Me despierto poco a poco, sintiendo que abrir mis ojos y sentir la luz del día directa en mis pupilas era algo que fácilmente podía dejarme sin vista de forma permanente.
Me sentía destruido, con un dolor de cabeza demasiado fuerte, con muchísima sed y hambre, aunque tenía también el estómago revuelto, con bastantes ganas de potar.
Mientras intento despejarme, aún recostado en mi cama, recuerdo la noche de ayer, recuerdo esas botellas de whiskey que me habían acompañado en mi oficina, recuerdo la forma en que gracias a haber visto a Álvarez tomado de la mano de su pareja, me había provocado abrir esas botellas, recuerdo la forma en que al encontrarme ya algo más borracho, me decidí por leer poemas de amor, y cómo en todos y cada uno de ellos, las palabras ahí escritas me dolieron, haciéndome entender mi dolor, haciéndome comprender mis propios sentimientos, y fue entonces cuando le llamé en mitad de la madrugada a Álvarez, porque me era necesario verlo, pues me había dado cuenta de lo enamorado que estaba de él, algo que seguía pareciéndome alucinante, de alguna manera seguía sin poder creer lo imbécil que había sido al no haberme dado cuenta de eso antes.
Recordaba bien todo, cada mínimo detalle, a pesar de haber estado con tanto alcohol en mi sistema, la noche de ayer la recordaba muy bien, todas y cada una de las palabras de Álvarez al decirme que no podía creer en mí, su forma de decirme que yo lo había lastimado, que lo había herido, y recordaba sobre todo su forma de cuidarme, de traerme a casa, de desvestirme y meterme en la cama. Me estremezco al simplemente recordarlo retirando mi americana y mi corbata, y aunque me hubiera gustado que también retirara más prendas de ropa, de igual forma me encantó esa sensación de estar siendo desvestido por él de nuevo.
Continúo recostado en mi cama, sin ningún tipo de fuerzas para levantarme y afrontar el día, y ni siquiera me importaba la hora que era, no me importaba el trabajo que tenía que hacer en la oficina, algo sumamente inusual de mi parte, pues mi trabajo había sido siempre prioridad para mí, sin importar lo enfermo, jodido o cansado que estuviera, yo siempre me presentaba en la oficina temprano, afrontando el día, pero hoy no podía, hoy era totalmente inviable levantarme temprano e ir a trabajar, y ya no solo por la resaca que tenía, sino porque emocionalmente estaba destrozado, porque le había dicho a Álvarez lo mucho que lo amaba por primera vez, porque le abrí mi corazón, mi alma entera al confesarle eso, y lo que recibí de su parte fue nuevamente una negativa, pues él no me creía, no confiaba en mí, algo que entendía perfectamente.
Me giro sobre la cama, sintiendo mi cabeza petar ante ese simple movimiento, para después, pillar mi móvil de la mesita de noche, viendo la hora. Eran ahora mismo las dos de la tarde, lo que me hace darme cuenta de todas las horas que había dormido. Cierro mis ojos por un momento más, tomando fuerzas para comenzar mi día, y luego de unos minutos, finalmente me pongo de pie, sintiendo mi cabeza dar vueltas al hacerlo. Me dirijo directamente al baño, en donde enjuago mi rostro, queriendo espabilarme, para después, dirigirme a la cocina e hidratarme con agua fresca, pues sentía la garganta extremadamente seca.
Luego de prepararme algo rápido de desayunar, o más bien de comer, me meto en la ducha, dejando que el agua caliente caiga sobre mí, limpiándome, purificandome, retirando todos los malos recuerdos de la noche de ayer, toda la tristeza, el rechazo, todo el dolor que seguía en mi corazón, sin embargo, el agua no hacía milagros, y era imposible dejar de sentirme de esa manera, por lo que lo único que podía esperar, es que retirara de mí esa borrachera que había tenido la noche de ayer.
Una vez salgo de la ducha, me visto, pues aunque no tuviera nada de ganas de ir al trabajo, tenía que hacerlo.
Ya vestido y peinado, salgo de casa, sintiendo de inmediato el sol dañandome la vista de sobremanera, provocandome un dolor de cabeza insufrible, y con esa molestia, me dirijo a la oficina, teniendo que tomar un taxi, pues debido a que Álvarez me había traído a casa, no tenía mi coche conmigo.
Luego de quince minutos, finalmente llego al edificio, con mis gafas para el sol puestas debido a que la luz me provocaba demasiado dolor, además de que de esta manera, ocultaba lo rojo que estaban mis ojos debido a lo mucho que había dormido hoy. Una vez dentro del ascensor, yendo de camino al piso 19, mi corazón comienza a bombear demasiado rápido, ansioso, nervioso, pues iba a ver a esa persona que ocupaba mi mente día y noche, esa persona que ahora sabía que amaba de sobremanera, y mientras el ascensor sube más y más, acercándose a mi piso, comienzo a sentir también vergüenza, pues evidentemente me avergonzaba bastante que Álvarez me hubiera visto tan borracho, incapaz de caminar por mí mismo, con dificultad al hablar, y era algo que nunca había hecho, jamás me había emborrachado tanto en mi vida, y era bastante estúpido de mi parte que la primera vez fuera con él, con quien debía mantener una buena imagen, a quien debía convencer de que había cambiado y que quería estar con él, sin embargo, haciendo este tipo de gilipolleces, dudaba mucho que fuera a convencerlo de algo, aunque de cualquier forma, en este punto ya era inviable, ya era totalmente imposible persuadirlo de querer estar conmigo, pues además de que él no confiaba en mí, ahora ya tenía pareja, lo cual me dolía, me dolía demasiado pensar en él con alguien más, algo que de cualquier forma no entendía, no entendía en qué momento se consiguió a otra persona, en qué momento simplemente se olvidó de mí, me dejó de lado.
Con eso en mente, ahora más triste que nunca, las puertas del ascensor se abren en mi piso, y al hacerlo y mirar hacia el final del pasillo, me sorprendo al ver el escritorio de Álvarez vacío. Camino por el pasillo, siendo recibido por miradas curiosas de toda la oficina, pues seguramente no se esperaban que fuera a llegar a esta hora. Una vez llego hasta el escritorio de Álvarez, me doy cuenta de que el ordenador está encendido, mientras que veo varios papeles en el escritorio. Era evidente que había estado aquí, sin embargo, no lo veía por ningún lado, y la verdad es que necesitaba que me dijera mis mensajes del día de hoy, los cuales siendo tan tarde, seguramente eran bastantes. Miro mi reloj de muñeca, dándome cuenta de que eran las cuatro y media de la tarde, lo que significaba que seguramente Álvarez estaba en sus horas de comida y no regresaba hasta las seis. Me dirijo a mi oficina rápidamente, y en cuanto entro a la misma, vienen a mí imágenes de la noche de ayer, causándome punzadas en el corazón. Dejo mi maletín en mi escritorio, para después, sentarme en mi silla, sintiéndome con muchísimo malestar, con dolor de cabeza, sintiéndome cansado a pesar de haber dormido bastantes horas, y sintiendo también ese pesar en el corazón que no se iba con nada.
Doy un rápido vistazo a la oficina, y entonces veo dos botellas de whiskey sobre la pequeña mesa al centro, al lado de ese libro que la noche de ayer me abrió los ojos. Me pongo de pie, dirigiendome a la mesa, para después, tomar ambas botellas y dejarlas en el gabinete de bebidas, a pesar de estar prácticamente vacías. Una vez hecho esto, me quedo de pie, mirando la mesita de centro, mirando los sofás, recordando la manera en que había comenzado a beber la noche de ayer, recordando que no tuve ningún reparo ni problema en beber incluso directamente de la botella, y mientras pienso en eso, recuerdo también la manera en que la verdad vino a mí, la manera en que descubrí que estaba enamorado de mi asistente, y no había sido solamente gracias al alcohol, el cual sí que fue un gran factor, sino que también, había sido gracias a la lectura.
Durante la noche de ayer, al haberme bebido ya una botella de whiskey entera yo solo, me senté en el sofá de mi oficina, meditando, mareado, recordando a Álvarez con su pareja, recordando su mano en la de él, pensando en esa cena que compartirían juntos, y entonces comencé a sentir dolor, a sentir muchísima angustia en mi pecho, y con ese sentimiento, comencé a buscar un libro, un libro que sabía que tenía entre mis estanterías, y al haberlo encontrado, comencé a leer, con bastante dificultad debido a que me encontraba borracho, pero lo leí, y más que eso, lo entendí. El libro que me había dedicado a leer la noche de ayer, en la soledad de mi oficina antes de llamar a Álvarez, era de poesía, una poesía que jamás me había puesto a leer realmente, pues no me llamaba mucho la atención, y la verdad es que nunca la entendía, no comprendía lo que decían sus líneas, todo lo que sus prosas querían transmitir, no lo entendí hasta ayer, pues cada palabra me llegó, me llegó cada verso, cada letra, cada sentimiento, y me provocó aún más dolor, pero sobre todo, me abrió los ojos, me hizo darme cuenta de todo lo que estaba contenido dentro de mi corazón, pues era un libro de poesías de amor, uno que tenía guardado entre mis estanterías como algo sin importancia, como un libro más, pero ahora era mi favorito, pues me ayudó, me auxilió, y sobre todo, me entendió, pues ese libro describía a la perfección, y de la forma más hermosa posible, todo lo que mi corazón sentía por Raúl, todo lo que quería expresar pero no podía, todo lo que no sabía que estaba ahí, desde siempre.
Tomo el libro de la mesa, para después, buscar entre sus páginas un poema en especial, y luego de varios minutos leyendo un poco por encima, lo encuentro, y lo leo, sintiendo en mi corazón un sufrimiento como ningún otro, pues me describía, y describía a Raúl también, nos describía a ambos.
Lo leo una y otra vez, y de pronto, como una idea repentina, decido hacer algo, por lo que me dirijo hacia mi escritorio, buscando un bolígrafo y una hoja de papel, para después, escribir el poema en la hoja, con mucho dolor, con un sentimiento de pérdida muy grande, pues era el final, era el final entre Raúl y yo, era mi rendición ante toda esta situación con él, porque sabía que ya había perdido, lo había perdido, sin siquiera tenerlo lo había perdido, él estaba con alguien más, y ahora solo me quedaba superarlo, solo me quedaba amarlo a la distancia, amarlo sin ser correspondido, a lo lejos, viéndolo con alguien más, alguien que tenía el honor y privilegio de estar con él, pero ese alguien no era yo, y tenía que aceptarlo.
Una vez con el poema escrito, y algo más que quería dejar en papel, salgo de mi oficina, para después, dirigirme al escritorio de Álvarez, y de forma disimulada, vigilando que nadie me viera, abro la gaveta de su escritorio, dejando en ella el papel, sintiendo ese dolor tan inmenso en mi corazón, para después, regresar a mi oficina, pensando en no salir en todo el día, pues quería refugiarme aquí dentro, quería hundirme en trabajo hasta que el dolor físico fuera más grande que el dolor de mi alma.
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¿Solo mi jefe?
Fiksyen PeminatPara el señor Reborn, Álvarez era un nuevo y novato asistente, uno al que debía acostumbrarse. Para Raúl Álvarez, el señor Reborn era su nuevo jefe, uno con un difícil temperamento y una actitud cambiante. Un nuevo trabajo siempre conlleva cambios...
