Continúo realizando varias llamadas, mientras al mismo tiempo redacto unos cuantos documentos bastante importantes que debía llevar a varios departamentos. No había parado de trabajar en todo el día, y aunque no me molestaba tener tanta carga de trabajo, sí que podía notar el cansancio en mi espalda baja.
Llevaba toda la tarde así, ocupado, sin querer dejar ni un poco de tiempo libre, pues es cuando venían todos esos pensamientos que me rehusaba a escuchar.
La noche de ayer me había costado bastante dormir, pues luego de haber recibido ese mensaje de mi jefe, me costó conciliar el sueño, me costó demasiado dejar de pensar en lo que me había escrito, algo que seguía en mi cabeza hasta ahora.
Luego de haber recibido ese mensaje, con palabras que sinceramente me llegaron al corazón, me dediqué por varias horas a pensar en si llamarlo o no, me dediqué a analizar las posibilidades, la posibilidad de llamarle y darle la oportunidad de decirme lo que tenía para decirme, y tambien analicé la posibilidad de no llamarle y simplemente ignorar ese mensaje. Y después comencé a pensar en muchas cosas, en lo mucho que me dolía toda esta situación, en lo mucho que deseaba al señor Reborn, en lo mucho que me encontraba sintiendo por él, y entonces me di cuenta de que era todo demasiado intenso, todo lo que sentía por él era muy grande, más de lo que pensaba, y tenía que pararlo, tenía que parar antes de que fuera demasiado tarde, antes de permitirle entrar más profundo a mi corazón y que me hiciera todavía más daño, aunque una pequeña parte de mí, seguía diciéndome que ya era demasiado tarde.
Con todo eso en mente, ignorando todos mis sentimientos y deseos, me decidí por la segunda posibilidad, la de ignorar el mensaje de mi jefe, pues no podía darle otra oportunidad, no quería pasar por lo mismo, quería superarlo, quería comenzar a olvidarlo, y al momento de decidirme por eso, me di cuenta de que la única manera era evitandolo lo más posible, evitando encuentros a solas en su oficina, evitando sus intentos de hablar conmigo, evitando sus miradas llenas de tristeza y súplica sobre mí. Tenía que evitar todo eso, y tal vez así, podía comenzar a olvidarlo, tal vez podía comenzar a superar todo lo que sentía por él, todo lo que esa noche en su cama me hizo sentir y que continuaba hasta el día de hoy haciéndome temblar de solo recordarlo.
Era debido a eso que durante la mañana de hoy, me había dedicado a ser bastante indiferente con mi jefe, sin mirarle mucho, sin hablarle mucho más que para lo esencial, y pude notar en él confusión ante mi nueva actitud, algo que debía ignorar, sin importar lo doloroso que fuera.
Me encontraba ahora mismo corrigiendo informes, algo que llevaba haciendo ya por dos horas y media, en las cuales había estado solo, sin mi jefe, pues él se encontraba ahora mismo en una conferencia, y debía decir que durante este par de horas, me había sentido bastante tranquilo, sin esos nervios que me provocaba mi jefe, sin el latir de mi corazón yendo deprisa al verlo salir de su oficina y dirigirse hacia mí, por lo que así continúa la tarde, bastante relajada, sin embargo, no podía ser así por siempre, pues luego de una hora mas, lo veo salir del ascensor, dirigiendose directamente a mí. Mi cuerpo inmediatamente se emociona de todas las formas posibles, e ignorando todas esas sensaciones, decido fingir tranquilidad, mientras veo de reojo a mi jefe acercándose a mí.
-He vuelto- Me dice una vez se encuentra a mi lado, con un tono de voz apagado.- ¿Alguna llamada importante?- Pregunta.
-Sí, han llamado un par de socios para agendar reuniones, pero necesito mirar con usted la disponibilidad que tiene y qué tan urgentes son- Le digo, sin siquiera mirarle, pues de hacerlo, me iba a sentir débil, ya que sus ojos tenían demasiado poder sobre mí.
-Vale, pues...ven a mi oficina, lo miramos ya mismo- Me responde. Yo me pongo nervioso al instante, sin embargo, intento aparentar tranquilidad, levantándome y yendo hasta su oficina. Una vez dentro los dos, mi jefe cierra la puerta, y es entonces cuando me invaden recuerdos de la manera en que casi nos besamos aquí mismo dos noches atrás. Me despejo de ese recuerdo, queriendo serenarme.
-Vale...dime- Me dice mi jefe, centrando su atención en mí. Yo dirijo mi mirada a mi agenda, queriendo evitar sus ojos.
-La primera es con el señor Gutierrez, de la compañía de suministros de Denver, hay que agendar reunión con él- Digo, subiendo mi mirada a él, algo que me provoca emoción por todo el cuerpo.
-Vale...eh...¿Cuándo tengo disponibilidad?- Pregunta.
-Cualquier día del siguiente mes- Respondo, desviando mi mirada de él, pues lo que me hacía sentir era demasiado intenso.
-Vale pues...el día quince está bien- Me dice. Yo asiento y hago anotaciones en mi agenda.
-Bien...la siguiente es con el subdirector de mercadotecnia, acerca del presupuesto preliminar del próximo año- Le comento.
-Si tengo hueco para este mes, agendala- Responde. Yo miro mi agenda de nuevo por unos segundos, para después, mirarlo a él.
-Vale, queda para el día veinte, a las diez de la mañana- Respondo, mientras él asiente, simplemente mirándome- Esas son todas- Agrego, viendo hacia otro lado, y con una urgente necesidad de salir de su oficina, pues su presencia me afectaba demasiado, me ponía demasiado nervioso, y tenerlo frente a mí, prestandome toda su atención, hacía mi cuerpo temblar, eso me provocaba con una simple mirada, y me parecía francamente alucinante, pero también molesto, porque quería dejar de sentirme así, de verdad quería que mi cuerpo dejara de reaccionar de esta manera.
-Bien- Me responde, mientras me observa fijamente, sin decir nada por unos segundos. Como me solía pasar siempre, yo me pierdo en su mirada, me dejo llevar por ella, despistandome, olvidando mis planes de simplemente ignorar su presencia lo más posible, pero era tan complicado, me era de verdad difícil controlarme, porque me encontraba sintiendo de todo, y tenía que admitir que sus ojos me encantaban, me gustaban mucho, todo él me gustaba, cada mínima parte, pero no podía decírselo, no podía admitirlo.
Me despejo de lo que mi mente comienza a pensar, dándome cuenta de que llevábamos unos cuantos segundos sin decir nada, y es entonces cuando mi jefe rompe ese silencio. -¿Algo más que quieras decirme?- Me pregunta, en un tono de voz bajo, con una connotación muy personal detrás, porque sentía que no estaba hablando del trabajo ni de las reuniones que había venido a mencionarle. Me le quedo mirando, pensando en su pregunta, y entonces el mensaje que me envió la tarde de ayer, viene a mí, debilitándome, provocandome punzadas de dolor en el corazón, porque sí, había muchas cosas que quería decirle, había muchas cosas que quería que supiera, quería decirle que su mensaje me había llegado al corazón, quería decirle que la noche de ayer consideré varias veces llamarlo, quería decirle que lo deseaba
muchísimo, que quería estar con él, que quería que me besara, que me tomara de nuevo como aquella noche, con esa pasión, con ese ímpetu que seguía acelerando el ritmo de mi corazón simplemente al recordarlo.
Sí, quería decirle muchas cosas, pero no podía, no debía, porque todo esto era una situación demasiado complicada, él era demasiado complicado, y necesitaba alejarme de eso, alejarme de la dinámica de simplemente dejarme lastimar por él. Con muchísimo dolor en el corazón, sintiéndolo latir rápidamente ante la mirada que me estaba dedicando el señor Reborn, hablo, bajando mi mirada.
-No...nada- Respondo sin más, sintiendo el dolor en mi pecho aumentar ante mis palabras, haciéndome daño yo mismo. Mi jefe se me queda mirando, como si estuviera esperando a que dijera algo más, y sintiéndome débil ante su mirada tan triste sobre mí, decido irme, porque de verdad me estaba afectando- Me retiro, con permiso- Agrego, para después, salir por la puerta, sintiendo demasiada angustia, demasiada tristeza al dejarlo solo, porque quería hacer todo lo contrario, quería hacerle compañía, quería abrazarlo y quitarle de alguna manera esa tristeza que había visto en él.
Una vez de regreso en mi escritorio, continúo trabajando, hasta que después de diez minutos, veo llegar a Andy.
-Hola Raúl- Me saluda una vez se encuentra frente a mí, con una sonrisa en su rostro.
-Hola Andy ¿Cómo estás?- Respondo, intentando aparentar al menos algo de alegría, pues me encontraba demasiado triste y no quería que él lo notara.
-Estoy reventado no te voy a mentir- Me responde, riendo un poco- Pero bueno, ahora mismo necesito ver a tu jefe- Agrega. Yo asiento.
-Vale, adelante él...él está...bueno no sé si está ocupado pero...puedes pasar- Le digo. Él me sonríe.
-Vale perfecto, gracias- Me comenta, para después, dirigirse a la oficina del señor Reborn, y cinco minutos más tarde, ambos salen de la misma.
-Álvarez...voy a...voy con Andy un momento- Me dice mi jefe una vez se encuentra junto a mi escritorio, de forma desganada- Regreso en un rato- Agrega. Yo lo miro, notando en él aún esa tristeza que había visto antes.
-Vale- Le digo sin más, y es entonces cuando Andy y él se encaminan hacia el ascensor, desapareciendo de mi vista tras las puertas del mismo.
Una vez de nuevo solo, continúo con mi trabajo, aunque con mi cabeza aún en otro lado, y después de unos minutos, mi móvil comienza a sonar. Lo busco rápidamente por mi escritorio, y al encontrarlo y mirar quién me llamaba, respondo.
-Hola- Digo, nuevamente intentando aparentar algo que no fuera tristeza en mi voz.
-Hola Raúl ¿Cómo estás?- Me dice Carlos al otro lado del teléfono.
-Hola Carlos...bien- Respondo, aunque la palabra bien no definía para nada la forma en que me sentía ahora mismo.- ¿Y tú qué tal?- Le pregunto.
-Bien también, estaba ahora mismo tomándome un descanso del trabajo y bueno, quise llamarte, espero no estar interrumpiendote o algo, que sé que estás en el trabajo- Me comenta. Yo no tenía ningun problema con que me llamara, además de que no me encontraba haciendo nada importante, sin embargo, ahora mismo no tenía ganas de charlar, no me apetecía fingir que me encontraba bien cuando aún estaba sintiendo esa punzada en el corazón que llevaba ahí desde ayer al recibir ese mensaje de mi jefe.
-Eh no...ahora mismo no me interrumpes, pero en un momento tengo una reunión importante- Le comento, mintiendo.
-Ah vale...bien, bueno solo...solo quería escucharte un momento- Me comenta- Y bueno, quería saber también si te apetecía ir a cenar conmigo hoy- Agrega. Dejo salir un suspiro, meditando su propuesta. No estaba seguro de querer ir a cenar con él, pues aunque fuera mi amigo, sabía que se encontraba sintiendo cosas por mí, y no quería ilusionarlo, no quería que pensara que en algún momento yo le podría dar una oportunidad de volver a esa relación que tuvimos, además de que ahora mismo, emocionalmente yo me encontraba en la absoluta mierda, sintiendo muchísimas cosas por alguien por quien no debería.
-Eh...bueno lo que pasa es que no sé a qué hora salga del trabajo hoy la verdad...- Le comento, nuevamente mintiendo, pues me sentía mal de rechazar su invitación directamente.
-Bueno no pasa nada, te espero sin problema a que salgas de trabajar, puedo ir yo por ti incluso, si quieres- Me dice, y es entonces cuando mis ojos se abren demasiado, pues no podía tenerlo aquí, viniendo por mí justo frente a mi jefe, y a pesar de que yo no tuviera nada con el señor Reborn, de igual manera no era una situación que quisiera afrontar.
-No no no, no te preocupes no...no es necesario, eh...vamos...vamos a cenar, y si quieres te...si quieres te puedo ver allá, cuando salga de trabajar- Le digo, titubeando, sintiéndome nervioso al imaginarme una situación tan incómoda.
-Vale perfecto- Me responde Carlos, con evidente alegría en su voz- ¿A qué hora saldrías más o menos?- Me pregunta.
-Pues...voy a...voy a intentar salir a las ocho, y te veo en el restaurante a las...no sé, ocho y quince o algo así ¿Te parece?- Le pregunto.
-Me parece bien- Me responde, nuevamente con alegría en su voz- Te dejo entonces, ya no te interrumpo más- Agrega, haciéndome sentir mal, pues realmente no tenía nada que hacer- Nos vemos en la noche- Termina por decir.
-Venga, nos vemos- Respondo, para después, cortar la llamada.
Me quedo mirando mi escritorio, analizando toda la situación, pensando en que esa cena no era una buena idea, pues sintiéndome tan vulnerable como me sentía, no quería hacer tonterías, no quería cometer errores o actuar de forma equivocada simplemente por estar en un momento tan difícil. La situación con el señor Reborn me tenía francamente mal, pues cada mañana al despertar desde esa noche que pasé con él, era un suplicio, era un suplicio levantarme de la cama recordando que tenía que verlo en la oficina, era un suplicio llegar aquí y ver esos ojos que tanto me debilitaban, era un suplicio sentir tantas cosas por él, queriendo besarlo, queriendo aceptar sus palabras, queriendo creer en ellas, y todo eso me tenía mal, me tenía triste, confundido, desganado, porque quería estar tranquilo, quería volver a sentirme bien en presencia de mi jefe, sin tantos sentimientos de por medio, sin tantas dudas, sin tantas inseguridades que él mismo había provocado en mí con sus actitudes.
Tenía que dejar de darle vueltas, pues no había realmente nada que pudiera hacer para remediar la situación, nada más que seguir con ese plan de intentar olvidarme de mi jefe, y de todo lo que me hacía sentir.
ESTÁS LEYENDO
¿Solo mi jefe?
Fiksi PenggemarPara el señor Reborn, Álvarez era un nuevo y novato asistente, uno al que debía acostumbrarse. Para Raúl Álvarez, el señor Reborn era su nuevo jefe, uno con un difícil temperamento y una actitud cambiante. Un nuevo trabajo siempre conlleva cambios...
