Continúo besando al señor Reborn, moviendo mis labios sobre los suyos con ansias, dejando en ellos todo el deseo de semanas, dejando en ellos amor, dejando muchísimo cariño, mientras tomo su rostro entre mis manos y lo acerco a mí. Mi jefe por su parte, me toma fuertemente por la cintura, pegándome a su cuerpo, y debido a que se encontraba en cierta manera sentado sobre su escritorio, mi cuerpo se encontraba entre sus piernas, de forma que nuestro contacto era muy intenso, muy íntimo, sin embargo, luego de unos segundos, se pone de pie, pegándome a él.
No había podido resistir, no pude resistir más, no pude controlarme, y no quería, la verdad era que ya no quería alejarme, porque escucharle decir cosas tan hermosas, me derrumbó, me conmovió demasiado, me cautivó escucharle decir que yo era lo que más amaba, aún más que su trabajo, algo que sabía que era sumamente importante para él, pero el escucharle decir que yo estaba por encima de eso, me provocó de todo, algo dentro de mí vibró con esa confesión de su parte, y mirándolo tan cerca, pude notar en él todo ese dolor, pude notar en su mirada tristeza, pude notar ese cansancio de días sin dormir, pude notar el pesar en su voz, incluso en su lenguaje corporal, porque lo veía triste, lo veía derrumbado, y sabía que todo eso era por mí, sabía que su mirada apagada y sin vida era por mí, sabía que su ira repentina de hace un momento también era por mí, todo, y quería parar, quería parar su dolor, y el mío también, quería perdonarlo, porque me dolía verlo así, porque podía notar sinceridad en su mirada, porque veía el sufrimiento que yo mismo estaba sintiendo en sus ojos, y había que parar, y simplemente dejarnos llevar, una vez más deseaba dejarme llevar por él, por esa pasión con la que me besaba, por esa forma de tomarme y hacerme sentir tantísimas cosas, y mientras lo beso, me siento desfallecer, siento mi cuerpo débil ante su contacto, ante sus labios con los míos, los cuales llevaban semanas queriendo sentirse, llevaban semanas queriendo encontrarse de nuevo, y por fin se los habíamos permitido.
El beso continúa, de forma lenta, como si tuviéramos todo el tiempo del mundo, y mientras dejo en sus labios todo mi cariño, él me pega a él, para después, pedir permiso con su lengua de entrar a mi boca, algo que concedo, por lo que el beso se vuelve salvaje, desesperado, muy profundo, lleno de sentimientos, lleno de deseo contenido, y sintiendo el cuerpo de mi jefe tan cerca, comienzo a perderme, comienzo a olvidarme del sitio donde nos encontrabamos, con el peligro latente de ser pillados en cualquier momento, algo que sinceramente, ahora mismo no me importaba en lo más mínimo.
Las manos de mi jefe suben de mi cintura a mi esplada, acariciando toda su extensión, para después, subir sus manos a mi rostro, besándome con pasión, mientras yo dirijo mis manos a su cabello, pegandolo a mí, sintiendo una necesidad de él muy grande, mientras su lengua y la mía se descontrolan, reconociéndose, saludandose después de mucho tiempo deseando sentirse. Luego de unos segundos más, en los cuales nos dejamos llevar por la pasión y el amor que había tomado lugar dentro de la oficina, me separo de él, sintiendo una falta de aire muy grande, sin embargo, no me alejo, pues me quedo cerca de su rostro, respirando con dificultad, con mis manos en su cuello. Él se queda quieto, también intentando recuperar el aire que nuestro beso nos había arrebatado, y al abrir mis ojos, lo veo a él con los ojos cerrados, con su frente en la mía, mientras sus manos bajan de nuevo a mi cintura, sosteniéndome fuertemente. Luego de unos cuantos segundos así, simplemente disfrutando de la cercanía, decido alejarme un poco, por lo que sus manos dejan mi cuerpo, y es entonces cuando mi jefe habla, con una mirada llena de confusión.
-¿Qué...qué ha sido eso?- Me pregunta, respirando con dificultad- Es decir...no...no me malentiendas, me ha encantado...pero no...no lo entiendo- Agrega. Yo me le quedo mirando, pensando en que para él debía de ser confuso haberme acercado a besarlo cuando llevaba ya semanas rechazando su cercanía. Mientras miro en sus ojos oscuros, observando en ellos deseo, comienzo a organizar mis ideas, pues teníamos que parar con esto, teníamos que solucionar todo esto de alguna manera, pero no podía ser en su oficina, pues había muchas cosas que hablar, muchas cosas que aclarar.
-No lo sé...solo quise...solo quise besarlo- Le digo, sintiéndome algo perdido, pero con una idea muy clara en mi cabeza- Escuche...es evidente que...que hay cosas de las que tenemos que hablar, demasiadas, y no podemos hacerlo aquí...- Comienzo a decir, bajo su atenta mirada- Necesitamos un sitio tranquilo para hablar de...bueno, de todo esto...- Agrego. Mi jefe asiente, aún con la mirada encendida debido al reciente beso.
-Vale...me parece bien- Me responde.- ¿Qué...qué te parece cenar?- Me pregunta. Yo me le quedo mirando, notando un brillo de emoción en sus ojos, y justo cuando estoy a punto de responder, la puerta detrás de mí se abre, provocandome un sobresalto, y al girarme, me encuentro con Andy, con evidente exaltación y preocupación en su mirada.
-Reborn, ven conmigo...ahora...la junta directiva quiere hablar contigo- Le dice sin más, para después, mirar alrededor de nosotros, notando en el suelo todos los hielos que habíamos dejado caer el señor Reborn y yo debido a nuestro beso. Yo miro a Andy, demasiado nervioso, pensando en que si hubiera entrado diez segundos antes, nos hubiera encontrado besándonos.
Mi jefe también lo mira, algo exaltado, y podía notar en él incertidumbre ante lo que acababa de decir Andy, sin embargo, no lo veía preocupado.
-Vale...- Le dice mi jefe a Andy, acercándose a él.
-¿Qué coño ha pasado aquí?- Pregunta Andy, señalando los hielos del suelo. Yo me tenso al instante.
-Eh...nada que...bueno le...le he puesto hielo al...al señor Reborn en la mano...y se me ha caído- Le respondo, evidentemente nervioso. Andy asiente, frunciendo el ceño, para después, mirar a mi jefe.
-¿Y cómo está tu mano?- Le pregunta, mirándola. Mi jefe se la tiende, y en ella, se podían notar leves lesiones, las cuales se estaban tornando de un color rojizo intenso.
-Está bien- Responde mi jefe sin más.
-Vale...pues venga, que tenemos que hablar de esto con la junta directiva...y ya te digo yo que no están contentos- Dice Andy. Yo me les quedo mirando, evidentemente preocupado ante el problema en el que se encontraba ahora mi jefe. El señor Reborn sube su mirada a mí, para después, sonreírme ligeramente.
-Ahora vuelvo- Me dice, con voz baja, mirándome con ojos tranquilizadores. Yo asiento.
-Vale...- Respondo, y es entonces cuando él y Andy salen por la puerta.
Una vez solo, dejo salir un enorme suspiro, aún con mi piel demasiado sensible por el beso que acababa de darle a mi jefe, uno que estaba seguro que se iba a quedar conmigo durante todo el día. Comienzo a pillar los hielos del suelo, los cuales ya estaban dejando pequeñas marcas de agua, mientras pienso en esa cena a la cual me había invitado mi jefe y que no pude aceptar debido a la interrupción de Andy. Quería ir a cenar con él, quería sentarme con él en un sitio tranquilo y hablar de todo eso que era tan necesario, de todo lo bueno y lo malo, de todo lo que llevábamos sintiendo estas últimas semanas, hablar de ese amor que él decía sentir por mí, hablar del amor que yo sentía por él, de la posibilidad de intentar ser algo, a pesar de que me encontrara aún bastante temeroso de lo que podía suceder en caso de iniciar una relación, pues tenía aún inquietudes que simplemente no podía dejar pasar, y quería decírselas a él, quería dejarle claras muchas cosas.
Una vez termino de limpiar la oficina, me regreso a mi escritorio, recordando de pronto ese momento en el que mi jefe se había dejado ir en contra de Sergio. Antes de que hubiera llegado el señor Reborn, Sergio se había acercado a mí para preguntarme si el tío con el que había ido a la fiesta el viernes, era mi pareja, sin embargo, no me lo preguntó de la forma más amable, pues pude notar hostilidad de su parte, por lo que mi respuesta fue seria, sin amabilidad, y sin realmente responder a su pregunta, y fue entonces cuando él comenzó a insistir, hostigandome en cierta manera hasta el punto de llamar la atención de los demás compañeros, y en el caso de Dana, con quien me llevaba bastante bien, pude notar un intento de ella de defenderme, y fue entonces cuando llegó el señor Reborn, a quien Sergio le hizo un comentario sobre mí que seguramente pensó que sería recibido con gracia por mi jefe, algo que evidentemente no pasó, y aunque no me alegraba que mi jefe ahora se encontrara en problemas debido a la golpiza que le dio a Sergio, sí que me sentía con cierta gratitud con él por defenderme de esa manera. Una vez de vuelta en mi escritorio, veo varias miradas curiosas sobre mí, miradas que evidentemente tenían que ver con esa escena en la cual Sergio había terminado en el suelo, sin embargo, yo las ignoro, concentrandome en trabajar, y es entonces cuando Dana se acerca a mí.
-Hola- Me dice, situándose frente a mi escritorio. Yo le sonrío.
-Hola Dana- Le respondo.
-¿Cómo estás? ¿Todo bien?- Me pregunta, con preocupación. Yo asiento, dedicándole una sonrisa tranquilizadora.
-Todo bien, no te preocupes- Le comento.
-Vale, es solo que...bueno, con lo que ha dicho el imbécil de Sergio...pues eso, quería saber cómo estabas- Me dice.
-Estoy bien...no me tomo en serio los comentarios de gilipollas como él, así que tranquila- Le comento, queriendo hacerle saber que no me sentía mal con las palabras que Sergio me había dedicado.
-Vale, me alegro- Me dice, sonriéndome de forma dulce- De cualquier manera y por lo que he podido escuchar, a Sergio van a despedirlo por lo que te ha dicho- Me comenta. Yo me sorprendo, aunque evidentemente me alegraba de saber que iban a mandarlo a la mierda de la empresa.
-Bueno, bastante merecido que lo tiene- Le comento, pues comentarios y actitudes de esa índole deberían ser siempre motivo de despido en cualquier lugar.
-Sí, bastante- Me comenta- Pero he escuchado que de igual manera, el señor Reborn también está en problemas...- Agrega, y es entonces cuando mi corazón comienza a latir rápidamente, preocupado- No sé qué tan grave sea, pero la junta está molesta...- Agrega. Yo asiento, queriendo aparentar menos preocupación de la que me encontraba sintiendo.
-Joder...pues...espero que no sea muy grave- Le comento, y ella asiente.
-Espero que no, si lo único que ha hecho fue darle su merecido a Sergio, porque madre mía, no veas cómo lo ha dejado- Dice Dana, riendo, haciéndome reír a mí también.
-A ver...que Sergio se merecía lo que le ha hecho el señor Reborn está claro...pero la junta directiva no creo que lo vea de esa manera- Le comento con preocupación, y ella asiente.
-Ya...supongo que no- Me responde- Esperemos que el señor Reborn no esté en muchos problemas- Agrega, y yo asiento.
-Ojalá que no- Respondo, deseando que fuera así, pues el simplemente pensar en que pudiera ser despedido, me provocaba muchísima angustia y tristeza.
-En fin, me voy a trabajar, hablamos luego ¿Vale?- Me dice.
-Venga Dana- Le digo, sonriendo- Y gracias por...bueno, por intentar defenderme antes, y por venir a ver cómo estoy- Agrego. Ella me sonríe de forma dulce.
-No hay de qué Raúl- Me responde, para después, caminar de vuelta a su escritorio.
Una vez solo, continúo trabajando, aunque sintiéndome bastante preocupado y distraído, pues la situación con mi jefe era bastante grave, sin embargo, decido no pensar en ello, y en su lugar, recuerdo el beso que nos habíamos dado en su oficina minutos atrás, el cual seguía en mis labios, provocando un cosquilleo en ellos, y mientras recuerdo la pasión con la que el señor Reborn correspondió a mi beso, sigo trabajando, pensando en esa cena que teníamos pendiente.
ESTÁS LEYENDO
¿Solo mi jefe?
Fiksi PenggemarPara el señor Reborn, Álvarez era un nuevo y novato asistente, uno al que debía acostumbrarse. Para Raúl Álvarez, el señor Reborn era su nuevo jefe, uno con un difícil temperamento y una actitud cambiante. Un nuevo trabajo siempre conlleva cambios...
