21. YA ERES MÍA, PRINCESITA

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Enrico Falconi

La observo con tanta fijeza que me gustaría penetrar ese campo de fuerza a su alrededor y descubrir los misterios que esconde detrás. Porque estoy seguro de que los hay. Por momentos parece ser una y por otros, alguien totalmente diferente. La pregunta es si solo se esconde de mí o del mundo entero en general.

En los diarios o redes sociales cuando se refieren a ella solo hablan sobre su cerebro súper dotado, el cual le permitió graduarse en Economía y Gestión de Empresas en apenas tres años. Además de su crecimiento dentro de la empresa de su padre y su éxito profesional. Acerca de su vida personal nadie habla. Los medios la ven como la Princesa de Acero, una digna heredera del Magnate de Acero, pero no ahondan en su personalidad.
 
«Tal vez sea porque no hay mucho que contar», alude una voz en mi cabeza.

«No», me niego a creerlo.

Una mujer como ella, tan… exótica, hermosa y segura de sí mima, debe haber explotado sus encantos y explorado su sexualidad hace mucho tiempo. 

La expresión se le ensombrece de pronto con mi pregunta acerca de la obra y no puedo esconder mi asombro cuando menciona a Beth como su personaje favorito.

¿Por qué ella?

Aunque trata de disimular un suspiro apesadumbrado con un gesto despreocupado, para mí no pasa desapercibido. Y cuando se levanta de repente para salir casi que corriendo. Me siento como un idiota.

No sé lo que he hecho, pero la sensación de haber cometido el peor error de mi vida me abruma y termino disculpándome con mi otra invitada para seguirle a toda prisa.

Llego a la puerta de los sanitarios y espero recostado en la pared a que salga. Apenas escucho sus pasos, busco su mano y la atraigo contra mi cuerpo de un fuerte tirón. 

No sé qué se apodera de mí, pero no puedo hacer otra cosa sino rememorar el dulce sabor de sus labios y le cedo el control a mis impulsos, envolviéndola entre mis brazos antes de besarla con el hambre que me corroe.

El pasillo no está oscuro como aquella noche en mi club, así que puedo ver cada espacio de su piel reluciente. La tensión característica de sus músculos cada vez que la toco ha desaparecido por completo y en su lugar, la siento relajada, ansiosa, entregada… 

La tengo, mis instintos me dicen que ya la tengo y eso, en vez de hacerme retroceder con una satisfecha sonrisa, me incita a avanzar. No solo quiero su rendición, quiero su cuerpo, sus gemidos, su placer, quiero todo… Lo quiero todo de Stella Di Lauro.

Un jadeo escapa de su boca cuando ataco su cuello sin previo aviso y sus manos se aferran a mis hombros mientras las mías se cuelan por debajo de la abertura de su vestido provocador en la pierna.

Palpo la piel ardiente y al llegar a sus mejillas traseras, aprisiono la carne entre mis dedos. 

Mi entrepierna roza su intimidad y ahogo un nuevo gemido depositando mis labios sobre los suyos. 

De un momento a otro, sus piernas rodean mi cintura y entonces, me vuelvo loco por completo. El baile sensual que simula la más tortuosa de las penetraciones comienza, su espalda golpea la pared, mis dientes estiran su labio inferior para luego ir un poco más abajo y mordisquear su barbilla. Me las arreglo para sostener su peso con una mano en tanto la otra busca la abertura en su escote delantero para explorar la cima de su busto.

—¡Demonios! —susurro contra su boca en el preciso instante en que me percato de que no lleva sujetador. No me da tiempo decir nada más, puesto esta vez ella toma la iniciativa al atacarme con el beso más ardiente que me han dado jamás. 

Princesa de AceroHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora