Capitulo 1 - El conflicto

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¿Alguna vez han tenido ese sentimiento de miedo tan atroz? Ni siquiera porque estés en peligro, sino porque los que amas podrían estarlo.

Por mucho tiempo ese miedo no dejaba mis pensamientos. Lo peor de todo era que no había manera de comunicarme con ellos y saber si estaban bien. Durante la guerra, vivía cada día pegada a la radio esperando a que no mencionaran el nombre de algún familiar, amigo, o cualquier conocido, pues en esos momentos deseas proteger hasta a tu peor enemigo.
Al menos algo nos enseñó esta guerra: a valorar absolutamente todo lo que hay en tu vida, y la empatía.

La radio estaba usualmente en la cocina, así que mientras mis padres cocinaban, Hérmes y yo nos sentábamos en la mesa a escuchar las enormes listas de los fallecidos.

Recuerdo perfectamente cuando supimos que la guerra había comenzado, el día que en las noticias, diarios, y cualquier medio de comunicación mencionaban la muerte de Albus Dumbledore. En ese momento temí por Draco, pero nunca mencionaron su nombre así que eso me dio algo de paz.

Otros nombres sonaban en la radio. Algunos desconocidos, y otros que me hicieron llorar por días enteros, como era el caso de Fred Weasley, Cedric Diggory, Vincent Crabbe, Remus Lupin y Severus Snape, que fue la muerte que más me sorprendió.

Un día, habían nombrado a tantas personas, que Hérmes decidió apagar la radio y me pidió que saliéramos a tomar aire fresco, pero hasta salir a caminar daba miedo.

Baie-Saint-Paul era un pequeño pueblo en Quebec, muy colorido y la mayoría de los habitantes eran magos, sin embargo no era catalogado como un pueblo mágico como el valle de Godric. Era un lugar muy alegre y lleno de naturaleza. Habían tiendas en todos lados que me recordaban a Hogsmeade. La diferencia era que aquí, para pasar desapercibidos, teníamos que usar objetos muggles como coches, y teléfonos celulares. Jamás entendimos cómo utilizar alguna de esas cosas, así que al inicio preferíamos usar bicicletas y algo que llamaban "correo electrónico" que lo encontrabas en grandes cajas que parecían retratos que tú podías controlar, les llaman computadoras.

Otra cosa que difería de Hogsmeade, o de cualquier lugar mágico en el Reino Unido, era el idioma. Las personas aquí entendían el inglés, y sabían hablarlo, pero hablaban mayormente francés, así que nos vimos en la necesidad de aprenderlo.

Para la llegada del nuevo milenio, ya estábamos acostumbrados a nuestra nueva forma de vida. De hecho, nuestros vecinos, el señor y la señora LeBlanc se habían vuelto tan cercanos a nosotros que venían a cenar casi a diario y traían a sus dos hijos, que eran mayores que yo, pero menores que Hérmes, tenían aproximadamente 20 y 21 años. Se volvieron amigos nuestros rápidamente, pues, sin mentir ni exagerar, Belmont y Calvin LeBlanc eran los únicos jóvenes de nuestra edad en el pueblo.

En los últimos meses de nuestra estancia en Canadá, mis padres contemplaban la idea de regresar a Wiltshire, pero aún tenían un poco de miedo, o algo que ellos llamaban "sentido común".
Esa idea se convirtió en plan cuando nuestra lechuza entró con correo a casa.

—¿Hérmes? ¿Atenea? Tienen correo— nos avisó mi padre dejando atrás las otras cartas que habían llegado y mirando nuestras cartas con confusión.

—¿Nosotros?— preguntó Hérmes confundido —Tal vez a los LeBlanc les dio flojera venir—

—No es de los LeBlanc— dijo mi padre aun mirando las cartas.

Hérmes y yo nos miramos igual de confundidos que nuestro padre y corrimos hacia él. Ambos nos pusimos a su costado y vimos el sello de Hogwarts. Nos dio nuestra carta a cada uno y rápidamente las abrimos.

HOGWARTS
Escuela de magia y hechicería
directora: Minerva McGonagall

Estimada Atenea Gaunt,
Nos complace informarle que tras los sucesos desafortunados usted ha sido elegida para retomar su séptimo año escolar, y así poder llevar a cabo su prueba EXTASIS.
No habrá necesidad de comprar libros ni algún otro equipamiento, pues todo es proporcionado por la escuela y el ministerio.

Esperamos su respuesta a más tardar el 31 de Julio del año 2000.

Atentamente,
Atticus Abecassis
subdirector

¿Atticus Abecassis? ¿Retomar el séptimo año, dos años después? Al terminar de leer la carta miré a Hérmes, quien seguía leyendo. ¿Y por qué Hérmes había recibido una carta si él había terminado la escuela desde 1996? Esperé a que él terminara de leer, y cuando lo hizo me miró igual de confundido que yo.

—¿Qué dice tu carta?— preguntó él.

—Me llaman para retomar el séptimo año y hacer el EXTASIS. ¿Y la tuya?— pregunté.

—Están implementando nuevas reglas en Hogwarts. Los prefectos ahora serán ex estudiantes y maestros. Quieren que sea prefecto de Slytherin, y maestro temporal de Defensa Contra las Artes Oscuras.

—¿Es en serio? ¡Es genial! Pero, ¿por qué maestro? Tú no eres maestro.

—Porque al parecer fui el que tuvo el puntaje más alto de mi generación. Aún así no sé si tomarlo.

—¿Bromeas? Es un gran honor, además te sirve para futuros trabajos— le informó mi padre.

—Si, yo tampoco sé si debería regresar— suspiré.

—Atenea, el EXTASIS es una prueba de conocimientos mágicos muy importante. Te la piden en todos los trabajos, y entre más alto el puntaje, las probabilidades de tener un buen puesto laboral aumentan, tienes que hacerla— dijo Hérmes —Yo, en cambio, no sé si esto vaya a servirme de algo— mostró su carta y la puso en la mesa.

Me senté en la mesa y mi padre nos miró extraño.

—¡Ay no!— suspiró mi padre —Odio las pláticas y sermones familiares, pero es que esta vez no se están escuchando. No tienen idea de lo mucho que me encantaría volver a esa escuela. En su momento, claro que la odie, pero ahora, la escuela es de los mejores recuerdos que me han quedado. No se están dando cuenta de las oportunidades que están dejando ir. Yo no crié flojos ni conformistas. Vayan por las cosas, no dejen que ellas vengan a ustedes, alcáncenlas y sobrepásenlas. Sobrepasen las expectativas y siempre den lo mejor de ustedes, y no por lo que digan los demás, o por enorgullecernos a su madre o a mi, sino por ustedes. Porque sé que ambos tienen un enorme potencial, y no hay personas que estén más orgullosos de ustedes que su madre y yo.—

Miré a mi padre. Tenía toda la razón, le sonreí agradecida y luego miré a Hérmes, quien me miró con determinación y asintió.

—Está bien. Iremos— determiné.

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