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Miércoles | 20:28

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29.04.20

[Miércoles | 20:28]

Alba terminaba de comprobar que tuviese todos sus deberes hechos, mientras escuchaba a Marina cantar de fondo a grito pelado en su habitación, a la espera de que su madre la llamase para ir a cenar.

—¡Niñas! ¡A la mesa! —las llamó su madre en un tono más alegre de lo habitual—.

—¿Por qué estás tan contenta hoy? —preguntó Alba sentándose en su sitio en la mesa al ver la sonrisa de su madre—.

—Porque hoy traigo buenas noticias.

—¿Vamos a adoptar un perrito? —se ilusionó Marina, que llevaba pidiéndole aquello desde que tenía capacidad de hablar—.

—No. Ya hemos dicho que animales aquí no. Cuando tengas tu casa propia adoptas una jauría entera si quieres.

—Cuando tenga perritos vas a enamorarte tanto de ellos que me vas a pedir quedarte con ellos, verás —sentenció muy segura de sí misma Marina—.

—Quién te viera, a lo César Millán. Estoy deseando verte así —la vaciló Alba—.

—Primero trabaja para tener casa propia y luego hablamos.

—¿Pero cuál es la noticia? —se impacientó Alba—.

—He pedido una reducción de jornada en el bufete —soltó de sopetón ilusionada—.

—¿Y eso significa...?

—Que voy a pasar más tiempo por casa. Podremos hacer más cosas juntas y estaré más pendiente de vosotras.

—Yujuuu, qué bien... —dijo Marina con falsa alegría, que ya estaba acostumbrada a tener cierta libertad sin su madre rondando por casa cada tarde vigilándolas—.

—¿Qué es ese tono, niña? —la reprendió Rafi—. Ya sé que estás en la edad de pasar de tus padres, pero a tu madre le apetece pasar tiempo contigo.

—Yaaaa, yaaaa. Perdón, me alegro, mamá —corrigió—.

—Ahora tendremos más tiempo para que me contéis vuestras cosas, salir por ahí, merendar... —se giró esta vez hacia Alba—. Y tú Alba no me pongas esa cara de alpargata que a Natalia y a ti os voy a dejar vuestro espacio que sé perfectamente lo que hacéis cuando yo no estoy. Ya me he apuntado a un curso de cocina para ocupar alguna tarde.

—Esa es la mami que yo quiero —sonrió satisfecha con la respuesta de su madre—.

—Oyeeee, ¿por qué a ella le das espacio y a mí me atosigas? —se quejó Marina, a la que su madre últimamente no paraba de preguntarle por lo que ella había bautizado como "amiguito"—.

—Porque ella es más mayor y me cuenta sus cosas. Por lo menos las que pasan con Natalia. Tú no me las cuentas.

—Porque igual no me apetece contártelo.

—Mamá, si quiere contarte algo ya te lo dirá.

—Osea, que tú lo sabes —la miró su madre esperando que Alba le contase lo que pasaba. Alba buscaba en la mirada de Marina su aprobación para darle información, pero Marina negó con la cabeza—.

—Yo no fé nafa —esquivó la acusación de su madre llevándose una cucharada de comida más grande de lo que su boca podía abarchar—.

—Yaaaa, yaaaa. Si no sabré yo que sois uña y carne y os contáis hasta cuántos pelos tenéis en el culo —rieron ambas ante la ocurrencka de su madre—. No te quiero atosigar, pero quiero que me cuentes tus cosas.

—Vaaaale, vaaale. Otro día si eso —rechazó Marina jugando con la comida en su plato—.

—Va, si es mejor que se lo cuentes —la animó Alba viendo que Marina sola no iba a contar nada—. Cuanto antes te lo saques, mejor.

—Me estáis empezando a asustar. ¿No estarás embarazada, Marina? —se llevó una mano al pecho asustada—.

—¡NO! ¡Qué va! Mamá, que tengo quince años. ¿Cómo puedes pensar eso?

—Te sorprendería la cantidad de casos que han pasado por el bufete de madres que se han quedado embarazada a esa edad. Esas cosas pueden pasar. Y si no me cuentas pues es normal que me imagine lo más extremo.

—No es nada grave, mamá. Es algo que pasa con su "amiguito" —continuó Alba ayudándola—.

—Marina, suéltalo ya porque estoy empezando a pensar que voy a tener que hablar con sus padres.

—¡Noooo! —saltaron a la vez Marina y Alba alarmadas de que su madre fuese capaz de hacer eso—.

—Marina, ya se lo digo yo. Si no es nada malo, en realidad —Marina agachó la cabeza tímida, dándole permiso a Alba para que terminase de contárselo—. Es que no le funciona... eso ahí abajo —se señaló la entrepierna—.

—¿A ti, Marina? ¿Te duele? —la miró con preocupación—. Esas cosas me las tienes que decir.

—Que va. Yo estoy perfectamente. A quien no le funciona es a él.

—Oh... —se quedó su madre petrificada en el sitio sin saber muy bien qué decir, buscándo las mejores palabras para su hija. Era lo último que se esperaba—. Vale... Vale... ¿Ha ido al médico?

—No. Para eso tendría que hablar con sus padres y le da vergüenza. ¿Por qué te crees que no he dicho nada?

—Vale, vale. Lo pillo. Pero podemos buscar una solución.

—¿"Podemos"? ¿Primera persona del plural, sujeto "nosotros"? —preguntó con desconfianza Marina—.

—Mira qué bien le he enseñado lengua —vaciló Alba para destensar un poco el ambiente—.

—Mamá, no te incluyas, por favor. Qué vergüenza como se entere.

—Que no. Prometo no meterme demasiado. Pero deja que te ayude un poquito. Esta noche busco información y te digo si podemos hacer algo. Si fuéseis más abiertos y le contáseis las cosas a vuestros padres, el problema estaría solucionado. Igual que tú has hecho hoy el esfuerzo de contármelo, él también se lo puede decir a sus padres. Y estoy segura de que no pondrán ninguna pega en ayudar a su hijo.

—Visto así... —empezó Marina a despejar sus dudas y ver luz al final del túnel—.

—Ves que era mejor contarlo —la apoyó Alba—.

—Ya te he atosigado suficiente por hoy. Mañana seguimos hablando de esto, ya verás que encontramos una solución, ¿vale?

—Vale. Gracias, mamá.

—Y ahora ni se os ocurra escabulliros y ayudadme a recoger todo. Que siempre me salís con la excusita de que tenéis que terminar deberes.

—No se te escapa ni una, abogada.

—Oye, y eso del curso de cocina no será uno de Meetic de esos, ¿no? —preguntó Alba solo con la intención de vacilar a su madre—.

—Bueno... —ambas hermanas se miraron boquiabiertas ante el misterio de su madre—.

—¡Que la Rafi vuelve a salir de cacería! ¡Qué gran acontecimiento! —vaciló Marina ahora mucho más animada—.






SKAM AlbaliaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora