SHAKIRA POV
Cuando comprendí que era imposible, dejé el corrector de ojeras al lado del rimel y suspiré al ver mi reflejo. Después de pasar toda la noche llorando, no solo había mojado una almohada y algunos peluches, mi rostro estaba hinchado, mis ojos estaban rojos y mis iris parecían ser celestes en lugar de azules, lo cual era ilógico. Seguían siendo azules y mi tristeza pasajera no los aclararia mágicamente, solo era la luz o una ilusión que mi cerebto quiere darme. Guardé los cosméticos en mi bolsa de maquillaje y abandoné el baño.
No quería hacerlo, pero jamás rompo una promesa. El reto de enseñarle a Elizabeth como seducir a un hombre era interesante, al igual que su ayuda para obtener el perdón de Christian. ¿Por qué tuve que enamorarme? Mi vida era tranquila cuando solo jugaba con los hombres, ¿cuándo fue que empezaron a jugar conmigo? ¿Por qué el destino es tan cruel? ¿Desde cuando creo en el destimo? La tristeza es aceptable y lógica, pero creer en los azares del destino solo es una perdida de tiempo.
Con resignación abandoné mi habitación y bajé al comedor para enfrentar a la familia. Era extraño estar con ellos después de tanto tiempo, ya me había acostumbrado al silencio y a la pasividad de Victoria, por lo que el murmullo de las conversaciones me aturdio. Con esfuerzo, evite alzar la mirada, no quería ver a esa víbora que me dio la vida. Rosalie trató de hacerme hablar, ella estaba demasiado entusiasmada con la boda. Contuve el deseo de insultarla y con mi mejor sonrisa fingi un poco de interés.
Tal vez fue por piedad o por ansiedad, sea lo que sea, agradecí internamente que Elizabeth tomara la iniciativa para poder irnos. Ni siquiera termine de desayunar, me limité a beber un poco de zumo, comer algunos trozos de fruta y jugar con el resto de la comida, moviéndola de un lado a otro para simular que estaba comiendo.
No tenía mucho ánimo para hablar, simplemente la lleve al garage para buscar su auto e irnos. Observé las filas de vehículos pensando que en lugar de un garage, estaba en una concesionaria de lujo. Lamborghinni, Mercedes, BMW, Porshe, Ferrari, todos se peleaban para ver quien tiene el auto más caro y extravagante. Los conocía de memoria y sabía a quien permanecía cada uno, por lo que el que me fuera desconocido debería pertenecer a Elizabeth. Observé atentamente cada cohe, sin encontrar alguno que fuera nuevo. Confundida, miré a Elizabeth.
–¿Cuál es el tuyo? –volví a contemplar las filas de autos buscando alguno extraño, tal vez estaba dormida y aún no lo había descubierto.
–No tengo un auto, por lo general me muevo en taxi –abrí los ojos y la miré como si fuera un extraterrestre–. ¿Qué?
Negué con la cabeza y salí del garage para volver al comedor. En contra de mi voluntad, debería pedir un auto prestado. El Porsche de Alice nunca me había gustado, no quería llamar la atención con el descapotable de Rosalie o el rojo llamativo de Bella. Con mi mejor cara de inocencia, me acerqué a Jasper y le pedí las llaves de su auto. Una vez que las tuve en mi poder, volví junto a Elizabeth. Subimos al auto, salimos del garage y no pude controlarme.
–¿Por qué aún no tienes un auto? Eres una Vulturi, eres asquerosamente rica, ¿cómo es posible que una princesa siga moviéndose en un taxi? –pregunté con incredulidad.
Era absurdo que Jane-sobreprotección-Vulturi no hubiera contratado un chófer particular y comprado un auto blindado para proteger a su hija favorita. ¿Acaso ella tenía el poder natural de controlar y manejar a Jane-indomable-Vulturi? Tal vez no era tan ingenua como creí. Debajo de ese rostro inocente y esa mirada de niña buena, perfectamente podría esconderse una manipuladora con doctorado en chantaje. A partir de ahora tendría cuidado con ella. Las que tienen cara de mosca muerta son las peores.
–No sé conducir, por eso no tengo un auto –admitió como si fuera lo más obvio del mundo y la mire un segundo antes de volver a centrar mi atención en la carretera.
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Lady Vulturi II
Fanfiction♢CONTINUACIÓN DE LADY VULTURI♢ Jane Vulturi tenía una vida tranquila junto a su hermano gemelo Alec. Cazar, entrenar, divertirse. Solo eso era lo que necesitaba para tolerar el peso de la inmortalidad. La llegada de Benjamín dio un giro radical a su...
