dándole al suelo un aspecto fragmentado.

Una ráfaga de viento me revolvió el cabello y sonreí. El día era soleado, sí, pero al menos teníamos esto para compensarnos. Las ramas del árbol emitieron un sonido que me recordó a un cascabeleo mientras la luz proyectada en el suelo titilaba. Caminé hasta el árbol para llegar a una de las bancas a su alrededor, me quité el saco y me dejé caer, soltando un resoplido. Una vez en mi asiento me arremangué y me dispuse a quedarme ahí un rato, a saber, para qué. En realidad, no tenía un objetivo al llegar ahí, simplemente quería disfrutar el día por un rato. Pocos alumnos quedaban en las instalaciones, en su mayoría eran miembros de clubes, pero no les presté atención, pretendiendo estar sola.

—Hey.

Al principio ignoré la voz, pero un par de segundos más tarde la reconocí y volteé. Chaewon estaba sentada en la banca contigua a la mía. Ella también se había quitado el saco e incluso se desabotonó la parte superior de la blusa. Eso era lo más desaliñada que le había visto en la vida y aun así seguía teniendo ese porte formal que le caracterizaba.

Cherry Popper | HyewonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora