21. Sueño agridulce

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JANE POV

La nieve cubría el suelo y los árboles. Lo que debería ser un cálido bosque verde era un infierno blanco y frío. Estaba en el suelo usando un vestido rosa pálido, algo completamente extraño en mi. A lo lejos pude divisar una figura alta y oscura. Lentamente me puse en pie, esperando que la figura se acercara. Descubrí que esa figura era masculina, no solo eso, era alguien que reconocería en cualquier parte: Thomas. Recogí la falda de mi vestido y empecé a correr hacia él, con una gran sonrisa adornando mi rostro. Él abrió sus brazos y me pegué a su cuerpo una vez que llegué a su lado. Aspiré el suave aroma a cuero y sándalo que emanaba su piel, sintiéndome segura por primera vez en mucho tiempo.

Cariad –susurró con su voz grave, provocando que un dulce cosquilleo recorriera mi piel.

Mio amore, mio dolce amore –gemí suavemente al sentir sus manos acariciar mi cabello y cintura, pegandome más a él.

–Extrañaba este aroma a rosas. ¿Nunca vas a cambiar de fragancia?

–¿Siempre olerás a sándalo o cambiarás de fragancia? –su risa me hizo sonreír y separarme un poco para verlo a los ojos– ¿Estás vivo o eres una recreación de mi subconsciente que quiere deprimirme?

–El tiempo pasa y sigues igual, eres una experta en destruir momentos románticos –la burla y arrogancia en sus ojos verdes me parecieron reales, sin embargo, no quería ilusionarme.

–Thomas... –pedí implorante.

–Estoy vivo y me metí en tus sueños para verte, tocarte y besarte. No tienes idea de lo difícil que es estar sin ti.

–¿Cómo? Yo creí que... –no pude terminar ya que fundió nuestros labios en un dulce beso que detuvo el tiempo, haciéndome olvidar lo que estaba diciendo.

–Aún no –susurró separándose un poco de mi–. Necesito tiempo para aparecer ante ti como un hombre de carne y hueso –lo mire a los ojos tratando de darle sentido a sus palabras.

–¿Qué pasará ahora? Recuerdo que la última vez que viniste a mis sueños el mundo se convirtió en un caos y perdí a una de mis hijas.

–¿Me estás llamando ave de mal agüero?

–Te amo y te necesito. Me gusta verte en mis sueños, pero no quiero sufrir más.

–Lo sé –cerré mis ojos mientras él dejaba una caricia en mi rostro y se llevaba una de mis lágrimas–. No quiero lastimarte ni molestarte, cariad. Sé que tu vida es un caos y lo único que quiero es estar a tu lado para cuidarte.

–Vuelve. Si estás vivo vuelve a mi. Ho bisogno di te, amore.

–No puedo. No ahora. Te juro que falta poco y nos veremos cuando menos te lo esperes.

–¿Cuándo será ese momento?

–No lo sé. Pueden ser días, meses o años, no lo sé.

No pude reprimir el llanto por más tiempo. Thomas me abrazó y acarició mi cabello, esperando a que me calmará. No se cuanto tiempo estuvimos juntos, solo se que me había calmado y estaba disfrutando de la seguridad que sus brazos me daban.

–Debo irme, cariad –susurró antes de dejar un pequeño beso en mi cabeza.

–No, por favor no –lo abracé más fuerte, negándome a soltarlo. Desgraciadamente el era más fuerte que yo y pudo apartarme con suavidad y firmeza. Me sentí rechazada y vacía. Él apartó otra lágrima de mi rostro y puso sus dedos debajo de mi mentón, alzó un poco mi cabeza y lo mire a los ojos, unos ojos verdes esmeralda que siempre me cautivaron.

–Confía en mi. Debenos separarnos ahora, pero muy pronto volveremos a vernos.

Nos miramos a los ojos durante unos momentos y traté de entender sus palabras. Una ira enloquecedora se apodero de mi, nublando mis sentidos. Apreté mis puños y comencé a golpearlo en el pecho.

–¿Por qué siempre eres así? ¿Por qué vienes y me dejas? ¡Todo esto es tu culpa! Si no me hubieras dejado, tu serías el padre de mis hijas, los humanos seguirían ignorandonos y yo sería feliz.

–¿Mi culpa? –él tomo mis muñecas fuertemente, haciéndome un poco de daño e impidiendo que siguiera golpeandolo– ¡Tú me dejaste a mi! Pusiste tu maldita lealtad a los Vulturis en primer lugar y te negaste a escaparte conmigo. Eres una cobarde que no pudo mandar todo a la mierda por amor. Espera, si te arriesgaste por amor, ¡pero no por mi!, lo hiciste por un sucio egipcio. ¿Qué tiene él que yo no tenga? ¿Acaso la tiene más grande? -lo miré con odio y le di una bofetada.

–Si tanto me amas, ven a buscarme cuando este despierta. Si tanto me amabas, me habrías acompañado a palacio. Si tanto me conoces sabrías que no podía dejar solo a mi hermano en ese momentto. No hubiera sido feliz si mi hermano estaba sufriendo mientras yo vivía como nómada quien sabe donde.

–Excusas, excusas. Siempre tienes una excusa lista para no hacerte cargo de tus errores. Debajo dd esa máscara de reina fría se esconde una cobarde que no puede afrontar sus problemas.

–¡Eso no es cierto! –gruñí– Siempre asumo las consecuencias de mis actos.

–¿En serio? Me pregunto cómo lo haces, ¿dices la verdad o excusas disfrazadas de verdad?

–Vete al infierno.

–Ya estoy en el. Allí es donde tu rechazo me envió y de allí es de donde quiero salir para estar a tu lado.

–Entonces quedate allí y no pierdas el tiempo pensando en una cobarde.

–No necesitaba tu permiso, pero gracias de todas formas, cariad.

Recogí la falda de mi vestido y empecé a corer lejos de él. Sus palabras me dolían, eran como dagas que apuñalaban mi corazón. Sentí sus pisadas detrás de mi y acelere el paso. Tropecé con una piedra y caí en el suelo, lastimandome las manos.

–Jane –sus brazos me rodearon y me removi para alejarlo.

–¡Sueltame! Quiero salir de aquí.

–Jane...

–¡Déjame!

Lo empujé fuertemente y volví a ponerme en pie para correr y alejarme de él.

Lady Vulturi IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora