Camino por la acera, sin ningún tipo de prisa, pues iba bastante puntual, como cada día realmente. Una vez en recepción, me dirijo al ascensor, el cual espero por unos minutos, hasta que finalmente, este me abre sus puertas, dejándome ver a un par de personas, a las cuales sonrío con amabilidad.
Una vez dentro del ascensor, oprimo el piso diecinueve, para después, sentir cómo este comienza su camino hacia arriba.
Me encontraba bastante descansado, sintiéndome fresco y con bastante energía, a pesar de que la noche de ayer, el señor Reborn me había despertado de mi descanso para venir a la oficina, aunque afortunadamente, me había dado permiso de llegar tarde hoy, por lo que había tenido la oportunidad de descansar bastante y recuperar ese par de horas de sueño que me había arrebatado.
La noche de ayer había sido complicada, y muy difícil de sobrellevar, y no precisamente por el trabajo, o por el hecho de haber tenido que venir a la oficina a las tres de la mañana, sino porque el haber estado a solas con mi jefe, en una oficina completamente vacía y a oscuras, me había puesto bastante nervioso, sin contar ese momento en el cual una vez más, había tenido que ponerle la corbata, y teniéndolo tan cerca, inspirando su olor, era todavía más difícil controlar el ritmo de mi corazón acelerandose. Además de eso, había tenido que soportar otra vez ese encierro en el ascensor con él, ese viaje que se hacía eterno cuando lo tenía a él al lado, uno que me ponía excesivamente nervioso, respirando el aroma de mi jefe, mientras sentía una tensión casi palpable en el ambiente. Estaba seguro de que solamente yo sentía esa tensión, pero de cualquier manera, había hecho todo lo posible para que no se notaran mis nervios durante la noche de ayer.
Mi atracción hacia mi jefe se hacía cada vez mayor, en lugar de hacer todo lo contrario, pues con cada palabra que me dedicaba, con cada sonrisa, incluso con cada insignificante movimiento que él hacía, me gustaba más, y francamente odiaba eso, pues quería dejar de verlo de esa manera, porque me ponía nervioso y eso entorpecia mi trabajo y mi capacidad de concentrarme en mis deberes.
Una vez el ascensor me deja en el piso diecinueve, salgo hacia el pasillo, saludando a varios compañeros con una sonrisa, y una vez llego hasta mi escritorio, dejo mi mochila en el mismo, de la cual saco mi agenda. Tomo una gran bocanada de aire, para después, soltarlo lentamente, preparándome para entrar a la ofiicna de mi jefe.
Una vez abro la puerta, me lo encuentro concentrado mirando su ordenador, pero en cuanto nota mi presencia, sube su mirada a mí. Lo primero que noto al verlo, es que se encontraba vistiendo su camisa negra, con corbata igualmente negra, un atuendo que ya había visto antes, pero que siempre me aceleraba el pulso, pues se veía realmente bien.
-Buenas...buenas tardes, señor Reborn- Digo, de forma amable, pero sintiéndome jodidamente nervioso.
-Buenas Álvarez ¿Qué tal has dormido?- Me pregunta.
-Bien, muy bien, he recuperado las horas de sueño de ayer la verdad- Respondo- ¿Y usted? ¿Ha llegado más tarde, al igual que yo?- Le pregunto, y él niega con la cabeza.
-Qué va, yo he llegado a la misma hora de siempre- Me responde.
-Ah vale...pues qué mal, usted también necesitaba dormir- Le contesto.
-No pasa nada, estoy acostumbrado a dormir pocas horas de cualquier forma- Me dice. Yo asiento.
-Vale...- Respondo- Bueno pues yo...venía a decirle que ya he llegado, y también a confirmar unas cuantas citas que tiene pendientes- Agrego.
-Vale, adelante- Me dice. Yo dirijo mi mirada a mi agenda.
-Tiene una reunión pendiente con el departamento de publicidad, es acerca del proyecto de diseño con el cual han tenido problemas, y la reunión será para confirmar definitivamente el proyecto de diseño- Explico.
-Joder...qué pesadilla- Responde mi jefe.
-Puedo agendarla para cualquier día después del día diez de este mes- Le digo.
-Déjala para el último día del mes, quiero postergar esa reunión lo más que se pueda- Me dice. Yo asiento.
-Vale, la dejo entonces para el día treinta, a las...¿Nueve de la mañana?- Pregunto.
-A las nueve está bien- Me dice.
-Vale- Respondo, anotando la reunión en mi agenda.
Repetimos el mismo proceso cinco veces, agendando varias reuniones para este mes y otras cuantas para el siguiente.
-Bien pues...eso sería todo- Le comento, cerrando mi agenda- Solo necesito que me firme unos cuantos papeles que tiene pendientes, son algunas autorizaciones y un par de copias de contratos- Le explico.
-Vale, sin problema- Me dice.
-Ahora se los traigo- Le digo, para después, dirigirme a mi escritorio, en donde dejo mi agenda y tomo unos cuantos papeles. Una vez regreso a la oficina de mi jefe, dejo los papeles sobre su escritorio. -Aquí tiene- Le digo.- No son urgentes, así que no necesito que los firme ya, pero si que estén listos al menos para hoy en la noche- Le comento, y él asiente.
-Bien, los firmaré más tarde entonces- Me dice.
-Vale- Respondo- Por cierto, ya casi termino la transcripción de la reunión de ayer por la tarde con el departamento de mercadotecnia, se la tendré lista en...una hora más o menos- Le digo, y él se sorprende de forma visible.
-¿Tan rápido? Vale, bien- Me dice. Yo sonrío, desviando mi mirada a otro lado, pues verlo directamente a los ojos por mucho tiempo, me ponía muy nervioso.
-Me voy a mi lugar...¿Necesita algo más?- Le pregunto, como siempre hacía antes de salir de su oficina.
-De hecho si, necesito que me ayudes con algo- Me dice, poniéndose algo más serio.
-Vale, dígame- Respondo.
-Bueno...la cosa es que...esta mañana, cuando tú no estabas, he tenido que buscar unos cuantos documentos que necesitaba, y claro, como siempre, se me ha dificultado bastante encontrarlos en el archivo- Comienza a decir- Y...bueno, ya sabes que a mí el actual sistema de archivado nunca...nunca me ha gustado- Continúa diciendo, mientras me mira fijamente, pero entonces, hace una pausa, mirando hacia otro lado, y yo podía notar que estaba buscando las palabras que decir a continuación- Y a ver...yo sé que...sé que tú tenías una idea...para cambiarlo ¿No?- Me pregunta. Yo frunzo el ceño, recordando cómo semanas atrás, le había planteado mi idea de cambiar el sistema de archivado, idea que él había aceptado, sin embargo, al momento de querer implementarla, él me había sacado a gritos de su oficina, diciéndome que no le interesaba mi idea, que no tenía tiempo para gilipolleces, y que saliera de su oficina. Recuerdo vividamente lo humillado, lo avergonzado y lo enfadado que me sentí en aquel momento, y cómo los días que vinieron después, me dedique a prácticamente ignorar al señor Reborn, dirigiendole la palabra solamente para lo necesario. Estaba seguro que la mirada que me estaba dedicando ahora mismo, una llena de vergüenza y podría decir que arrepentimiento, era por ese día, y la forma en que me había tratado.
-Eh...si, tenía un sistema pensado para implementar, pero usted no...usted no quiso que lo cambiara- Explico. El señor Reborn se me queda mirando, visiblemente apenado, para entonces, levantarse de su silla, rodeando su escritorio y situarse frente a mí, con sus manos en sus bolsillos. Mi ritmo cardíaco aumenta inmediatamente.
-Me...me acuerdo- Me dice, mirándome a los ojos. -Y me...bueno, me disculpo por...por haberte impedido que lo implementaras...- Agrega, con evidente pena en su tono de voz y arrepentimiento en su mirada. Yo me siento incapaz de verlo a los ojos por más tiempo, por lo que dirijo mi vista a su corbata- Y si aún...si aún tienes ese sistema del que me habías comentado...quisiera, quisiera pedirte el favor de que lo cambies, si aún lo tienes, y si te es posible- Termina por decir. Yo dirijo mi mirada nuevamente a sus ojos, y en ellos, a diferencia de aquel día en el cual me sacó de su oficina, podía ver bondad, humildad, podía ver cordialidad, e incluso algo de dulzura, lo que me hace pensar que era imposible que el hombre que se encontraba frente a mí, fuera el mismo que me sacó a gritos de su oficina.
-Pues...pues si, aún lo tengo, si- Le digo, sintiéndome algo cohibido ante su mirada sobre mí- Y claro, puedo implementarlo, sin problema, solo dígame cuando- Agrego. El señor Reborn me sonríe, de una forma jodidamente bonita, lo que me hace apartar mi mirada otra vez.
-Cuando puedas, cualquier día está bien- Me dice. Yo pienso por un momento en la disponibilidad que tenía para hacerlo.
-Bueno, ahora mismo no puedo porque necesito terminar la transcripción de ayer, pero podría hacerlo más tarde- Comienzo a decir- Tenía pendiente hacer también la transcripción de la reunión con los socios de Toronto, pero usted me ha dicho que esa no es urgente ¿No?- Le pregunto, y él asiente.
-Correcto- Me responde.
-Vale, pues...esa la puedo hacer después, así que...si no es inconveniente para usted, puedo cambiar el sistema hoy, más tarde- Digo. Mi jefe asiente.
-Vale perfecto, cuando quieras- Me dice.
-Bien, pues...vendré más tarde a eso entonces, habrá un desastre de papeles eso si- Le digo.
-Lo sé, no te preocupes, está bien, solo espero que con ese nuevo sistema todo sea más rápido y eficiente- Me dice.
-Lo será, se lo garantizo- Le digo, con seguridad, pues sabía que lo que tenía en mente, iba a agilizar todo mucho más. El señor Reborn sonríe ante mi respuesta, mientras yo siento que no podría soportar una más de esas sonrisas, sin importar cuanto me gustara verlas. -En fin me...me voy, vendré más tarde para...para hacer eso ¿Vale?- Le digo, nervioso y queriendo salir de aquí. Él asiente.
-Vale perfecto, gracias- Me dice, de forma sincera.
-¿Necesita algo más?- Le pregunto. Mi jefe se me queda mirando por unos segundos, para después, negar con la cabeza.
-No, nada más- Responde, aunque a mí no me sonaba muy convencido, aún así, me dirijo a la puerta.
-Vale, con permiso- Digo, abriendo la puerta y saliendo de su oficina.
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¿Solo mi jefe?
FanfictionPara el señor Reborn, Álvarez era un nuevo y novato asistente, uno al que debía acostumbrarse. Para Raúl Álvarez, el señor Reborn era su nuevo jefe, uno con un difícil temperamento y una actitud cambiante. Un nuevo trabajo siempre conlleva cambios...
