Camino con paso apresurado por el pasillo, y una vez llego a mi oficina, dejo mi maletín sobre el escritorio, para después, sentarme en mi silla, sintiéndome cansado y con sueño.
Hacía veinte minutos que había llamado a Álvarez para avisarle que necesitaba que viniera a la oficina, pues uno de los socios de Toronto me había llamado, despertándome de mi descanso, para solicitar una reunión urgente, aunque allá, ahora mismo eran las nueve de la noche, mientras que aquí eran las tres de la mañana. Mientras me encuentro sacando unos cuantos papeles de mi maletín, Álvarez aparece por la puerta, la cual se encontraba abierta, y al notar su presencia, mi mirada sube inmediatamente hacia él, notando en su rostro cansancio, aunque dedicándome una sonrisa amable desde el umbral.
-Buenas noches señor- Me dice, adentrándose en mi oficina- ¿O son días?- Agrega, haciéndome reír un poco.
-Supongo que días, si- Le respondo- Siento hacerte venir hasta aquí, pero como te he dicho por llamada, han solicitado una reunión de urgencia y te necesito presente para transcribir todo- Comento. Álvarez asiente.
-No se preocupe- Me responde, con un tono de voz comprensivo. -Le he traído esto, creo que tal vez lo necesite- Agrega, acercándose a mi escritorio y tendiendome lo que parece ser un café en un vaso cerrado desechable. Yo lo tomo, sonriendo.
-Gracias, la verdad es que si que lo necesitaba- Comento, pensando en lo amable que era de su parte el haberme comprado un café. Doy un sorbo al contenido del vaso, sintiendo el rico sabor del café pasar por mi garganta.-La reunión comienza en unos...- Comienzo a decir, mirando mi reloj de muñeca - Diez minutos, será una videoconferencia que realizaremos desde la sala de reuniones- Explico, bajo la mirada atenta de Álvarez, la cual se encontraba en los papeles sobre mi escritorio. -Ah, por cierto, necesito que me ayudes con una cosa- Comento, recordando algo. Abro mi maletín, de donde saco una corbata, para después, tendersela a Álvarez, quien me mira extrañado. -Necesito que me ayudes a ponérmela, que ya sabes que yo sin un espejo delante hago un desastre- Le digo. Él toma la corbata, aunque algo dubitativo. Al salir de casa, no me había dado tiempo de ponerme la corbata debido a las prisas, y como Álvarez ya me había ayudado con esto en una ocasión, no veía problema en que lo hiciera de nuevo.
-Va.. vale- Me dice, para después, rodear el escritorio y pararse justo frente a mí. Yo levanto ligeramente la cabeza, dándole espacio en mi cuello para ponerme la corbata con más facilidad. Dirijo mi mirada hacia algún punto detrás de él, sin embargo, al momento de que Álvarez coloca la corbata alrededor de mi cuello, su mano roza ligeramente mi piel, y es entonces cuando siento un pequeño escalofrío recorrer mi espalda, así como una especie de electricidad extraña. Mi mirada se dirige por sí sola hacia mi asistente, quien se encontraba demasiado cerca de mí, con su concentración en el cuello de mi camisa, sin embargo, al notar mi mirada sobre él, sube sus ojos a mí, y nuevamente por segunda vez en el día, esos ojos hacen que me pierda. Me pongo nervioso al instante, aunque sin saber realmente por qué, y de pronto, en el ambiente se siente una especie de tensión, y es entonces cuando luego de un par de segundos, la mirada de Álvarez se desvía de la mía y se concentra en mi corbata. Yo hago lo mismo, desviando mi mirada de él, y dirigiendola de nuevo hacia la pared de detrás, pero me encontraba aún bastante nervioso, como ansioso, y sintiendo aún esa tensión en el ambiente, la misma tensión que había sentido esta tarde en el ascensor yendo hacia la reunión, cuando su mano había rozado la mía, y la misma tensión que había sentido en ese mismo ascensor, de vuelta hacia la oficina. No sabía las razones, pero el hecho de estar en un espacio cerrado y a solas con mi asistente, me hacía sentir algo nervioso. Decido ignorar todo eso, pensando en que me encontraba demasiado cansado ahora mismo como para pensar claramente, y después de unos cuantos segundos más, Álvarez termina con mi corbata.
-Ya...ya está- Me dice, para después, regresar rápidamente hacia el otro lado del escritorio.
-Perfecto...gracias- Respondo, sin mirarlo, metiendo unos cuantos papeles a mi maletín. Una vez termino, doy otro trago al café, para después, tomar mi americana del respaldo de mi silla y ponermela. -Vamos a la sala de reuniones- Digo, mientras acomodo el cuello y las mangas de mi camisa bajo la americana.
-Vale- Responde Álvarez. Tomo mi maletín en una mano y mi café en la otra, y juntos, salimos de mi oficina, y al pasar por el escritorio de Álvarez, lo veo tomar su portátil y su agenda. Caminamos juntos hacia la sala de reuniones, la cual era en este mismo piso, algo que agradecía, pues no creía poder soportar otro momento extraño e incómodo en el ascensor. Caminamos por varios pasillos de la oficina, la cual estaba completamente sola y parcialmente a oscuras, y una vez llegamos al pasillo de las salas de reuniones, todo se vuelve aún más oscuro.
-Por aquí- Le digo a mi asistente, guiándolo para que me siguiera, pues aunque no estábamos totalmente a oscuras, si que había poca visibilidad. Finalmente llegamos a la sala, y al entrar, lo primero que hago es encender las luces. Una vez mi vista se acostumbra a la luz, me dirijo al frente de la sala, en donde comienzo a encender el ordenador que utilizaría para enlazarnos con los socios de Toronto, mientras veo a Álvarez sentarse en la mesa y encender su portátil. -Espera, siéntate de este lado- Le digo, señalando una silla. - Yo me sentaré ahí, es el ángulo que capta la camara- Agrego, mostrándole la cámara que me enfocaría durante la reunión. Álvarez inmediatamente se levanta y se sienta donde le indico. Luego de preparar todo para la videollamada, me dirijo a la mesa, donde tomo asiento, esperando simplemente a que los socios de Toronto me avisaran cuando estuvieran listos, y mientras tanto, tomo unos cuantos papeles que iba a necesitar, leyéndolos un poco por encima, y de reojo, veo a mi asistente con su mirada sobre su portátil. -Por cierto, no te he dicho nada y tú no me has preguntado- Comienzo a decir -Pero los socios con los que hablaré ahora, a pesar de ser de Toronto, van a hablar en español- Le comento. Álvarez asiente, sonriendo ligeramente, pero desviando su mirada de mí casi al instante.
-Vale...perfecto, ni...ni lo había pensado- Me dice, riendo un poco.
-De cualquier forma, tampoco te llamaría para venir si ellos hablaran en inglés, evidentemente- Agrego.
-Ya...- Me dice Álvarez- Aunque entonces no tendría a nadie para hacer su corbata- Me comenta, mirándome de nuevo. Yo me rio ante su comentario.
-Eso es verdad...- Digo- Te llamaría entonces solo para eso- Agrego. Él ríe un poco.
-Madre mía, si me despierta a las tres de la mañana y me hace venir solo para eso...me da algo- Me comenta. Yo suelto una carcajada ante su comentario, mientras que Álvarez también ríe. Justo en ese momento, mi móvil comienza a sonar.
-¿Diga?- Respondo rápidamente al ver que era Navarro, el socio de Toronto.
-Reborn, estamos listos, cuando quieras comenzamos- Me dice.
-Vale perfecto, ahora me conecto- Respondo.
-Vale- Me dice. Cuelgo la llamada y me dirijo rápidamente al ordenador, en donde configuro todo para la videollamada.
-Una cosa más- Digo, captando la atención de Álvarez- No te preocupes por la cámara, que solo me enfocará a mí ¿Vale?- Agrego, queriendo hacerle saber a Álvarez que a él no lo verían en ningún momento. Él asiente.
-Vale, bien- Me dice.
-Ya vamos a comenzar, atento- Le digo, para después, enlazarme con Navarro. Una vez nos encontramos en videollamada, regreso a mi lugar en la mesa, y después de saludarnos de forma cordial, damos comienzo a la reunión.
A pesar de ser una reunión de carácter urgente, yo sabía bien que no se trataba de algo malo, sino más bien de algún tema de ventas o tal vez administrativo que no podía esperar a mañana, pues Navarro viajaba bastante, por lo que no solía tener mucho tiempo libre, y este tipo de reuniones improvisadas, eran algo bastante común de su parte.
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¿Solo mi jefe?
FanfictionPara el señor Reborn, Álvarez era un nuevo y novato asistente, uno al que debía acostumbrarse. Para Raúl Álvarez, el señor Reborn era su nuevo jefe, uno con un difícil temperamento y una actitud cambiante. Un nuevo trabajo siempre conlleva cambios...
