Capítulo 36

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Comienzo a ordenar unos cuantos papeles, separando los documentos que ya no servían y que podía reciclar, mientras que guardo en una carpeta los documentos que necesitaba que mi jefe firmara.
Estabamos a día lunes, habían pasado solo dos días desde ese viernes en la oficina de mi jefe, desde esa noche que fue mi última capacitación, desde que nos quedamos charlando hasta tarde mientras compartíamos un trago de whiskey, desde ese momento que habíamos compartido en su sofá, donde el señor Reborn y yo habíamos estado a pocos centímetros de besarnos.
A día de hoy, a pesar de haberlo meditado, y de haberlo analizado bastante durante todo el fin de semana, aún no sabía qué había significado, aún no sabía si yo estaba en lo cierto y lo que había visto esa noche en la mirada de mi jefe, había sido deseo, así como unas ganas enormes de besarme, algo que yo estaba seguro que sí me encontraba sintiendo en ese momento. No habíamos vuelto a hablar del tema, y de hecho, habíamos actuado bastante distantes el uno con el otro durante todo el día, hablando solo lo estrictamente necesario, pues yo evitaba entrar a su oficina lo más posible, y él por su parte se había encerrado durante todo el día y había salido solamente para ir a comer con Andy.
Sentía el ambiente entre ambos muy incómodo, donde al mirarnos, yo sentía una vergüenza enorme invadirme, sintiéndome nervioso al recordar esa noche, al recordar a mi jefe tan cerca de mí, a una distancia tan corta que había podido admirar sus labios a detalle, los cuales debía admitir que seguía con la tentación de besar, algo que me hacía evitar mirar al señor Reborn a los ojos, pues me sentía avergonzado ante mis propios pensamientos invadiendome.
Mientras continúo ordenando papelería como un intento de mantener mi mente ocupada, veo de reojo cómo alguien se acerca a mí, y al subir mi mirada, me encuentro con mi jefe.
-He vuelto- Me dice, sin mirarme, como llevaba haciendo todo día. Yo no estaba seguro de si la razón de evitar mi mirada, era vergüenza, o era repulsión, pues una parte de mí sentía que aquella noche en su oficina, yo había malinterpretado las cosas, tal vez me había armado en mi mente una situación que no era, y era posible que por eso mi jefe se había alejado un poco de mí, pues tal vez quería establecer una distancia entre ambos, una especie de línea que yo había estado a punto de cruzar, olvidándome de que él era mi superior.
-Vale...- Le respondo, de forma también algo seria, sintiéndome muy cohibido.
-¿Algún mensaje?- Me pregunta.
-Ninguno- Respondo.
-Vale, estaré en mi oficina- Me dice sin más, para después, encaminarse a su oficina. A pesar de no ser grosero conmigo, si que lo notaba demasiado serio, hasta el punto de parecer cabreado, aunque no conmigo, sino con todo en general.
Yo continúo con mi trabajo, esperando concentrarme lo suficiente como para que el día de alguna manera durara menos.

Luego de un par de horas, comienzo a confirmar las citas de mi jefe con algunos socios, los cuales iban a reunirse con el señor Reborn para una especie de conferencia la próxima semana, y una vez termino con eso, me dirijo al departamento de coordinación, en donde hablo con el encargado de la reservación de las salas de reuniones para apartar la sala para el día de la conferencia, sin embargo, al querer hacerlo, me encuentro con que ya se encuentra reservada, lo cual era un problema que debía comentarle a mi jefe. Una vez de regreso en mi escritorio, tomo mi agenda, para después, dirigirme a la oficina del señor Reborn, sintiendo cómo mi corazón comienza a latir demasiado rápido debido a los nervios.
Al abrir la puerta de la oficina, me encuentro con mi jefe leyendo unos documentos, para después, subir su mirada a mí.
-Dis...disculpe señor, vengo a...vengo a comentarle algo importante- Comienzo a decir, sintiéndome muy tenso y avergonzado al sentir su mirada fija sobre mí.
-Dime- Me responde, prestandome atención.
-Bueno, lo que pasa es que...vengo del departamento de coordinación, y me comentan que la sala de reuniones está reservada para el día ocho de octubre, que es cuando usted tiene la conferencia con varios socios e inversionistas- Explico, bajando la mirada a mi agenda debido a que me era prácticamente imposible mirar a los ojos a mi jefe. Me encontraba sumamente nervioso, además de avergonzado, sintiendo que me había incluso ruborizado al tener la mirada del señor Reborn fijamente en mí.
-Vale...entonces cambiamos la conferencia para otro día- Me comenta, y yo niego con la cabeza.
-No es posible, ya he hablado con todos los asistentes y todos tienen libre el ocho de octubre precisamente, de hecho se me ha dificultado un poco poder tenerlos a todos ese día, pues para los siguientes días tienen viajes y más reuniones, el día ocho es el único día en que pueden asistir- Le digo. Mi jefe asiente, mirando hacia su escritorio, como meditando la situación.
-Vale entiendo...entonces si o si tenemos que hacer esa conferencia el día ocho...- Comienza a decir, y yo asiento- Okey...¿Sabes quién tiene reservada ese día la sala de juntas?- Agrega.
-Sí, el coordinador me ha dicho que la sala la reservó la señorita Karla Dominguez, la jefa del departamento de publicidad- Le comento. Mi jefe se tensa visiblemente, para después, dejar salir un enorme suspiro lleno de frustración.
-Vale...pues...tendré que hablar con ella- Me comenta, y en su tono de voz, podía percibir algo de fastidio- ¿Podrías por favor llamarla y decirle que venga, que necesito hablar con ella?- Me pregunta, y yo asiento.
-Sí señor, ahora mismo- Le digo, para después, anotar un par de cosas en mi agenda- ¿Necesita algo más?- Le pregunto. Él se me queda mirando, sin decir nada, para después de unos segundos, bajar su mirada al escritorio y negar con la cabeza.
-No...sería todo- Me dice. Yo asiento, dirigiendome a la puerta y saliendo de su oficina. Una vez fuera, respiro hondo, dejando salir todos los nervios que me habían invadido al estar en presencia del señor Reborn, en esa oficina que el viernes había sido el escenario de una escena que simplemente no me podía sacar de la cabeza.
Me dirijo a mi escritorio, e inmediatamente, llamo a la jefa del departamento de publicidad.
-Oficina de la señorita Dominguez- Me responde la asistente de la jefa en un tono amable.
-Hola Sofía, soy Raúl Álvarez- Comienzo a decir- ¿Está tu jefa disponible? El señor Reborn quiere reunirse con ella para tratar un asunto- Explico.
-Ahora mismo está en una reunión, pero en cuanto salga le aviso que el director la necesita y te aviso ¿Vale?- Me responde.
-Vale perfecto, muchas gracias- Digo.
-De nada, hasta luego- Responde, colgando el teléfono.
Continúo trabajando en todo lo demás que tenía que hacer, y después de unos veinte minutos, mi teléfono suena.
-Oficina del señor Reborn- Digo al responder.
-Hola Raúl, soy Sofía, te llamo para avisarte que la señorita Dominguez va de camino a la oficina del señor Reborn- Me dice.
-Vale perfecto, muchas gracias Sofía- Le digo.
-De nada, bonito día- Me dice, y una vez cuelga la llamada, llamo a mi jefe.
-Dime- Me responde la grave voz del señor Reborn.
-Eh...señor, llamo para...para avisarle que la señorita Dominguez viene hacia aquí, para reunirse con usted- Le digo, algo nervioso.
-Vale, hazla pasar en cuanto llegue- Me dice.
-Sí señor- Respondo, colgando la llamada.
Me enfoco nuevamente en el papeleo que tenía delante, sintiéndome algo nervioso todavía, pues el solo hecho de escuchar la voz de mi jefe, me hacía sentir un poco alterado.
Pasan solo dos minutos, y es entonces cuando veo a la señorita Dominguez caminando hacia mi escritorio.
-Hola Raúl- Me saluda de forma animada.
-Hola señorita Dominguez- Le respondo.
-¿Me necesitaba tu jefe?- Me pregunta.
-Así es- Le digo, poniéndome de pie- Adelante- Agrego, caminando hacia la oficina del señor Reborn, y al abrir la puerta, me lo encuentro concentrado en su ordenador.- Señor...la señorita Dominguez está aquí- Le digo, adentrándome en su oficina con ella.
-Vale perfecto- Me responde, para después, dedicarle una sonrisa.- Hola Karla- Agrega.
-Hola Reborn- Responde ella, aunque de una manera coqueta y melosa. De pronto, siento una especie de fastidio ante su tono de voz.
-Eh...con permiso- Respondo, saliendo de la oficina, dejándolos solos.
Regreso a mi escritorio, sintiéndome aún algo molesto.
Hace algunas semanas, mi jefe había ido a comer con la señorita Dominguez, aunque recordaba muy bien cómo lo había visto algo estresado y fastidiado ese día al regresar de esa comida, como si no lo hubiera pasado bien, y entonces recuerdo que hace días, yo le había dado un mensaje a mi jefe de parte de ella, quien me había dicho que quería hablar con el señor Reborn de algo y que por favor la contactara, algo que mi jefe nunca hizo, o al menos no que yo supiera. Me sentía algo curioso, pues yo notaba ciertas actitudes en ella, que dejaban ver que estaba interesada en mi jefe, algo que sinceramente me hacía sentir algo molesto.
Decido continuar con mi trabajo, recordando que el señor Reborn había llamado a la señorita Dominguez para hablar sobre la reservación de la sala de reuniones, sin embargo, no podía evitar sentirme demasiado curioso de lo que se encontrarían hablando en este momento. Sinceramente, quería enterarme, quería saber qué estaban diciendo, y si tal vez, la reunión con ella terminaría de nuevo en una cita para ir a comer. Sabía que entrometerme de esta manera en los asuntos de mi jefe, no era algo correcto, pero no podía evitar sentirme curioso, no podía evitar mis ganas de querer saber si ahora mismo, ella se encontraba aún con esa mirada coqueta sobre el señor Reborn, y sentía que de alguna manera, si yo entraba a esa oficina, tal vez ella limitaría un poco esos coqueteos que mi jefe nunca correspondía.
Tomando un gran montón de documentos por archivar, el cual era el pretexto perfecto, me encamino hacia la oficina del señor Reborn, y al abrir la puerta, lo hago con mucho cuidado e intentando no hacer mucho ruido. Una vez mi jefe nota mi presencia, su mirada sube a mí, y sin decir nada para no interrumpir, simplemente me dirijo hacia los archivadores, en total silencio.
-Y de verdad que la respuesta a la última publicación fue muy positiva...ya te darás cuenta cuando comiencen a llegar los números del próximo mes- Dice la señorita Dominguez de forma animada.
-Vale, pues me alegro que el proyecto haya funcionado- Responde mi jefe.
-Y así seguirá, los proyectos de los próximos meses son especialmente buenos, habrá una gran diferencia- Comenta ella.
-Lo son, no los he visto todos pero, confío en el departamento de diseño, y en el de vosotros también- Dice mi jefe.- Pero bueno...eso no era para lo que te he pedido que vinieras- Agrega.
-Vale...¿Y para qué me has hablado?- Pregunta ella, nuevamente adoptando ese tono coqueto de antes.
-Bueno, resulta que el día ocho de octubre tengo una conferencia muy importante con algunos socios e inversionistas, y necesitaba la sala de reuniones del piso diez, que es la que tiene la capacidad para los asistentes que irán- Comienza a explicar mi jefe- Pero al querer reservar la sala, me he dado cuenta de que tú ya la tienes reservada para ese día, y a la misma hora- Agrega.
-Vale...- Dice la señorita Dominguez.
-Y bueno, quería hablar contigo a ver si cabe la posibilidad de que me cedas la sala para mi conferencia- Dice mi jefe.
-Uff, no sé si pueda Reborn, tengo una reunión muy importante con el departamento de redacción de la sede de Madrid, llevo meses esperando esa reunión- Dice ella.
-¿Segura que no puedes aplazarla para otro día? Créeme que no te pediría esto si no fuera totalmente necesario, lo que pasa es que la gente que vendrá a la conferencia no tiene posibilidad de venir en otro momento- Dice mi jefe. La señorita Dominguez no dice nada, y yo suponía que se encontraba pensando.
-Vale...podríamos hacer algo- Comienza a decir ella- Supongo que podría aplazar la reunión con los socios de Madrid un par de días...y te puedo ceder la sala- Agrega.
-¿Crees que puedas? Me harías un favor enorme Karla...- Dice mi jefe, con un tono de voz esperanzado.
-Bueno, yo encantada de ayudarte en lo que pueda...y qué te parece si como agradecimiento, me invitas a cenar- Dice la señorita Dominguez.
Al escuchar sus palabras, mi corazón comienza a ir muy deprisa, mientras me quedo inmóvil, demasiado pendiente de lo que respondería mi jefe, sintiéndome nervioso, y algo molesto ante su invitación. Era más que evidente el interés que tenía ella en el señor Reborn, y era algo que me incomodaba, sin poder evitarlo, sin embargo, lo que más me preocupaba, era que mi jefe estuviera interesado en ella, y aunque no tenía por qué importarme, no podía evitar sentirme así, temeroso de que él dijera que sí. Yo continúo archivando documentos, fingiendo que me encontraba concentrado, aunque estaba muy pendiente de la conversación.
Mi jefe se queda en silencio por un momento, para después, responder.
-Entiendo...pues mira...aún necesito que me confirmen un par de socios, así que no es muy seguro que la conferencia se haga ese día...veré el tema de las asistencias y tal...y ya te avisaré ¿Vale?- Le dice mi jefe.
Yo frunzo el ceño, sin entender su comentario, pues yo ya le había dicho que todos los socios me habían confirmado su asistencia, y que la conferencia estaba más que seguro que sería el día ocho.
-Vale perfecto, tú míralo, y me avisas- Le responde ella, evidentemente animada.
-Perfecto- Dice el señor Reborn.
-Bueno, pues si eso era todo, me retiro, que tengo varias cosas que hacer- Comenta ella, poniéndose de pie, mientras yo continuo archivando papeles de la forma más silenciosa posible. Mi jefe también se levanta, para después, tenderle la mano.
-Muy bien, nos veremos luego- Responde él, sin embargo, de reojo puedo ver cómo ella se dirige a mi jefe, caminando hacia detrás del escritorio, para después, darle un beso en cada mejilla, acto que nuevamente, me molesta de sobremanera. Él le corresponde, y acto seguido, le abre la puerta, saliendo ella por la misma, no sin antes dedicarle una sonrisa coqueta a mi jefe. Una vez él cierra la puerta, yo dirijo rápidamente mi mirada hacia el archivero, fingiendo que me encontraba concentrado guardando papeles. De reojo, puedo ver cómo mi jefe se sienta en su escritorio nuevamente, para después, posar su mirada en mí, aunque solamente por unos cuantos segundos. Yo me tenso al sentir su mirada, poniéndome nervioso y actuando de pronto de forma torpe. El señor Reborn desvía su mirada de mí luego de un momento, para continuar trabajando en su ordenador, tecleando de forma rápida.
Luego de unos cuantos minutos, termino de archivar todo, por lo que me dirijo a la puerta, sin embargo, me detengo en su escritorio.
-Eh...se...señor Reborn- Digo, totalmente nervioso. Él me mira.
-Dime- Responde.
-Nada que...quería comentarle algo...lo que pasa es que...bueno no he podido evitar escuchar su conversación y...quería aclararle que todos los socios ya han confirmado la reunión- Le comento. Él se me queda mirando, para después, dedicarme una ligera sonrisa.
-Lo sé- Me comenta. Me quedo pensando por un momento, y entonces caigo en cuenta de lo que mi jefe había hecho, había mentido, seguramente para no aceptar esa invitación a cenar de la señorita Dominguez. Mi corazón se emociona al saber que él la había prácticamente rechazado, algo que me hacía sentir extraño, pues no estaba bien sentirme en cierta manera molesto ante la posibilidad de que el señor Reborn saliera con alguien.
-Vale...- Respondo sin más, desviando mi mirada de él, sintiéndome demasiado avergonzado, pues mi mente trae de vuelta esa noche, esa en la cual había estado a punto de besar sus labios- Bueno me...me retiro, con...permiso- Agrego, titubeando, para después, salir de su oficina casi corriendo, sintiéndome nervioso, pero también contento en cierta manera, pues él había rechazado a la señorita Dominguez, quien era más que evidente que estaba interesada en él, aunque afortunadamente, él no estaba interesado en ella, y solamente ese pensamiento, me anima un poco el día.

¿Solo mi jefe?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora