Jadiel la miraba dormir tan plácidamente que sintió que su corazón latía más de la cuenta en ese momento por lo lejos que de igual forma la sentía. Debía de hacerlo, porque Nadja era demasiado volátil en cierto modo y, conociéndola, en cualquier momento iba a tener un colapso mental y caería en cuenta de que la familia que supuestamente la quería era parte de la vida del hombre que por poder acabó con la vida de sus padres.
Con las pruebas que Carmen le mostró, era más que obvio que era nieta de Natacha y eso sería todavía peor para ella. Solo esperaba que con la segunda medicación que Ciro le dio, posiblemente tendría solo una pequeña consecuencia y eso es todo.
—Aquí están sus anillos, el collar y la pulsera. —Ciro le pasó una pequeña bandeja—. No vi que tenía aretes...
—Nunca le gustaron los aretes, dice que es lo único que no jodieron de su cuerpo en ese pueblo —pasó saliva tomando la bandeja—. ¿Puedes dejarme un momento a solas con ella?
—Claro —él quitó todo lo que podría ocasionarle más sueño—. Solo dejaré la intravenosa.
Jadiel no respondió y esperó pacientemente a que la puerta se cerrara detrás de él. Jaló la silla que tenía cerca y la colocó junto a la camilla.
—Si cuando despiertes me recuerdas, quiero que sepas que te dije te amo cuatro veces —le colocó los anillos con cuidado—. Es mejor que estés durante un tiempo en Londres. Es más seguro por el momento —le abrochó la pulsera con cuidado—. Iré a buscar al malo ahora que puedo, aunque la herida me duele como los mil demonios —rio bajito—. Si nos hubiéramos conocido años atrás, las cosas serían distintas... A lo mejor, en otra vida, yo no estaría haciéndome cargo de esto y tú tendrías tu pequeña floristería —entrelazó sus dedos—. Espero que no tengas que lidiar con ningún tipo de recuerdo de cuando tenías tres años y esto no es algo que haya pensado así de un día para otro.
Jadiel la tomó en sus brazos, teniendo cuidado de no quitarle la intravenosa, y se acomodó en la cama. Le acarició el cabello, notando unos pequeños nudos y que estaba un poco húmedo debido a lo que sucedió antes. Ni cuenta se había dado de que Ciro le quitó las joyas y los pequeños ganchos que ella amaba usar para decorar su cabello, porque le gustaba también que fueran de color morado.
—Mi padre los cuidará bien y si cuando despiertes no me recuerdas, todos saben qué hacer —besó su frente—. Tienes que cuidar bien de los pequeños demonios que tienes. Te van a necesitar mucho —susurró—. Eres una gran luchadora y estoy orgulloso de ti —besó sus nudillos—. Sé que eres una excelente madre, lo serás para ellos, pero si seguimos juntos, sabrán dónde darme y esa eres tú.
Bajó su mano con cuidado y acarició su mejilla.
—Leo no morirá tan rápido, no lo permitiré —prometió—. Le daré la peor muerte que pueda tener en toda su maldita vida; serán veinte años de sufrimiento, los mismos veinte años que duraste en ese pueblo y, aunque él te conoció años después, fue parte del problema y pagará por eso —juró en voz baja—. Tú... tú trata de ser feliz, ¿bien? —la abrazó con fuerza y cerró los ojos un momento, oliendo su cabello—. Eres mi esposa, mi loto sagrado, y le haces honor a ese nombre con cada cosa que haces... —Hizo un pequeño silencio antes de continuar—. Tienes que recordarme, prometiste algo que tienes que cumplir...
Le dio un último beso en la frente antes de llamar a Ciro y llevársela de ahí.
—Efectos secundarios —pidió Jadiel—. Mi padre debe saberlo.
—Tendrá dolores de cabeza y dormirá más de la cuenta, mareos de vez en cuando, pero solo será el primer mes —comentó el doctor anotando todo en una receta—. Luego de eso, no sucederá nada más.
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El placer de corromperla
RomanceÉl no olvida, menos a un traidor. Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
