Capítulo 19

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Dejo los papeles sobre mi escritorio, para después, esperar un momento para recuperar el aliento, pues siendo un montón bastante grande, la verdad era que pesaban mucho.
Comienzo a separarlos rápidamente en dos montones, los que debía firmar mi jefe, y los que debía archivar, y luego de cuarenta minutos, termino de separar todo, por lo que tomo el montón de papeles que debía firmar mi jefe, y me encamino a su oficina, en donde toco la puerta, y al escuchar su "Adelante" entro.
Una vez dentro, me lo encuentro en su escritorio, totalmente concentrado en la pantalla de su ordenador, y al notar mi presencia, su mirada se dirige a mí, para después, posarla en los papeles que me encontraba sosteniendo.
-¿Más papelería?- Me pregunta.
-Si señor- Respondo, acercándome a su escritorio.
-Madre mía- Dice, con algo de cansancio, para después, dejar el ordenador y prestar su atención en los papeles que acababa de dejarle sobre el escritorio. - Creo que ya va siendo hora de que te aprendas mi firma y me firmes tú todo esto, porque joder, qué coñazo- Me comenta en broma, comenzando a firmar los documentos uno a uno. Yo me rio ante su comentario.
-Podría hacerlo sin problema- Comienzo a decir- Pero si uso su firma para hacerme un nuevo contrato donde me aumento el salario, no quiero quejas- Agrego. El señor Reborn ríe, negando con la cabeza.
Habían pasado ya dos semanas desde el viaje a Nueva York, dos semanas desde que mi jefe se había convertido en una persona completamente diferente, dos semanas desde que ya no lo veía como a esa persona irritante y fastidiosa, sino como a una persona agradable y grata, una que me trataba bien todo el tiempo, una con la que incluso compartía unas cuantas risas al día. Sospechaba que su cambio de actitud, se debía a ese viaje que hicimos, ese donde el último día, él me dijo que le gustaba mi trabajo, donde me dijo que tenía muchas cualidades que él apreciaba y valoraba, y que no se arrepentía de haberme contratado, y por alguna razón, algo en ese momento, y algo en esas palabras, habían provocado un cambio, tanto en él como en mí, pues nos llevábamos mejor, porque ya no había cambios de humor en él, ya no había reclamos y regaños de su parte, y ese lado amable que yo había visto en él pero que desaparecía con el paso de las horas, seguía ahí, no se iba, provocando que durante estas dos semanas, el venir a trabajar no fuera un suplicio como solía serlo, sino que fuera agradable, incluso divertido, pues el señor Reborn podía ser muy gracioso cuando se lo proponía. Me encontraba de verdad contento, contento de poder trabajar sin odiar a mi jefe, contento de ser tratado como me merecía, y de sentir que finalmente, esa relación laboral entre ambos, estaba yendo a mejor. Luego de un par de minutos, mi jefe termina de firmar los documentos.
-Vale, ya está- Me dice, mirándome- Ya son todos ¿Verdad?- Me pregunta esperanzado.
-Si, por ahora- Le digo, pues evidentemente, con todas las actividades y movimientos de la empresa, siempre llegaban documentos que el señor Reborn debía firmar.
-Vale, bien- Me dice. Yo tomo los documentos de su escritorio, para después, dirigirme hacia la puerta.
-Con permiso señor- Digo, saliendo de su oficina.
Una vez en mi escritorio, aparto los documentos firmados que debía ir a entregar a otros departamentos, y justo en ese momento, el teléfono de mi escritorio suena.
-Oficina del señor Reborn- Digo al contestar.
-Hola Raúl, soy Ana, te llamo para avisarte que ya te he enviado el balance de esta semana a tu correo- Me dice.
-Vale perfecto, ahora mismo lo miro, muchas gracias Ana- Respondo.
-De nada, bonito día- Me dice, para después, cortar la llamada. Yo me dirijo a mi correo electrónico, y tal y como me había dicho Ana, ya se encontraba el balance, un documento que mi jefe llevaba esperando ya un par de días. Lo imprimo rápidamente, para después, dirigirme a la oficina del señor Reborn de nuevo, en donde toco la puerta.
-Adelante- Dice la voz de mi jefe desde adentro.
-Disculpe señor- Digo una vez entro a su oficina- Pero tengo ya el balance de esta semana, me lo acaba de enviar la asistente del jefe de finanzas- Agrego, acercándome a su escritorio. 
-Vale perfecto- Me dice mi jefe, tomando el papel. - Gracias Álvarez- Me dice. Yo le sonrío y me dirijo a la salida.
-Con permiso señor- Digo, para después, salir de su oficina y dirigirme a mi escritorio de nuevo. Continúo separando montones de papeles durante un par de minutos, para después, tomar los documentos que debía archivar, y por tercera vez en menos de cinco minutos, me dirijo a la oficina de mi jefe, tocando la puerta una vez más.
-Adelante- Escucho desde dentro. Yo abro la puerta con bastante dificultad debido a que me encontraba cargando un montón bastante grande de documentos.
-Disculpe de nuevo la interrupción- Comienzo a decir- Solo vengo a archivar todo esto- Explico. El señor Reborn asiente, mirándome con una ligera sonrisa.
-Adelante, sin problema- Me dice- De hecho, Álvarez, creo que ya va siendo hora de que dejes de tocar la puerta- Agrega. Yo me le quedo mirando, confundido.
-Ah...disculpe señor, lo que pasa es que hay muchas cosas por hacer, es por eso que entro y salgo de su oficina tantas veces...- Explico, algo avergonzado y sintiéndome una molestia. El señor Reborn me mira con el ceño fruncido.
-No...no no, no me refiero a eso- Comienza a explicar- Me refiero a que dejes de tocar la puerta...es decir, que puedes entrar a mi oficina sin tocar- Me dice. Yo me le quedo mirando, sorprendido y confundido.
-¿Cómo?- Pregunto, algo perdido, pues no me estaba creyendo lo que me estaba diciendo. El señor Reborn sonríe un poco ante mi reacción.
-Pues eso, que a partir de ahora no es necesario que toques a la puerta para entrar a mi oficina, puedes entrar y salir libremente...- Me dice, mientras mira su ordenador, tecleando algo totalmente tranquilo, como si lo que acabara de decir no fuera sumamente inesperado y repentino.
Yo me sorprendo demasiado, pues lo que estaba diciendo era totalmente inaudito, y muy extraño, ya que recordaba perfectamente cómo Alex me había comentado que solamente hasta después de tres años y medio trabajando para el señor Reborn como su asistente, le otorgó el derecho de entrar a su oficina sin tocar, y ahora me estaba dando ese permiso a mí, llevando solamente un mes y dos semanas trabajando para él.
Sin creer lo que estaba oyendo, y pensando en que tal vez estaba entendiendo mal, hablo.
-Está...¿Está seguro, señor?- Le pregunto, mirándolo con el ceño fruncido.
-Estoy seguro, si- Me dice, de forma firme y segura- Solo te pido de favor que siempre cierres la puerta al entrar, aunque eso ya lo sabes- Agrega. Yo me le quedo mirando por unos segundos más, pensando en que algo le pasaba o que no estaba pensando claramente, y por eso estaba diciéndome esto, pues a pesar de que durante estas últimas dos semanas me había tratado bastante bien, el hecho de que me permitiera entrar a su oficina sin tocar, siendo la persona tan privada y reservada que era, me parecía demasiado fuera de lo normal, demasiado difícil de creer. Por mi mente pasa incluso la posibilidad de que estuviera haciéndome una broma, o una especie de prueba, porque era demasiado raro, pues ni siquiera Andy, a quien conocía de tantos años, podía entrar a su oficina sin tocar antes, y no entendía cómo es que yo tenía permitida esa libertad antes que él. El señor Reborn se me queda mirando, notando en mí esa incredulidad ante su repentina autorización de no tocar su puerta. -¿Todo bien, Álvarez?- Me pregunta. Yo asiento, aún confundido.
-Eh...si si, todo bien- Comienzo a decir- Es solo que...bueno, no sé, me parece...extraño, que me dé ese permiso cuando llevo poco más de un mes trabajando para usted- Termino por explicar. El señor Reborn me mira con el ceño fruncido, y podía notar en él algo de confusión, como si acabara de darse cuenta de lo que le estaba diciendo, como si apenas estuviera notando que acababa de darme permiso de romper esa regla que el primer día trabajando para él, me dijo que era sumamente importante.
-Ya...es cierto- Me dice, mirándome, pensativo- Pero bueno, no sé...te has...ganado mi confianza- Agrega, aún con expresión de confusión, mirandome fijamente- Sabes lo mucho que significa para mí la privacidad y el silencio de mi oficina, espero que no hagas mal uso de la confianza que estoy depositando en ti- Agrega, y yo asiento.
-Si señor, lo sé, y muchas gracias por la confianza- Comento. El señor Reborn me dedica una leve sonrisa, la cual yo correspondo. -Ahora voy a...voy a archivar esto...con...con permiso- Agrego, sintiéndome de pronto algo nervioso. Mi jefe solamente asiente, para después, continuar trabajando en su ordenador.
Yo me dirijo hacia los archivadores, guardando los documentos en su respectivo lugar, con el máximo silencio posible, y sintiendome aún bastante extraño por lo que acababa de pasar, recordando las palabras del señor Reborn el primer día que entré aquí, cuando me dijo de una forma no muy amable que siempre tocara a su oficina al entrar, y que siempre fuera para algo relevante, pues no le gustaba perder el tiempo en cosas que no fueran importantes, sin embargo, ahora, poco más de un mes después, ya me encontraba con la autorización por su parte de entrar a su oficina sin tocar, cuando yo quisiera, y aunque me parecía raro y curioso que me hubiera dado ese derecho tan pronto, evidentemente me emocionaba y me hacía sentir que algo estaba haciendo bien, y que el señor Reborn se sentía cómodo conmigo como su asistente.
Mientras acomodo poco a poco diferentes documentos por orden alfabético, pienso en la forma en que semanas atrás, mi jefe me trataba de manera desagradable, sin respeto, sin amabilidad, corriendome de su oficina cuando se le daba la gana, y debía decir, que aún no comprendía del todo su cambio de actitud, su forma de dirigirse a mí, de tratarme tan bien, aunque evidentemente, no me iba a quejar, pues todo estaba mucho mejor ahora, y esperaba de verdad, que esa nueva versión del señor Reborn, no se fuera, esperaba que continuara así por mucho tiempo, porque me agradaba bastante. No podía evitar sentir que en algún momento, esa bipolaridad que tanto lo caracterizaba, podía volver, y de un día para otro tratarme mal de nuevo, pues a pesar de llevar ya dos semanas con esa actitud renovada hacia mí, yo aún seguía pensando en que en algún momento vería de nuevo al jefe borde y odioso.
Una vez termino de archivar todos los documentos, me dirijo hacia la salida.
-Con permiso señor- Digo, para después, abrir la puerta y salir de su oficina.

¿Solo mi jefe?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora