Capítulo 91

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Su mirada estaba puesta en el hermoso jardín que tenía la propiedad y en las enormes paredes que lo rodeaban, pero que, con la decoración, lo hacían ver de la realeza. Desde que llegó a ese lugar hace una semana, todo en ella se sentía perdido y vacío. Había momentos en los que se preguntaba si con esa caída que tuvo, perdió sus recuerdos del día del vuelo, porque ni sabe en qué momento tomó ese avión con Jadiel y este la dejó tirada en Londres.

El anillo en su dedo era pesado, pero no tanto como lo que sentía en ese momento.

Leyna estaba sumamente mejor que antes; su pequeña tenía sus deditos con más movimientos, pero lentos debido a que sus huesos se están recuperando. Los moretones en su rostro han ido disminuyendo y Zeus le dijo que no quedarían marcas en lo absoluto.

Demyan ya culminó con su tratamiento, aunque siguen ambos tomando las pastillas que Jadiel les dijo que debían tomar. Su pequeño preguntó una sola vez por Jadiel y luego de ese día, no lo hizo más.

Tomó otro paño de la cajita y se limpió la nariz. Ni deseos tenía de leer, porque hasta sus libros le envió el desgraciado y Jedward le comentó que enviaría los demás.

Intentó llamarlo varias veces, pero desde hace dos días, prefirió dejar todo como estaba, ya que sus hijos se mantenían alejados de ella por obvias razones.

—Mami —Leyna entró a la habitación—. ¿No bajarás a comer?

—Sí —se limpió las mejillas—. Un momento.

—Te espero aquí. —Leyna no se movió de su lugar—. El abuelo dijo que no has querido salir de la habitación porque estás enferma todavía.

—Lo lamento, es que he tenido un poco de dolor de cabeza —se alisó el vestido—. Vamos.

La casa era enorme y cada habitación estaba asignada para cada hijo; sin embargo, el malestar que sentía en el pecho era el peor de todos, porque la habitación en la cual se quedaba era la de Jadiel. Jedward le comentó que Jasha compró una casa muy cerca de ellos, porque al ser su familia tan grande, no iban a caber todos ahí cuando visitaran y era mejor que un hotel.

Hubiese preferido dormir en el patio o la calle que en la misma habitación que Jadiel. Había uno de sus tantos perfumes ahí y no pudo evitar tirar a la basura el que le recordaba a Leo o Artem y solo dejar los dos que olían a él. Estaban en la tercera semana de noviembre y de vez en cuando veía pequeños copos de nieve caer, pero no era algo relevante. Simplemente, le recordaba la noche en la cual sus hijos nacieron y, mientras todos celebraban la Navidad con música y comida, ella apenas había probado comida.

—Hola. —Jadiel dejó que ella tomara asiento primero—. Espero que te guste la comida y que ahora sí puedas comer un poco.

—Gracias. —Nadja tomó asiento en el lado izquierdo junto con sus hijos—. Pudo haberme dicho que cocinara algo...

—Papá cocina muy bien. —Xaniel, uno de los hermanos de Jadiel tomó asiento frente a ella—. Es lo que mayormente hace cuando está en la casa.

—De acuerdo.

Y eso era todo lo que ella decía. Sus palabras eran mínimas, no había mucho que contar ahí y a duras penas salía de esas cuatro paredes. Demyan tomó asiento a su lado, dejando su inhalador cerca.

—¿Les gustaría acompañarme a la constructora?

—¿A tu trabajo, abuelo? —Leyna dejó el tenedor en la mesa.

—Sí, a mi trabajo —asintió—. Luego podrán ir conmigo a dar un paseo, ya que mañana vendrá alguien a darles clases de inglés.

—¿Mañana? —Nadja frunció el ceño—. No sabía que nos iban a dar clases...

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⏰ Última actualización: 6 days ago ⏰

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