Camino por la recepción, directamente hacia los ascensores, sin mirar a nadie, sin saludar a nadie, pues tenía tantas cosas en la cabeza, tantas cosas pendientes que debía hacer hoy, que me pierdo en mis propios pensamientos, y antes de darme cuenta, ya me encontraba en el piso 19.
Camino por el pasillo hacia mi oficina, notando escritorios vacíos a los lados, pues era aún bastante temprano, y como cada mañana desde hacía dos semanas, me encuentro con mi nuevo asistente sentado en su escritorio, excepto que esta vez se encontraba solo, sin Alex, quien ya había partido el viernes.
-Buenos días- Digo sin ganas, aún pensativo con tantas cosas que debía hacer hoy. Álvarez me sonríe de forma amable, aunque forzada, pues podía ver nervios escondidos detrás de esa sonrisa que quería demostrar cordialidad.
-Buenos días, señor- Me responde. Yo me detengo justo al lado de su escritorio.
-¿Algún mensaje?- Pregunto, pues a pesar de ser temprano, solía recibir mensajes y llamadas igualmente a estas horas. Álvarez niega con la cabeza.
-No señor, ningún mensaje...aunque si que necesito que confirme algunas citas y reuniones que tiene pendientes...- Me dice.
-Ah si, es cierto...lo había olvidado...- Digo, poniendo dos dedos en el puente de mi nariz, en clara señal de estrés.- Joder...- Comento, pensando en que tenía otras mil mierdas por terminar- Vale pues ven a mi oficina, vamos a hacerlo ya mismo- Digo, encaminandome hacia la misma, pensando en que la frase que acababa de decir, no había sonado muy bien.
Una vez en mi oficina, Álvarez cierra la puerta, para después, sacar su agenda, la misma que solía pertenecer a Alex.
Yo me siento en mi escritorio, sacando papeles y más papeles de mi maletín, mientras espero a que Álvarez hable y comience a decirme las reuniones que debía confirmar, sin embargo, no lo hace. Al notar que tarda demasiado, lo miro, y es entonces cuando noto que se encuentra perdido, pasando páginas y páginas de su pequeña agenda, con el ceño fruncido.
-Un...un segundo, señor- Me dice al notar que me encontraba mirándolo fijamente, y en su tono de voz, podía notar nervios y cierta vergüenza.
Luego de dos semanas de capacitación, esa tensión que había notado en él al momento de entrevistarlo para el puesto, seguía ahí, no se había ido, seguía poniéndose nervioso, sin mirarme por mucho tiempo, incómodo en cierta manera, y no comprendía la razón. Durante su capacitación, yo no había querido presionarlo mucho, no me había comportado como normalmente me comportaba, porque comprendía que debía aprender, que debía practicar y ser instruido para realizar bien el trabajo, y ahora que esa capacitación ya había terminado, lo único que esperaba de su parte, era que su desempeño fuera óptimo. No había cometido muchos errores durante esas dos semanas de aprendizaje, sino todo lo contrario, me había sorprendido de la rapidez con la que Álvarez había aprendido, de su disponibilidad, de su compromiso, incluso de su puntualidad, pues cada mañana al llegar yo, él ya se encontraba en su escritorio, muchas veces incluso antes que Alex, quien solía ser bastante puntual, y todo eso, yo lo valoraba, sin embargo, su poca confianza al hablar aún seguía siendo un problema, pues yo había notado que para poder concentrarse, debía apartar su mirada de mí.
Yo estaba más que acostumbrado, desde hacia muchísimo tiempo, a poner nerviosas a las personas, aún sin tener la intención de hacerlo, pero tenía entendido que mi grave tono de voz, mi altura, mi mirada, o simplemente el puesto de trabajo que tenía, imponían respeto, por lo que ver esas miradas nerviosas y asustadizas no era nuevo para mí, aunque de verdad esperaba que mi nuevo asistente pasara esa etapa, y simplemente pudiera hacer bien su trabajo, sin necesidad de sentirse tan nervioso todo el tiempo.
Así mismo, desde el primer día que se presentó a trabajar, dos semanas atrás, le había dejado muy claras las reglas que yo tenía y que debían cumplirse si quería continuar aquí, reglas que para mí eran primordiales. La privacidad de mi oficina. La disponibilidad de su parte. Y la estricta relación laboral entre ambos. No me interesaba tener ningún tipo de amistad, ningún tipo de comunicación con él más allá de lo laboral, pues en mi opinión y experiencia, cuando un asistente comienza a creerse amigo, o colega cercano, el trabajo comenzaba a decaer, era deficiente, mal hecho, y para mí, las cosas debían ser perfectas e impecables. Siempre y cuando esas reglas se cumplieran, y él hiciera bien su trabajo, no tendríamos ningún tipo de problema.
Luego de unos cuantos segundos más, Álvarez finalmente encuentra la información que había estado buscando desesperadamente.
-Vale...emm...para empezar, la reunión con el presidente de la sede de Madrid...-Me dice, y yo asiento.
-Vale...¿Cuándo tengo hueco?- Pregunto. Él nuevamente da vuelta a varias páginas, hasta que vuelve a hablar.
-Podría ser el veinte o el veintinueve de este mes- Me dice. Yo pienso por un momento.
-Vale, pues el veintinueve- Respondo. Él asiente y hace anotaciones en la agenda.
-Vale, perfecto- Responde- La siguiente es...la reunión con los inversionistas de la empresa alemana...emm...Al...Alpon... - Comienza a decir, leyendo su agenda. Yo comprendo lo que quiere decir y le interrumpo en su intento de pronunciar el nombre de la empresa.
-Alphonse Schröder gebrüder Gruppe- Digo, en alemán. Álvarez me mira con impresión, para después asentir.
-Si...si esa- Me dice, riendo un poco- Como...como ya le he dicho antes, para este mes tiene libre el día veinte solamente, y para agosto...tiene libres el tres, el doce, y del veinte al veintiséis- Termina por decir, sin dejar de mirar su agenda.
-Vale...pues agendala para el tres de agosto, que quiero guardar el espacio del veinte de este mes para algo más- Explico, pensando en otras reuniones que eran algo más importantes y primordiales que esa.
-Vale...- Dice, nuevamente anotando en la agenda.- Por último queda la reunión con los socios de mercadotecnia y publicidad- Me dice, y yo asiento.
-Esa me da igual, elige tú un día del mes de agosto y agendalos- Digo. Él asiente y hace anotaciones de nuevo.
-Vale, pues eso sería todo, señor- Me dice. Yo asiento, volviendo a sacar más papeles de mi maletín, sintiendo que estos minutos que había perdido en esto, eran muy valiosos.
-Bien, perfecto- Digo sin más. Álvarez se dirige a la puerta, y antes de abrirla, vuelvo a hablar- El día de hoy no quiero recibir a nadie, ni llamadas ni nada- Digo, pues hoy necesitaba hacer demasiadas cosas y no quería tener ninguna distracción. Álvarez me mira y asiente.
-De acuerdo- Me dice, para después, abrir la puerta - Con permiso- Dice antes de salir.
Una vez solo en mi oficina, enciendo mi ordenador, para después comenzar a redactar un documento que tenía pendiente, uno de los muchos que debía hacer hoy, sin embargo, luego de tan solo diez minutos escribiendo, el teléfono de mi oficina suena. Lo levanto de mala gana.
-¿Qué pasa?- Pregunto, algo exasperado, pues no lograba entender qué parte de que no quería recibir llamadas, no había entendido Álvarez.
-Disculpe señor...pero tengo en la línea a...- Comienza a decir, sin embargo, lo interrumpo.
-Te he dicho que no estoy para nadie Álvarez- Digo sin más, para después, colgar el teléfono. Continúo con la redacción del documento, de la cual ya había perdido el hilo, y cuando me encuentro releyendolo para ver cómo continuar, el teléfono suena una vez más. Mi enfado incrementa considerablemente.
-Álvarez...¿Qué parte de "No quiero recibir a nadie" no ha quedado clara?- Pregunto al levantar el telefono, evidentemente irritado.
-Lo siento señor...sé lo que ha dicho, lo que pasa es que el...- Comienza a explicar, y una vez más, lo interrumpo.
-Te he dicho que no estoy para nadie Álvarez, estoy muy ocupado ¿Tan difícil es de entender?- Pregunto.
-N...no señor...yo- Comienza a decir, y de nuevo, lo interrumpo.
-Como vuelva a sonar el teléfono una vez más, hoy mismo te vas de esta oficina y no vuelves ¿Queda claro?- Digo, totalmente frustrado y enfadado.
-S...si...señor- Me dice, con una voz apenas audible. Yo cuelgo de nuevo la llamada, esperando no escuchar el molesto sonido del teléfono de nuevo. Continúo leyendo la redacción, sin comprender muy bien dónde me había quedado luego de tantas interrupciones, y después de unos segundos más, continúo escribiendo.
Luego de no más de dos minutos, la puerta de mi oficina se abre de golpe, haciendo que me sobresalte. Al mirar hacia la puerta y ver quién se atrevía a entrar de esa manera, esperaba encontrar a mi nuevo y al parecer inoperante asistente, sin embargo, no es a él a quien veo.
-¡¿Por qué coño no respondes al teléfono?!- Andy se encontraba mirándome desde la entrada, visiblemente desesperado y con una mirada totalmente alterada. Yo lo miro sin entender nada.
-¿Qué coño hace...- Mi pregunta se queda a medias, pues Andy me interrumpe.
-Reborn ven ya mismo a la puta sala de juntas que están aquí los inversionistas mayoritarios y están a nada de retirar todo el capital- Me dice de pronto y sin pausas. Yo abro mucho los ojos, pues lo que me estaba diciendo era demasiado grave.
-¿Qué?- Le pregunto, levantandome de mi silla y acercándome a él.
-¡Tú ven, coño!- Me dice, gritandome y saliendo de la oficina. Yo lo sigo totalmente confundido, y al dirigirnos al ascensor, paso al lado del escritorio de Álvarez, quien me mira con resentimiento y rencor, haciéndome sentir de pronto como un gilipollas por haberle colgado dos veces el teléfono cuando la situación para la que me llamaba, era sumamente importante y urgente, sin embargo, continúo mi camino, pues tenía ahora mismo asuntos muchísimo más importantes que atender.
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¿Solo mi jefe?
RomansaPara el señor Reborn, Álvarez era un nuevo y novato asistente, uno al que debía acostumbrarse. Para Raúl Álvarez, el señor Reborn era su nuevo jefe, uno con un difícil temperamento y una actitud cambiante. Un nuevo trabajo siempre conlleva cambios...
