11. La vida del pobre

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SHAKIRA POV

Me bajé un poco los lentes y alcé una ceja con escepticismo. Me parecía surrealista la vista que tenía delante de mi. Es cierto que la ciudad estaba algo sucia y las personas eran pobres, pero esto ya era demasiado.

Estaba delante de una mansión bastante lujosa, no tanto como la de Londres, pero con cierto aire cautivador. Desgraciadamente estaba en ruinas. No era necesario ser un experto para notar el abandono de la mansión. Sin embargo eso no me preocupa ya que me daba igual el estado edilicio de la residencia Malek, lo que si me preocupaba y me tenía al borde de un ataque cardíaco, era el gran abandono del jardín. A pesar de vivir en medio del lujo y el confort, estaba dispuesta a vivir en medio de la miseria durante algunos días, pero jamás imagine llegar a un lugar tan seco y muerto. Quería llorar. Estaba segura de que terminaría llorando si seguía viendo la cantidad de flores secas y marchitas de la entrada. No podía entender como es que Phoebe permitía esto. Me arme de valor y caminé hacía la puerta.

El crujido que hizo al abrirla provocó que se me pusiera la piel de gallina. Probablemente Victoria hubiera gritado de miedo. Si el exterior era deplorable, el interior era simple, medianamente limpio y ordenado. Lo primero que escuche fueron unos gemidos. Rodé los ojos y comencé a caminar hacía la habitación de Phoebe. Para mi sorpresa estaba bastante ordenada en comparación con el resto de la casa. Era una habitación bastante sencilla: una cama, un armario, un escritorio y algunos libros. Dejé el bolso sobre la cama y me crucé de brazos para contemplar todo. Realmente era pequeña, demasiado pequeña en comparación a mi habitación.

Me senté en la cama e hice una mueca al comprobar que el colchón era duro. Al parecer ser pobre es difícil. No solo el calor era agobiante, sino que la casa era deprimente. Me quité la ropa y me acosté a dormir ya que estaba cansada y planeaba ir al colegio de Phoebe al día siguiente.

El paisaje delante de mi era perfecto, era lo más hermoso que había visto en mi vida. El aire era cálido y dulce, sin llegar a ser asfixiante. La arena blanca debajo de mis pies me hacía cosquillas. El agua era tan celeste que era casi imposible saber donde terminaba el mar y donde comenzaba el cielo. Era increíble la paz que se sentía en este lugar. Reí y me deje caer en el suelo para hacer angelitos en la arena. A todos les gustaba hacerlo en la nieve pero yo odiaba el frío. Un ruido estridente me hizo soltar una maldición en italiano. Abrí los ojos y mire con horror lo que tenía a mi alrededor. Paredes viejas, cama dura y el despertador con un irritante ringtone de un gallo. ¿Dónde estaba mi playa desierta?

Maldita sea. Estaba viviendo la vida de Phoebe.

Le di un golpe al despertador para que se callara y lo mire con atención.¿Quién usa un despertador en el 2031 cuando existen los teléfonos con alarma? Al parecer esto si es como vivir en la prehistoria. Salí de la cama y mire a todos lados, sorprendida de que no hubiera un baño en la habitación. Rodé los ojos y comencé a buscar algo de ropa. Casi me da un infarto al ver la ropa que ella tenía.

Todo era enorme, absolutamente todo. Las blusas tenían mangas largas, los pantalones eran anchos, los zapatos eran zapatillas, la ropa interior se parecía a los tops y shorts que uso para ir a bailar. Definitivamente era el armario más antimoda que existe, seguramente a mis tías les daría un infarto al ver esta ropa. Sí es que a esto se le puede llamar ropa.

Después de unos minutos, decidí que lo mejor era un jean, una blusa celeste y unas zapatillas. Si aún tuviera mis adorables tarjetas iría a un centro comercial a comprar ropa decente. Para mi desgracia, el efectivo que tenía ya se estaba acabando y estaba casi segura de que los ahorros de Phoebe eran casi inexistentes.

Una vez que llegué al baño para atender mis necesidades fisiológicas, me percate de que solo existía un baño en la casa. Odiaba tener que compartir el baño con un hombre, en este caso dos. Era desagradable utilizar el baño luego de ellos ya que el olor que quedaba era demasiado fuerte. Mire el inodoro durante unos segundos y consideré la idea de usar el baño del colegio, aunque me daba más miedo esa idea. Corté un poco de papel y lo coloque en el asiento antes de sentarme. No era lo más cómodo pero al menos servía.

Lady Vulturi IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora