Capitulo 52

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Llegamos a Canadá. Fue un viaje largo y tedioso. Todavía teníamos que tomar un tren para llegar a Baie-Saint-Paul, un pequeño pueblo en Quebec en el que la convivencia con muggles era bastante normal, pues ellos vivían ahí, pero no sabían nada acerca de la magia ni hechicería.

Era un pueblo pequeño, pero bastante colorido y acogedor. Fuimos a la casa. Era la última casa de la calle, y a pesar de ser la más grande, nuestra nueva casa era mucho más pequeña que la anterior, pero tampoco nos hacía falta nada. Teníamos los cuartos, y baños necesarios para no generar peleas entre mi hermano y yo.

Al llegar, mis padres nos esperaban en la puerta, y en cuanto los vi, me bajé rápido del taxi mágico en el que íbamos, corrí hacia ellos y los abracé.

Mientras los abrazaba, se me hacía un nudo en la garganta, hasta que comencé a llorar. Aunque no todo era malo, me alegraba tanto verlos y saber que estaban bien, y al parecer a ellos también les alegraba verme, pues mi padre también soltó unas cuantas lagrimillas.

Estaba por empezar una vida completamente nueva, en una ciudad completamente nueva en un país completamente nuevo que estaba en un continente completamente nuevo. Y todo era completamente nuevo, absolutamente todo.

Recuerdo que ese día miré por la ventana de mi cuarto, tenía una vista increíble a un lago enorme y muy hermoso. Recordé mi antigua habitación, en Hogwarts, también tenía una vista a un lago enorme y hermoso, pero era desde un ángulo completamente diferente.

Tal vez era cuestión de eso. Tal vez la vida se trataba de eso. De cambiar el ángulo de nuestra perspectiva.

Tal vez todo había sucedido por una razón que en ese momento, aunque trataba de comprender, no lo hacía por completo. Hasta que un día, no me quedó de otra más que entenderlo.

Tuvo que pasar mucho tiempo para que yo comprendiera el motivo de las cosas. Me costaron muchas noches de llantos y días depresivos para darme cuenta que estaba mucho mejor aquí que allá.

Recordé la última vez que sentí los labios de Draco Malfoy contra los míos en Hogsmeade.
Recordé también a Theodore Nott, porque fue mi primer "hubiera". ¿Qué hubiera pasado? ¿Cómo hubiera sido?
Fue así como me di cuenta de la importancia del primer todo, y de lo difícil que era superar al primer amor, porque fue mi primera vez, y la primera vez nunca se olvida.

Orgullosamente puedo decir que Draco Malfoy fue mi primer amor de verdad, y el último hasta ahora. Y no había día que no pensara en él al ver el anillo en mi mano, al ver las fotos, o al ver el lago frente a mi ventana.
Cada día pedía al universo que nada le pasara, y me pegaba a la radio por una hora entera porque mi mayor satisfacción era no escuchar su nombre.

Lamenté mucho el día que escuché los nombres Severus Snape, Fred Weasley, Gregory Goyle, Vincent Crabbe , Cedric Diggory, Albus Dumbledore, Remus Lupin, entre muchos otros. No importaba qué casa eran, o si eran mis amigos o no. Una muerte siempre es dolorosa, sobre todo si conociste a esa persona, y es aún más dolorosa cuando tenías un vínculo afectivo con ellos. Lloré en su momento, y me sentí tan mal por no haber podido atender a su funeral, pues incluso al terminar la guerra, mis padres decidieron seguir escondidos por si algo malo sucedía.

Ya pasaron más de tres años desde que comencé a escribir en esta libreta. Me niego a decir que esto es un diario, porque no lo es.

Debo de admitir, que fueron los tres años más difíciles de mi vida, porque aunque no viví la guerra en carne propia, mi mente estaba allá, con Draco, con Theodore, con Blaise, con Daphne, con Pansy, con Fred, con George, con Adrian, Cedric, Cho, y con todas aquellas personas que habían participado en la mejor etapa de mi vida.

Ahora es momento de dejar de hablar del pasado y comenzar a hablar del presente, y del futuro.

Actualmente sigo viviendo en el mismo lugar, logré terminar la escuela gracias a mi hermano quien me enseñó todo lo que él había aprendido. Tengo algunos nuevos amigos, y he conocido a chicos nuevos, pero nadie nunca va a ser él.

Mañana regresaremos a Wiltshire. Tengo miedo, y estoy muy nerviosa porque al fin podré ver a una gran parte de los rostros que tanto he extrañado. A los otros, los veré el día que trascienda. Mientras, me dedicaré a disfrutar el momento, que es lo que está situación me ha enseñado.

Al ser la última página de esta ridícula libreta, y sin más que decir, cito a mis dos queridísimos y apreciables amigos que vivirán siempre en mi corazón, Fred y George Weasley.
Así que...

Travesura realizada.

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