Habían pasado ya tres días, y estando ahora a día viernes, lo único que quería era terminar la jornada laboral e irme a mi casa a dormir, o al menos a fingir que podía dormir.
La situación con mi jefe durante toda la semana siguió de la misma manera, él continuaba tratandome de forma grosera, pedante, pidiéndome cosas sin ningún tipo de amabilidad, y yo por mi parte, más de lo mismo, pues no le respondía de forma verbal, no le miraba a los ojos, en parte porque no quería, pero también porque el hacerlo me removía demasiadas cosas.
De igual manera durante esta semana, había realizado mi trabajo de una manera mediocre, algo que había hecho de forma totalmente deliberada, pues no quería ser ese buen empleado que era, no quería auxiliar a mi jefe y hacerle las cosas más fáciles, pues no se lo merecía, y era por eso que durante estos días, había ignorado varias de mis funciones principales, había dejado de atender algunas llamadas, de agendar y confirmar las citas del señor Reborn, había estado llegando tarde a la oficina, había dejado de archivar documentos, los cuales se estaban acumulando en mi escritorio. No me importaba si todo esto me causaba el despido, pues de ser así, mi jefe tenía que darme una buena compensación por hacerlo, algo que no me venía nada mal, pero yo no pensaba renunciar por mi propio pie, a pesar de que ver el rostro de mi jefe cada día me provocara tanta molestia.
Mientras me encuentro tomando mi primer café del día, siendo las 7:25 de la mañana, las puertas del ascensor se abren, y es entonces cuando mi jefe sale de ellas, caminando a paso apresurado por el pasillo. Yo bajo mi mirada rápidamente a mi escritorio, ignorando su presencia, y al llegar hasta mí, me habla.
-¿Algún mensaje?- Me pregunta sin más, con un tono serio, monótono, uno que llevaba utilizando conmigo todos estos días.
Apenas podía creer que hace tan solo una semana atrás, él y yo éramos prácticamente colegas, pues nos llevábamos realmente bien, solíamos ser amables el uno con el otro, habíamos incluso ido a cenar recientemente, pero ahora todo era diferente, y ya no solo por lo que pasó entre los dos, sino porque ahora su actitud hacia mí era nuevamente una mierda, esa actitud que por mucho tiempo dejé de ver, pero que ahora había vuelto, y siendo incluso peor.
Niego con la cabeza ante su pregunta, sin mirarle, y de reojo, puedo ver cómo continúa con su mirada sobre mí. -¿Y todos esos documentos?- Me pregunta. Yo asumo que se refería a la gran pila de papeles que debía archivar y que ya se estaban acumulando en mi escritorio.
-Es archivo- Le comento, para después, tomar un gran trago a mi café.
-Y si es archivo...¿Por qué no está en el archivo?- Me pregunta.
-Porque aún no lo he archivado, señor- Respondo, serio.
-¿Y se puede saber por qué?- Me pregunta. Yo miro los papeles a mi lado, para después, enfocarme nuevamente en mi café.
-Bueno, últimamente usted me menciona mucho que no le moleste en su oficina, que necesita silencio...así que eso hago, no le molesto- Respondo, recordando cómo a la mañana siguiente de haber estado juntos, me había prácticamente gritado que me largara de su oficina. Mi jefe se queda callado por unos segundos, para después, escuchar cómo deja salir un suspiro.
-Ven a mi oficina, ahora mismo- Me dice, dirigiendose a la puerta de madera detrás de mí. Yo pongo los ojos en blanco, con fastidio, sin embargo, lo sigo. Al entrar a su oficina, mi jefe se queda de pie cerca de la puerta, y una vez entro yo, la cierra tras de mí, quedándose justo a mi lado, mirándome. Yo dirijo mi mirada hacia el ventanal, sin querer verlo a los ojos.
-¿Qué está pasando, Álvarez?- Me pregunta de pronto.
-¿De qué, señor?- Pregunto.
-Deja de hacerte el tonto conmigo por favor- Comienza a decir, con sus ojos fijos en mí. Yo bajo mi mirada al suelo.- Esta semana has estado haciendo las cosas mal, me has aplazado varias reuniones que eran urgentes para el próximo mes a pesar de tener espacio disponible, me has entregado reportes mal escritos, llevas toda la semana apilando el archivo en tu escritorio y van varios días que llegas tarde- Agrega, con un tono de voz firme. Yo intento contener una sonrisa, pues me parecía hasta gracioso que se sorprendiera de mi mal desempeño, cuando él me trataba como a una mierda, algo que al parecer sí que estaba bien hacer. Continúo callado, mirando hacia el ventanal, con mis manos en mis bolsillos, y es entonces cuando mi jefe se acerca un poco más, posandose ahora frente a mí, de modo que me obliga a mirarlo a los ojos, y en ese momento, mi corazón da un vuelco, mientras las mariposas de mi estómago se alborotan inmediatamente.- ¿Qué está pasando? ¿Por qué estás haciendo tu trabajo tan mal? Sé lo competente que eres, y no me creo que todos los errores que has tenido últimamente hayan sido sin querer.- Me dice. Bajo mi mirada de sus ojos, a su corbata, y entonces la imagen de aquella noche viene a mí, cuando mis manos se encargaron de retirarla de su cuello. Mi corazón se acelera aún más, y entonces unos nervios incontrolables me invaden. No me veía capaz de responder nada, pues los nervios no me lo permitían, su presencia tan cerca de mí me estaba nublando la mente, mientras su colonia llega a mi nariz, esa colonia tan deliciosa y embriagante. Odiaba sentirme de esta manera, odiaba que mi cuerpo no entendiera que el hombre frente a mí, era de lo más irritante que había, y odiaba que mi corazón siguiera cautivandose simplemente por su mirada. Intento respirar, pues su gran figura frente mí me estaba cortando el aire.- ¿No me vas a responder?- Me pregunta, con un tono de voz grave.
-No sé qué quiere que le diga, he cometido errores y ya, sin más- Respondo. Él niega con la cabeza.
-No, no has cometido errores sin más, estás de manera totalmente deliberada saboteando todo tu trabajo, y quiero saber por qué- Responde. Mi mirada sube a él nuevamente, notando en sus ojos enfado. No me podía creer lo sumamente imbécil que era mi jefe, creyéndose con el derecho de tratarme mal, pero aún así esperando una buena actitud de mi parte. Sintiéndome de pronto fastidiado por su estupidez, hablo.
-Hago mi trabajo lo mejor que puedo, como siempre- Respondo sin más, serio.
Mi jefe se gira, caminando frustrado hacia su escritorio, suspirando fuertemente, para después, regresar y posarse frente a mí de nuevo.
-Esto es personal ¿No?- Pregunta de pronto- Porque tus tratos y tus actitudes hacia mí últimamente son altaneras, groseras...¿Qué te tiene tan jodidamente molesto conmigo?- Pregunta. Yo frunzo el ceño, sin poder creer lo sinvergüenza que era.
-¿En serio me está preguntando eso? Su actitud hacia mí tampoco ha sido la mejor ¿Qué coño le hace pensar que puede tratarme mal y que yo aún así siga siendo amable con usted?- Pregunto, subiendo mi tono de voz, sintiéndome totalmente enfadado ante tanto descaro de su parte. Él se sorprende ante mi respuesta, evidentemente extrañado de mi tono de voz más alto, y entonces simplemente me mira, y en sus ojos, podía notar duda.
-El hecho de ser o no amable contigo, no tiene nada que ver...tu actitud debería ser inamovible, soy tu puto jefe...me debes respeto, y creo que se te ha olvidado, Álvarez- Me responde, de forma muy seria. Mi mirada continúa sobre la suya, una mirada llena de rabia, pues no me podía creer tanta desfachatez.
-El hecho de ser mi jefe no le da ningún derecho de tratarme como me ha tratado...- Comienzo a decir, totalmente enfadado- Y le voy a dejar algo muy claro...el respeto se gana...yo a usted no le debo absolutamente nada- Agrego, de forma fría, mirándolo a los ojos. - Y de cualquier forma, yo creo que de los dos, el que se olvidó que era el jefe es usted...- Agrego, haciendo una evidente referencia a aquella noche que él me había propuesto a mí.
El señor Reborn se sorprende al escuchar mi comentario, e incluso podía notar algo de vergüenza en él, como si no se esperara esa respuesta de mi parte. Queriendo salir de la oficina, y dejar de ver esos ojos que tanto detestaba, vuelvo a hablar- Tengo cosas que hacer, si eso es todo, me retiro- Agrego, nuevamente con un tono de voz frío, para nada servicial. Él no dice nada, y es entonces cuando me giro, abro la puerta y salgo de su oficina, para después, dirigirme directamente al ascensor, pues ahora mismo no quería ir a mi escritorio, necesitaba estar más lejos de él, alejarme de su osadía, de su atrevimiento al cuestionar mi actitud, cuando él era la persona más desagradable, más grosera y más odiosa de todas.
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¿Solo mi jefe?
Fan-FictionPara el señor Reborn, Álvarez era un nuevo y novato asistente, uno al que debía acostumbrarse. Para Raúl Álvarez, el señor Reborn era su nuevo jefe, uno con un difícil temperamento y una actitud cambiante. Un nuevo trabajo siempre conlleva cambios...
