CAPÍTULO 01

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_______✧✧Infierno✧✧________

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_______✧✧Infierno✧✧________

Venus

Cuando no tienes nada que te mantenga con ánimos de seguir, eres pisoteada, destruida con el pasar de los días y obligada a entender que estás sola y nadie velará por ti. Ya no tienes voluntad propia para levantarte y seguir ¿Para qué? Ya lo perdí todo, volver a estar de pie sería volver a caer en cualquier momento.

Aunque no creo que puedan volver a hacerme pedazos, ya no tienen con que.

El sonido de la burla, las miradas llenas de asco, los murmullos y las risas contínuas entran por mis oídos, deberían causarme algo, pero no, como tampoco el que me sigan obligando a caminar por el comedor de la fortaleza; desnuda, llena de hematomas, sucia, con el cabello vuelto un desastre y mi cuerpo deteriorado por la falta de comida decente.

Tiran de las cadenas sujetas a los grilletes en mis manos, caigo al suelo lastimándome las heridas de las rodillas, siempre lo hacen, y las raspaduras son la prueba de que me hacen caer, me gritan que me levante pero me vuelven a mandar al suelo con un puñetazo en la mejilla.

—¡He aquí el bufón de diversión y humillación! — vocífera el que se encarga de hacerme vivir un infierno—. La ex Diosa, Venus Adler, ahora un pedazo de mierda y basura.

Todos se ríen, me señalan, se burlan y se unen, diciendo gran cantidad de cosas hirientes. Nada me afecta, tampoco que participen cuando me arrojan encima el contenido de un bote de basura. Huele horrible, me ensucia más de lo que estaba y de repente me pican los ojos, tanto que me los debo frotar varias veces.

—Después tendrás que recojer todo eso— me patea el muslo.

Un pedazo de comida golpea mi pecho, acto seguido una lluvia de todo tipo; me lanzan las sobras que tienen en los platos, el ruido me marea, escucho todo lejos, poco siento lo que me siguen haciendo y cuando me arrastran por el piso para que me vean.

Todos los días me hacen lo mismo, soy el payaso que divierte a todo el mundo, hasta a los entrenadores que no intervienen o dicen algo, simplemente se ríe también.

Trato de reincorporarme cuando me hacen levantar, camino siendo jalada, intento no mirar a nadie pero capto los ojos que me observan desde una de las mesas del fondo. Me sacan en dirección al campo de entrenamiento, hace frío, el cielo tiene un tinte casi negro y la gotas de lluvia caen en pequeñas cantidades que me cubren llevándose parte de la mugre de mi piel.

La condición rústica del suelo me lastima las heridas que ya tengo en las palmas de los pies, me arden, con cada pisada me recorre un dolor hasta las rodillas, sin embargo, no me dejan parar.

Sé a lo que van en estos momentos, por dos veces he estado en el poste en donde vuelven a atarme con las manos detrás, las piernas juntas y siendo lastimada por las espinas que tiene el hierro. Moverme aunque sea un centímetroz me clava alguna y no tengo de otra que quedarme estática.

ARMAGEDÓNDonde viven las historias. Descúbrelo ahora