59. Tiempo de vals

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ELIZABETH POV

–No... puedo... respirar... –me quejé hasta que por fin Rosalie se digno a dejar de apretar el corsé.

–Eso te pasa por comer tanto chocolate caliente con tu enamorado –bufó molesta y volvió a apretarme un poco para tratar de cerrarlo sin matarme–. Le diré a la cocinera que te ponga a dieta y a Jasper que aumente la intensidad de los ejercicios. Si sigues así, no llegas al verano con un cuerpo delgado y esbelto.

—No dejaré de comer chocolate caliente, me gusta.

—Rosalie –ambas miramos a mi madre al escuchar la nota de advertencia de su voz–, déjala comer todo lo que quiera y darse todos los antojos, recuerda que el bastardo apenas le daba de comer y llego más delgada que Shakira. Cuando termine de recibir todos los nutrientes que le faltan y se aburra de comer, le das un regimen y que empiece a hacer dieta.

–Pero hasta que eso no pase, usara corsé —replicó mi tía–. Alice y yo trabajamos durante meses en este diseño para que una de tus hijas lo use, no voy a permitir que sus rollitos arruinen nuestra obra de arte.

Jane se encogió de hombros y nos dio la espalda para termimar de ponerse un auténtico vestido del siglo XVIII en color violeta, con detalles dorados que Alice se había encargado de aplicar para darle un aire moderno. Cuando Rosalie alzó un vestido rosado con detalles dorados y plateados, rodé los ojos molesta. Era obvio que ellas lo habían diseñado para Shakira, nadie tuvo en cuenta que yo iba a aparecer, pero como mi querida hermana mayor se negaba a abandonar Barcelona, yo debía sufrir para usar el incómodo vestido, mostrar lo mi cintura pequeña, mis pechos más grandes de lo normal y lo grandiosas que eran mis tías a la hora de diseñar ropa.

Amaba a mi madre, creía que ella era la persona más poderosa y buena del mundo, la admiraba y deseaba poder ser tan fuerte como ella, pero en este momento odiaba que fuera la reina de reyes. Amaba vivir en Londres, pero en este momento lo odiaba. Amaba a mis tías, pero en este momento creía que eran brujas adictas al sufrimiento ajeno.

Después de disfrutar de una agradable cena navideña e intercambiar regalos, llegaba la tortura de Año Nuevo. Después de que los humanos descubrieron nuestra existencia, los líderes llegaron a la conclusión de crear un evento anual para mantener a los vampiros unidos. Por mayoría absoluta, decidieron que año nuevo podría ser una fecha perfecta para esa reunión. Para que no fuera monótono, elegían una temática y ciudad diferente para celebrar y para que las vampiresas se desesperaran para exhibir el mejor vestuario, como las humanas hacían en cada premiación o evento de gala. Este año, el tema era el siglo de las luces y lo celebrariamos en el Palacio de Buckingham. Mis tías habían trabajado en secreto durante meses en el vestuario de toda la familia, sin tenerme en cuenta. Ellas no creyeron que me adaptaría bien a la vida familiar, por lo que fue un golpe de suerte que Shakira no quisiera venir, porque de lo contrario, tendrían que improvisar algo para mi o volar a Volterra para rescatar alguno de los vestidos que mi madre aún conservaba.

Salvo Carlisle, el resto de los Cullen había nacido y vivido en el siglo XX, por lo que las chicas no estaban acostumbradas a moverse con vestidos de faldas esponjosas y los hombres no estaban acostumbrados a usar medias de seda, corbatas y puños con volados y zapatos con tacón. Carlisle había vivido en Italia, por lo que había llegado a usar esas prendas antes de irse a América, los gemelos estaban más que acostumbrados a usarlas dado que nacieron en la primera mitad de la Edad Media.

Con paciencia, mamá nos explicó que el vestido constaba de dos piezas, la casaca y la basquiña. La primera era una chaqueta entallada que llegaba hasta las caderas, por cuyas mangas asomaban los encajes de la camisa. Bajo la casaca se usaba el monillo, un cuerpo sin mangas. Después estaba el petillo, que era una pieza de adorno rígida y en forma de triángulo que se cosía delante del pecho. El escote, que era demasiado pronunciado para mi gusto, iba cubierto por una especie de pañuelo llamado bobillo que era de seda. La basquiña era la falda que se confeccionaba a juego con la casaca. Para ahuecar la falda se usaba el miriñaque, un artefacto que comenzaba en las caderas, formado por cinco hileras de aros de acero unidos entre sí por cuerdas.

Lady Vulturi IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora