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Punteaba los primeros acordes de Paranoid una y otra vez simplemente por el gusto de hacerlo. La ceremonia de graduación de Jimin, el hermano de Chaewon, había sido tan cercana a la nuestra que podía imaginármela a ella y su familia empacando justo al volver a casa.

Aquello no estaba mal... Dios sabía que si había algo que yo necesitaba era un poco de tiempo a solas para intentar ponerle nombre a lo que estaba pasando. Creo que le llaman 'enamoramiento' y es eso que tantos libros, películas, canciones y malas telenovelas ha inspirado. No era cosa del otro mundo, y ya lo había sentido antes, aunque no a tal escala. De acuerdo, no es como si estuviese escribiéndole una canción para declararle mi amor, pero se sentía distinto a las veces anteriores.

Mi habitación estaba tan silenciosa que el tenue sonido de mi voz parecía inundarlo por completo. Me detuve y alcé la mano con la que punteaba, observándola y acariciándola con mis propios dedos. Me preguntaba si a Chae le gustaba sentir mis manos a pesar de su aspereza, pero mejor me volví a acomodar para seguir tocando un rato más, pues no había caso en dedicarle demasiados pensamientos a ello.

Para cuando Chaewon volvió lo hizo junto con su hermano, y admiré en silencio las diferencias entre ambos: Chae era carismática, sí, pero igual tenía una especie de aura que parecía actuar como un escudo que te impedía acercarte demasiado... En cambio, él era un sujeto recatado como ella, pero con más soltura. Actuaba como un príncipe de cuento y le salía natural, como si los Park de verdad pertenecieran a la realeza, con ademanes, expresiones y muletillas, todo incluido.

—De verdad te encanta la presencia de tu hermano, ¿eh?

—Pues claro. —asintió mientras me cepillaba el cabello. Estábamos en un rato de ocio y le dejé jugar al estilista conmigo. —Es quien vino conmigo al mundo.

— ¿Qué se siente?

— ¿Tener un gemelo?

—Tener un hermano.

Casi la sentí sonreír al tiempo que me apartaba el fleco de la cara.

—A veces quiero matarlo, pero luego recuerdo que no imagino mi vida sin él y se me pasa... ¿Y qué se siente ser hija única?

—Apesta si se te antoja jugar Monopoly. A veces hostigaba a las mucamas hasta que las convencía de jugar conmigo. —reí. —Pero en general estaría bien si Mina no me ignorara la mitad del tiempo y me criticara la otra mitad.

Chae parecía digerir mis palabras, y me dio una sonrisa afable al tiempo que me peinaba unos mechones con la mano, pero lo hizo con demasiada suavidad para ser accidental.

—Te ves bien.

Me puse en pie para verme en el espejo más cercano. Tenía el cabello parcialmente recogido y mi rebelde fleco hacia un lado.

—No está mal.

—Admítelo, te gustó. —dijo orgullosa de sí misma e inflando pecho. No era mentira, pero me gustaba más pensar que por fin Chaewon podía tocarme sin antes mirarme como a una granada a punto de estallar.

—Bueno, pero a ti también te ha gustado pasarme las manos por el cabello.

—Es normal. —se defendió cruzándose de brazos. —Es tan negro y sedoso que una no puede evitar envidiarlo. Todo el equipo de natación lo hacía.

— ¿Ah sí? No tenía idea. Mi madre decía que soy una Son, me mires por donde mires. —sonreí. —Ahora que hablamos de ello, ¿cómo haces para no tener el cabello maltratado aún después de tanta clorina?

—Con más esfuerzo del que puedo pensar ahora mismo.

La madre de Chaewon acababa de irse el día anterior. Ambos gemelos estaban notoriamente tristes, pero hacían su mejor esfuerzo para ocultarlo. Chaewon decía comprenderla bien... Resulta que esa relajada y amable mujer era tan dinámica que parecía partirse en cinco. No sólo era productora de varios programas cómicos; tenía fechas programadas para presentaciones de stand-up, y un nuevo segmento en la radio, entre otras actividades y fue cuando me quedó claro de dónde sacaba Chaewon tanta energía para hacer de todo. Jimin no parecía incómodo por mi presencia, al contrario: era amable y siempre sonreía. Llegamos a salir los tres en alguna ocasión y siempre insistía en que me quedase más tiempo.

—Está abrumado, ¿cierto? —le pregunté a Chaewon una tarde, justo antes de volver a casa. Jimin subía las escaleras tan despacio como si usara zapatos de plomo.

—Pensó que papá dejaría de molestarle... Ya sabes, por ser vacaciones y eso. Dieciocho años y aún no conoce a su propio padre. —de repente se veía preocupada. —Me da pesar dejarle solo.

Mencionar su pronta partida era un tema incómodo, por lo cual era el elefante en la habitación. Carraspeé, tratando de aligerar el ambiente.

—Aún falta un poco para eso. —yo caminaba con las manos en los bolsillos y me volteé para verla al llegar a mi vehículo. —Escucha, he estado investigando al tal Kim.

Chae no pareció entender y arrugó la nariz en ese gesto pensativo propio de ella.

— ¿Al profesor Kim?

—Ajá. Leí un par de trabajos suyos.

— ¿Y no se te quemó el cerebro? —preguntó divertida.

—Esto es serio. Quería saber si el sujeto no es alguna clase de viejo verde que piensa aprovecharse de ti al terminar las clases.

Todos los profesores de Universidad son viejos verdes, Hyeju. Es el cliché más viejo del mundo. —de pronto se volteó. —Oye, ¿estás preocupada?

—No, qué va. —respondí encogiéndome de hombros y su cara se ensombreció. — ¡Por supuesto que estoy preocupada, Chaewon! ¿Qué clase de pregunta es esa?

Dejé caer las manos a un lado, hastiada y pensé que se había molestado conmigo. Iba a disculparme por cualquier cosa cuando ella volvió a hablar.

—Gracias. No esperaba eso.

—No debería ser una sorpresa, después de todo eres mi... Mi amiga. Porque somos amigas, ¿verdad?

Me sentí nerviosa ante la expectativa de escuchar su respuesta, sobre todo porque su expresión era pasmada. Quería decirle todo, y no solo una verdad a medias... Confesarle todos esos sentimientos de cuya existencia me había percatado en los pasados días y que ya estaban muy lejos de ser sólo los de una inocua amistad, pero era demasiado.

—Sí. —asintió. Luego lo reafirmó, esta vez con más seguridad. —Sí, lo somos, y si no, pues no me explico por qué me llegas a importar tanto.

El silencio fue aplastante. Las palabras nos abandonaron y comencé a sudar por el nerviosismo. No quería que el día terminara con un momento incómodo luego de tamaña confesión.

—Para que lo sepas... —alcé la barbilla, ufana. —Sí, entendí lo que leí. Lo que escribió Kim.

Chae parecía atrapada entre la confusión y las ganas de reírse. Ganó esto último, para mi buena suerte.

—Tú nunca vas a dejar de sorprenderme, Son Hyeju.


Cherry Popper | HyewonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora