[AU] Park Chaewon es la presidenta de Blockberry Creative, una importante cadena comercial de golosinas, quien hace declaraciones homófobas en estado de ebriedad. Cuando esto afecta la imagen de su compañía, ¿qué desesperada acción puede cometer ell...
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El sol se colaba por una pequeña rendija entre las cortinas, haciendo que lo único que rompiese la penumbra en la que estaba sumergida fuese un haz de luz que se proyectaba sobre la pared que estaba frente a mí.
Volví a cerrar los ojos con un gruñido, para después rodar hacia un lado. Me apoyé sobre un antebrazo y tomé el reloj despertador digital que reposaba sobre la mesita de noche, el cual marcaba las nueve de la mañana. Gruñí de nuevo y volví a recostarme, frotándome los ojos con las palmas de las manos mientras resoplaba. Todavía ni me levantaba y ya moría de calor; una delgada capa de sudor cubría mi frente como prueba de esto. Me quedé así por un rato y decidí levantarme al fin.
— ¿Te vas ya?
Estaba estirándome en el pasillo, dejando mi guitarra recargada contra la pared cuando escuché la suave voz hablando y volteé de inmediato con un sonrojo y maldiciendo por lo bajo.
Heejin estaba frente a mí con una botella de Gatorade en la mano y su ropa deportiva humedecida por el sudor adherida a su piel. Alcé la mirada rápidamente al notar que esta se detuvo de más en su bonito abdomen y rogué que no lo hubiese notado.
—Eh... Sí. —me rasqué la nuca y tomé mi guitarra con rapidez, abrazándola contra mí como si fuese un escudo. —Hace mucho calor como para quedarme aquí, de cualquier forma.
—No fuiste a correr hoy. —observó, cruzándose de brazos, pero no lucía molesta, sino más bien un poco triste.
—No. —admití un poco avergonzada. —No tenía ganas.
Pero tenía menos ganas aún de decirle que en realidad fue por haberme quedado dormida.
—Ya. —asintió. — ¿Quieres que limpie la habitación mientras estás fuera?
—Uhm... No hará falta, así está bien.
No deseaba que Heejin viese el desastre que tenía hecho, y mucho menos si implicaba que ella iba a recogerlo.
—Sabes que mamá me preguntará si lo he limpiado.
—Sí, y yo le diré que lo dejaste reluciente a tal punto que podría comer del suelo, ¿te parece?
Me sonrió y le correspondí con timidez, casi hosca.
—Tampoco tienes que mentir por mí.
—Ah, por favor. —dije acomodándome el estuche de la guitarra al hombro. —Será un placer.
Ella parecía querer añadir algo más, pero me despedí con un gesto y salí disparada al elevador, apretando el botón para cerrar la puerta en cuanto estuve dentro. Suspiré y me apoyé en una de las frías paredes metálicas, tratando de calmarme. No importaba que llevase semanas ya de conocer a Heejin, no dejaba de ponerme nerviosa al verle sobre todo al saber que le gustaba presentarse frente a mí con la entallada ropa que usaba para ir a correr.