______••Escarmiento••______
Herodes
Una nube negra de fuego oscuro abrasador, está arrasando con todo dentro de mi pecho, causando estruendos, avalanchas y golpes secos que me tienen con unas incontrolables ganas de salir de aquí a desquitarme, para poder calmarme un poco, pero es imposible que quiera irme aún mientras sigo viendo a la mujer que acabo de dejar sola en la cama.
«Debo hacerlo» me repito una y mil veces.
Mis ansiosos dedos, abotonan cada botón de la camisa que me acabo de poner después de vestirme en su armario. La ropa que traía, quedó en el baño, mojada y llena de sangre, de su sangre, esa que me manchó desde que la cargué entre mis brazos al tomarla en aquel local de donde la saqué casi vuelta mierda, vomitando y botando el líquido carmesí también por la nariz.
De no ser porque ya controlé sus fuertes secuelas, estaría allá abajo, buscando como desquitarme y calmar mi rabia de verla así tan convaleciente.
—Señor...—entra Cleopatra con los implementos de limpieza.
Tomo el teléfono y lo guardo en mi bolsillo antes de abrochar el reloj en la muñeca.
—No la dejes sola. No me interesa si no duermes, pero vigila que ya no le pase lo mismo y que descanse sin interrupciones. Quedas a cargo.
—¿La dejará sola? —el descontento es claro en su vos— ¿A dónde va? No debería...
—No estoy para sermones —mi mirada envenenada la calla—. Limpia el baño, bota la ropa que ambos teníamos puesta y desaste de la sangre que salpicó el piso.
—¿Me permite darle un consejo?
—Hace mucho que no te lo permito.
—Pues, hace mucho que nada lo atormentaba o lo sacaba de su gris mundo.
—Ya me voy —ignoro su comentario, acercándome para tocar la frente y cuello de quien sigue dormida, revisando que no tenga fiebre— Llámame si se despierta o sucede algo.
—Herodes...—trata de mediar.
—Ya cállate y anda a trabajar —escupo.
No estoy para retraso. Si estaba molesto antes de ir a ese lugar por ella, ahora es peor porque no mejoró mis ánimos, los empeoró.
—Ya todo está listo —me avisa Arturo cuando salgo de la habitación.
Dejando a dos hombres vigilando, bajo en el ascensor, con Dimitri a mi lado, mentalizado al 100%, con la perversidad recorriendo cada centímetro de mi cuerpo.
Durante los minutos que tardo en llegar a la mansión, tamborileo los dedos en mi pierna, mientras miro por la ventana como la oscuridad de la carretera, nos absorbe. En varias partes, pude ver las luces de algunas de las casas cercanas a la mía, pero no tanto, la distancia es grande, ofreciendo mayor privacidad para hacer lo que le venga en gana.
Una vez llego, yo mismo abro la puerta sin esperar que alguien lo haga. Dmitri me sigue y Dan me intercepta cuando busco la puerta trasera que da vía hasta el jardín que tiene la piscina y luego amplios metros de grama con muchos árboles, arbustos, platas decorativas y estatuas. Conozco cada rincón de mi casa, con una mínima palabra, ya sé en dónde mi escolta organizó todo.
Debajo de un gran árbol con enredaderas cayendo de sus ramas, está una silla de madera caoba con cojín rojo, esa que hace mucho no usaba, ahora me espera y la disfruto al sentarme, reviviendo una amplia variedad de sensaciones.
Viendo la fogata enfrente de mí, ardiendo con fulgor y añadiendo un poco de calor al frío entorno envuelto por la tétrica noche de mierda que empeoró cuando salí de la empresa, busqué a cierta persona y no la encontré, no contestaba mis llamadas «Le hice más de 20» sin éxito, me mandaba al buzón.
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ARMAGEDÓN
RastgeleLibro 2 de la Trilogía Pecados Capitales. El dolor es un atajo que te lleva a la victoria si no dejas que al final te destruya. En donde no hubo justicia habrá venganza y Venus Adler lo sabe. Le desgraciaron la vida en un giro inesperado, pero ella...
