7. FIERECILLA INDOMABLE

33.1K 1.7K 85
                                        

Enrico Falconi

La sorpresa se apodera de su expresión por unos pequeños instantes, pero luego se transforma en la viva imagen de la indignación. 
Bien, me agrada saber que no soy el único frustrado aquí después de la noche anterior. 

—¡¿Pero qué haces tú aquí?! —cuestiona apenas me ve acercándome—. ¿Y cómo has entrado? 

—Tengo mis habilidades —le guiño un ojo con suficiencia. 

—Claro, como abordar a mujeres en la oscuridad como todo un psicópata acosador. Perdóneme si una asociación con usted no me parece ventajosa, señor Falconi. 

Directa. La muchacha no se anda con rodeos y eso... me gusta. Otra habría fingido demencia ante lo ocurrido hace unas pocas horas. 

—Oh, querida, hago mucho más que abordarlas —añado con tono sugerente—. Si no hubieras huído anoche, sabrías muy bien a qué me refiero.

—¿Pero serás atrevido? —exclama con incredulidad—. ¿Quién te crees que eres para tratarme con tanta familiaridad y hacerme insinuaciones de este tipo? ¡En mi propia empresa! 

—Soy el hombre que pondrá tu mundo de cabeza —declaro con toda seguridad, al mismo tiempo que acorto la distancia entre los dos hasta dejar mi rostro a unos pocos centímetros del suyo—. Vamos, princesa, no le niegues a tu cuerpo lo que está sintiendo. 

—Y según tú, ¿qué es lo que estoy sintiendo? —no se amilana ante mi mirada depredadora. 

—Deseo —siseo con la voz enronquecida—. Me deseas, Stella Di Lauro, no lo niegues.

Mi ojos se pasean de sus esferas azules a sus labios rosados mientras ella deja ver una cautivadora sonrisa. 

—Los medios siempre tienden a exagerar las noticias para causar mayor impacto —comenta de buenas a primeras—, pero con usted se han quedado cortos, señor Falconi. Si antes tenía mis dudas respecto al proyecto, ahora estoy completamente segura de que una asociación con su empresa no nos beneficia en nada. Por el contrario, nos traerá muchos problemas. Es una suerte que no haya aceptado mis condiciones. 

—No estés tan segura —rebato tan cerca de sus labios que siento su aliento en mi piel—. Podría cambiar de opinión en cualquier momento. 

—De ser así, entonces comuníqueselo al CEO y prepárese para trabajar bajo mis exigencias, porque no se lo pondré fácil. Ahora márchese de aquí antes de que olvide mis buenos modales y llame a seguridad. 
Dejo escapar una media sonrisa para luego tomarla de un brazo y acorralarla contra la pared de la oficina con un ágil y rápido movimiento. 

»¿Pero qué haces? —me golpea el hombro cabreada—. Esto es el colmo de los atrevimientos, incluso para ti. 

—Ya me tuteas, vamos mejorando. 
La pequeña frunce los labios en una fina línea al mismo tiempo que siento cómo su respiración se agita por momentos, cada vez que mi mano roza su cintura. 

Mi rostro queda muy cerca del suyo y mientras yo la observo deseando devorarla completita, ella me mira como si quisiera reducirme a cenizas.

Al parecer estoy lidiando con una fierecilla indomable, pero no existe tarea imposible para Enrico Falconi. Le gusto, puedo notarlo... y ella también por mucho que lo niegue. 

—Dada su reputación, pensé que su gran número de conquistas se debían a los billetes verdes en sus bolsillos o a las habilidades seductoras de las que tanto alardea —comenta en un inútil intento por ocultar su excitación—. Ahora veo que la única habilidad que posee es la de ser un perfecto acosador, señor Falconi. 

Princesa de AceroHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora