Hay muchas cosas que se hacen sin sentido y huir de la policía era una de esas. Sólo recordaba que estábamos pintando un poco sobre una pared y lo próximo que recuerdo es que huyo como si hubiese robado algo. Mis piernas lloraban como no lo hacían desde las prácticas con el equipo de atletismo y lo que me impulsó a seguir adelante fue imaginar la cara que pondrían mis compañeras si me viesen detenida por la policía... Seguro que les daría igual que hubiese infringido la ley, pero se impactarían por lo fácil que habría sido mi captura.
Entonces me subí al techo de una casa de aspecto discreto y continué corriendo y corriendo como mis amigos adeptos al parkour me enseñaron, de vez en cuando teniendo que escalar por algún otro techo e incrementando mi velocidad y paranoia a cada paso que daba.
Me relamí los labios, sedienta... La verdad es que no sabía si ya había dejado atrás a la policía, a todos los que estaban conmigo... Mierda, y pensar que me metí en ese problema por una tontería. Todo porque a uno de ellos se le ocurrió que era buena idea aventar una lata de pintura a una patrulla. Pues el caso es que llegué a una bonita zona de casas no particularmente millonarias o llamativas... Y sucedió mi desgracia.
Estaba huyendo por los techos de dichas viviendas cuando de repente coloqué el pie en un ventanal en ángulo... Un tragaluz. Trastabillé un poco, suspirando de alivio por haberlo sorteado e incluso riendo... Cuando de pronto caí. El jodido tragaluz no tenía vidrio.
Fue un estruendo espantoso. El tipo de tono que pondrías como sonido de tu teléfono móvil y que te haría contestar enseguida. Así de horrible fue.
Caí a través del tragaluz para aterrizar en medio de un montón de madera. Por un momento pensé que a lo mejor y estaba muerta y me ahorraba el problema de tener que escaparme de una casa habitada a plena luz del día, pero no, la verdad es que caí sana y salva, aunque con unos rasguños memorables.
Me quedé un momento tratando de suprimir mis leves gemidos de dolor mientras me incorporaba despacio y me cercioraba de no haberme roto algo, alegrándome al ver que no fue así. Alcé la vista para buscar una salida por la cual escabullirme cuando escuché una suave voz hablando con un tono que iba a medio camino entre la sorpresa y la molestia.
—Vaya, vaya... Y mi contratista decía que era un exagerado por pedirle que reparase el vidrio de esa cosa enseguida. Al final yo tenía razón, como siempre.
Me incorporé enseguida, tambaleante. Había un tipo en pijamas frente a mí sosteniendo un plato de lo que parecía ser un plato de gachas de avena con rodajas de plátano que me miraba con el ceño fruncido, aunque esto no lo hacía ver amenazador, pues tenía unos ojos de aspecto dulce... Lo que sí resultaba intimidante era su estatura, pues era muy alto y no solo eso, sino que tenía un torso muy ancho y bien trabajado. Era muy pálido, aunque guapo y recordé que Ted Bundy también era guapo, lo cual sólo me puso más de nervios.
Yo pensaba en algo para decir, o para gritar tal vez, todo con tal de escapar ilesa de ahí pero el sujeto no parecía muy interesado en soltar su tazón de gachas para estrangularme con sus anchos bíceps. Más bien se la pasó mirándome de arriba abajo con... ¿con ojo crítico? Pensé que tal vez estaba evaluando si estaba lo suficientemente buena para violarme, pero más bien su mirada transmitía curiosidad crítica, como un mecánico evaluando un vehículo a ojo de buen cubero.
—Yo... Yo lo siento... Estaba... —traté de pensar en algo que no fuese "huyendo de la policía" pero no encontré nada. —Yo... me caí, fue un accidente.
Él asintió comprensivamente como si le hubiese dicho que me resbalé en suelo mojado y no en el techo de su casa, mientras seguía llevándose cucharadas de avena con plátano a la boca, dejando el tazón en una repisa en cuanto terminó y saliendo por una puerta lateral. Yo tomé esto como mi oportunidad para escapar, pero mi potencial asesino regresó casi enseguida sosteniendo un pedazo de tela y un par de zapatillas en las manos. Alzó la mano en la que las sostenía –dios, qué grandes eran sus manos, seguro que me podía quebrar el cuello como si de una pajita se tratara –como si hiciese una ofrenda y los dejó en una silla que había por ahí. Me quedé confundida sin saber lo que quiso dar a entender, pero señaló con la cabeza.
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Cherry Popper | Hyewon
Ficción General[AU] Park Chaewon es la presidenta de Blockberry Creative, una importante cadena comercial de golosinas, quien hace declaraciones homófobas en estado de ebriedad. Cuando esto afecta la imagen de su compañía, ¿qué desesperada acción puede cometer ell...
