31. Dones y entrenamiento

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ELIZABETH POV

Suspire y rodé los ojos al verme en el espejo. Era absurdo y ridículo el fanatismo que las Cullen tenían por la moda. Todo, absolutamente todo era de diseñador, desde la ropa interior, pasando por la ropa de uso diario y por la ropa deportiva. Era absurdo tener que hacer ejercicio "sin perder el estilo". Incluso era absurdo tener que entrenar, ¿no se supone que los guardias están para eso? Hice una mueca de disgusto al ver la ropa y traté de acomodarla a pesar de que era imposible lograr un resultado diferente. La musculosa y la calza me quedaban pegados al cuerpo, como si fuera una segunda piel, algo que me molestaba ya que mostraba todas las curvas de mi cuerpo. Daría cualquier cosa con tal de poder usar una blusa y pantalones anchos y viejos, prendas que no mostraran mi cuerpo, aunque Alice era capaz de quitarme esa ropa y quemarla. Até mi cabello y salí de la habitación para buscar al resto de la familia.

Según lo que me había dicho mi madre, el entrenamiento era necesario, no solo para poder autodefenderse en cualquier situación, sino que también era necesario para poder controlar y usar eficientemente nuestros dones, algo que me causaba algo de ansiedad. No tenía dones, nunca me lo habían preguntado, por lo que no lo sabía cómo reaccionarian cuando lo supieran.

Caminé lentamente hacia la residencia de los guardias ya que allí estaban las salas de entrenamiento. La realidad es que no era la gran cosa, solo eran dos habitaciones, una con objetos que podrían encontrarse en un gimnasio humano y la otra contenía armas. Cuando llegué a la habitación que parecía un gimnasio descubrí que todos estaban entrenando, Jane sonrió al verme y se acercó a mi.

–Bienvenida a tu primera sesión de entrenamiento. ¿Cómo te sientes?

–Nerviosa, incómoda –inconscientemente traté de acomodar mi ropa y me obligue a sonreír.

–Si... Alice a veces exagera. Al principio es molesto, pero con el correr del tiempo te acostumbras y lo aceptas, lo bueno es que los guardias no entrenan con nosotros así que nadie te vera de forma lujuriosa.

–Elizabeth –Jasper dejó de hacer lo que estaba haciendo y se acercó a nosotras–, me alegró de que decidieras venir.

Sonreí tímidamente y lo observé cuidadosamente. Era un poco más alto que Benjamín, sus músculos estaban marcados aunque no eran tan exagerados como los de Emmett y su cabello rubio le daba un aspecto algo leonino. Sus ojos marrones eran serios y brillaban, como si se estuviera divirtiendo. Su piel estaba cubierta de cicatrices, lo que le daba un poco de miedo, sobretodo si tenía en cuenta que podía percibir mis emociones. Quería dejar de verlo, pero no podía parar de imaginar como fue que recibió esas cicatrices. El sonrió burlonamente y cruzó los brazos sobre su pecho.

–Son heridas de guerra –lo mire confundida y él se encogió de hombros–. Tus emociones te delatan, además de que estoy acostumbrado a esas miradas.

–Lo siento –bajé la mirada un momento.

—No importa.

–Jasper es nuestro entrenador –miré a mi madre y luego a Jasper con curiosidad–, él te enseñará todo lo que sabemos.

–Creí que algún guardia nos entrenaria.

–El entrenamiento de ellos es más intensivo, a fin de cuentas deben cuidarnos y estar más preparados. Jasper estuvo en la guerra y entrenaba neófitos, ahora nos entrena a nosotros.

–A diferencia de los guardias, yo hago más énfasis en los dones. Si son ofensivos o defensivos mejor, si son dones simples entonces el entrenamiento físico será mayor. Ni siquiera los gemelos brujos se salvan del entrenamiento –lo vi contener una sonrisa mientras mamá rodaba los ojos con fastidio–. Si Bella no fuera mejor que ellos, ellos no se tomarían la molestia de entrenar.

Lady Vulturi IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora