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Me colé en su oficina sin hacer ruido y la encontré frente al escritorio, cantando Safety Dance. Parecía estar de excelente humor.

Sonreí. Esto iba a ser tan fácil. Me coloqué detrás de ella en silencio y la tomé de la cintura al tiempo que la saludaba.

- ¡Hola, Chaewon!

La aludida soltó un grito y dejó caer los papeles que tenía en la mano.

- ¡Olly! -lucía bastante enojada y me dio un empujón.

- ¿Me extrañaste?

Ella evitó responder

- ¿Dónde te metiste?

-Por ahí. Fui a reencontrarme con unos viejos amigos.

- ¿Qué le pasó a tu brazo? -Me miró más de cerca. - ¡Por dios! ¿qué le pasó a tu cara? Más bien, ¿qué le pasó... a toda tu persona?

-Gajes del oficio... ¿estás libre para almorzar juntas?

Chae puso su sillón ejecutivo frente a mí y me hizo una seña para que me sentara.

-Podemos ir a almorzar en cuanto te limpie esa herida.

-No hace falta, solo vamos a comer y...

-Solo siéntate y ya.

Tenía esa expresión que ponía cada que terminaba obteniendo lo que quería, y supe que era inútil discutir con ella. Me senté, a regañadientes, mientras ella sacaba un botiquín de una gaveta.

- ¿Me explicarás lo que pasó, o me tendré que enterar por algún tonto vídeo de Youtube?

-Fue una apuesta. -respondí después de resoplar.

-Naturalmente. -desechó una gasa que había tomado un leve color rojizo. Me miró fijamente, y a pesar de no querer decir más, terminé haciéndolo.

-Aposté que podía saltar sobre una piscina, de un extremo a otro.

- ¿Y por qué habrías de hacer una apuesta tan tonta?

Abrí la boca, pero mejor la cerré y me encogí de hombros.

-Estaba aburrida, supongo.

- ¿Y cuál era el premio?

No pude evitar voltear a verla, y seguramente mi expresión era como la de un venado al cual estaban a punto de atropellar en medio de la noche.

-No recuerdo. -terminé por decir.

-Ajá, claro. -dijo antes de ponerme una gasa empapada de alcohol en frente con un poco más de fuerza de la debida.

- ¡Eso duele! -le reclamé.

- ¿Ah sí? ¿Y al momento de hacer esa apuesta se te ocurrió que también te podría doler su fallabas?

- ¡Pues claro, pero...! -quise tocarme la frente, pero Wonnie me dio un manotazo.

-No te toques, tienes las manos sucias. -me dijo con el ceño fruncido. Su expresión volvió a suavizarse y me aplicó un líquido con un hisopo. -Ni siquiera fuiste al hospital, ¿cierto?

Me quedé callada y ella interpretó mi silencio.

-Bien. -dijo poniendo un apósito sobre mi frente. -Hay que llevarte al hospital, y después saldremos a comer, ¿sí?

- ¿Puedes hacer algo para evitarlo?

-No.

-Entonces, vamos.

Chaewonnie no me dejó sola ni un momento, ni en el hospital, ni cuando salimos. Declaró que estaría muy cerca de mí, para estar alerta hasta que los estudios descartaran alguna complicación por el golpe. Yo estaba internamente agradecida, ya que la cabeza me dolía el doble por la lesión y la resaca, y mi brazo tenía un aspecto tan frágil que decidí no moverlo.

Cherry Popper | HyewonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora