Capítulo 74

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Entro al ascensor, acomodando mi camisa y mi americana, así como mi corbata, mientras comienzo a subir a mi piso, y una vez llego, después de unos segundos, veo al final del pasillo a Raúl, lo que provoca que mi corazón se acelere rápidamente.
La tarde de ayer, había estado llena de sentimientos encontrados, pues por un lado, Raúl y yo habíamos vuelto a caer ante la tentación de follar en mi oficina, y aunque había sido un momento increíble y alucinante, lleno de placer para ambos, habíamos estado a punto de ser pillados por el señor Montes, quien había venido a informarnos acerca de esa denuncia que se iba a interponer en nombre de Raúl, algo que me tenía bastante preocupado, así como el hecho de haber hablado con el señor Montes en mi oficina, la cual había sido el escenario de un arrebato de pasión dos minutos antes de que entrara por la puerta. Además de todo eso, también me encontraba preocupado por el tema de Karla, pues desde ayer, no había vuelto a hablar con Andy, quien se iba a encargar de hablar con Fernanda para averiguar si Karla nos había visto a Raúl y a mí en el restaurante.
Tenía demasiadas cosas en la cabeza, demasiadas preocupaciones, y lo único que podía alegrarme el día de hoy, lo único que me hacía olvidarme de todo eso, era Raúl, sus sonrisas, sus besos, sus miradas tiernas sobre mí, todo eso me llenaba de alegría.
Desde el día de ayer, luego de haber follado sin ningún tipo de pudor en mi oficina, no podía sacarme de la mente lo inapropiado que había sido todo, lo mal que me había comportado, sin importarme nada, sin pensar en las consecuencias, en lo incorrecto que era, y aunque se había sentido demasiado bien, no podía quitarme esa inquietud de haber sido tan irresponsable, poniéndonos en riesgo a Raúl y a mí, y a pesar de que ya lo habíamos hecho en mi oficina anteriormente, esa primera vez no la sentí tan indebida como ahora, pues era de noche, bastante tarde, con las oficinas prácticamente vacías, sin embargo, la tarde de ayer, había sido a plena jornada laboral, con el peligro latente de ser pillados, de que alguien quisiera entrar a mi oficina, algo que efectivamente pasó.
Además de ese sentimiento de culpa por no poder controlarme, también me sentía bastante hipócrita, pues no podía evitar recordar cómo años atrás, yo había encontrado a Andy en una situación similar, follando con una asistente mía en su oficina, y durante muchos años yo se lo había reprochado, por mucho tiempo lo había juzgado, pensando en lo sumamente incorrecto que había sido aquello, sin poder entender cómo es que pudo haber hecho algo tan indebido en el lugar de trabajo, pero ahora, años después, aquí estaba yo, haciendo lo mismo, haciendo algo tan impropio en mi propia oficina, y debía decir, que ya no podía juzgar a Andy, ya no podía culparlo por aquello cuando yo había hecho lo mismo, y tenía que admitir, que ahora entendía aquel arrebato suyo, ahora comprendía lo emocionante y excitante en hacer algo tan exquisito en un lugar tan indebido, muchos años después comprendí que era algo bastante divertido de hacer.
Con todos esos pensamientos en mi cabeza, salgo del ascensor, con mi corazón emocionado al ver a Raúl al final del pasillo, dirigiéndome directamente a su escritorio, notando la oficina entera vacía, pues era bastante temprano aún. Una vez frente a él, sube su mirada a mí, dedicándome una sonrisa que acelera mi pulso aún más de ser posible.
-Buenos días- Le digo, con una sonrisa de auténtica felicidad en mis labios.
-Buenos días señor- Me responde.
La noche de ayer, no habíamos tenido la oportunidad de ir juntos a casa, algo que habíamos estado haciendo todos estos días, sin embargo, ayer no había sido posible, pues yo me había tenido que llevar trabajo a casa, ya que estaba bastante ocupado, y aunque durante esta semana había liberado bastante carga de trabajo, aún tenía asuntos pendientes que tenía que dejar listos antes de mi viaje a Liverpool el martes.
-¿Tengo algún mensaje?- Le pregunto, dejando mi maletín en el suelo y reposando mis brazos en su escritorio. Raúl niega con la cabeza.
-Ninguno- Me responde.
-Vale bien- Le digo, mirándolo fijamente- ¿Me podrías recordar qué reuniones tengo para hoy?- Le pregunto. Él asiente, tomando su agenda y mirando por sus páginas, mientras yo observo la cubierta de la misma, admirando esas dos letras "R" doradas en la portada. Luego de unos segundos, Raul habla.
-Vale...tiene a las nueve de la mañana reunión con el departamento de redacción- Comienza a decir- Es acerca de los nuevos lineamientos en el formato de diseño- Agrega, sin despegar su mirada de su agenda.
-Vale...- Respondo, admirando su rostro lleno de concentración.
-Y también tiene otra a las seis de la tarde, con el subdirector general- Me comenta. Yo asiento.
-Perfecto...- Le respondo- Te voy a necesitar en la reunión de las nueve, tomando apuntes y tal...ya sabes- Le comento. Él asiente, sonriéndome.
-Vale, sin problema- Me responde. Yo le sonrío de vuelta, con unas enormes ganas de besarlo, pues no había tocado sus labios desde ayer en la noche al despedirnos en mi oficina.
-Bien...a las nueve nos vamos a la reunión con el departamento de redacción entonces...- Le digo, y él asiente- Ahora, me voy a mi oficina a trabajar, te veo en...- Comienzo a decir, mirando mi reloj de muñeca- Una hora y media...-Agrego. Él asiente de nuevo, sonriendo.
-Hasta entonces- Me responde. Una vez más, contengo las ganas de besarlo, pues aunque la oficina estaba vacía, no podíamos arriesgarnos de esa manera, por lo que simplemente le sonrío con afecto, tomando mi maletín del suelo y caminando hacia mi oficina. Una vez dentro, me dirijo a mi silla, queriendo comenzar a trabajar rápidamente, pues tenía solo una hora y media hasta que comenzara la reunión, por lo que me concentro en comenzar a redactar varios informes que tenía pendientes, pasando así el tiempo bastante rápido.

¿Solo mi jefe?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora