Si nada nos salva de la muerte,
al menos que el amor nos salve de la vida.
—¿Es cerca?— decido ignorar a su mano extendida.
—Claro, en cinco minutos llegamos.
Sopeso la idea, dudo que Illya sea alguien que me haga daño... Pero el bosque está muy solo.
—¿No le pasa nada a mi auto?
El se ríe.
—No nada, excepto si las ardillas ya empezaron a robar coches —sonrío.
—Esta bien —respondo— voy por mis cosas y vamos.
Entro al auto y agarro mi bolsa, saco mi celular y le mando un mensaje a Derian diciéndole donde estoy y que también está aquí Illya, sino aparezco él fue el culpable.
Bueno eso fue un poco exagerado, pero uno nunca sabe. Son las 3:00, aún puedo llegar con el señor Vikander. Con todas mis cosas salgo del auto.
—Tardaste —dice.
—Neh.
—¿Qué? ¿Acaso le dijiste a alguien que si no aparecías es por qué yo lo hice?
—¡Para nada! —lo veo a los ojos— es hora de irnos.
—¿Tienes prisa?
—Solo un poco —respondo.
El empieza a caminar y es todo un reto, un paso de él son dos míos.
—¿Qué tal te va en la universidad? —pregunta.
—Muy bien, siento que fui hecha para lo que estudio, así que me siento realmente feliz ¿tú?
Y así hablamos, la platica no resulta tensa, y es que es un gran conversador, sino fuera por eso sería totalmente incómodo.
Pero cuando él va hablando y caminado empiezo a pensar en Kilian. Lo diferente que es, si lo pusieras a Illya y a él, cualquier chica se iría por Illya, tiene ese tipo de belleza que llamativa, que atrae a las personas. Sin embargo su esas chicas voltearan atrás y verán al chico que no eligieron y se arrepentirían.
Él es como el arte, necesitas verlo detenidamente para darte cuenta de lo hermoso que es. Tienes que darle el tiempo necesario para observar que no es un chico común. Es especial, no te roba el aliento con una mirada, te roba la vida. Así que muy pocas personas se dan el tiempo para observar cada uno de los detalles de su persona, pero las que lo hacen no se arrepienten.
—Es justo aquí.
Ante mí está una cabaña, es linda, como la perfecta combinación de rústico y elegante, de algún modo el que la construyó encontró ese punto intermedio.
—Bonita.
—Definitivamente —dice mientras abre la puerta— espera solo paso por las llaves del auto y nos vamos.
Asiento, hay muchas fotos, decido no verlas.
—Ponte cómoda —grita desde el fondo de la casa.
Me siento, huele como a madera con café, uh uh.
Después el sale agitando unas llaves.
—Las encontré ¿nos vamos?
Salimos de su casa, su coche es gris, de hecho no está nada mal.
—Nunca te había visto manejando ¿no llevas el coche a la escuela? — pregunto.
—Me gusta caminar —me da una mirada extraña mientras sube al auto— me observas en la escuela.
No es una pregunta, lo afirma.
También me subo al auto.
—Fuimos compañeros —me encojo los hombros— a veces te veo.
—¿Y qué hice para tener ese honor?
No sé si está coqueteado o solo está bromeando ¿Por qué tengo que ser tan mala descifrándolos?
—En realidad no es un honor, lo hago con la mayoría de las personas.
—¿Por qué las observas?
Ahora él suena interesado.
No me gusta que me hagan preguntas de porqué hago lo que hago. Muchas veces ni yo misma lo sé.
—Costumbre.
Y antes de seguir con el cuestionario llegamos a mi auto.
—No creas que te salvaste —me dice antes de bajar.
¿Como rayos sabe lo que pienso?
—Mi papá es psiquiatra —responde ante la pregunta no formulada.
—Oh, deja de hacerlo es molesto —lo empujó con el hombro.
—No puedo evitarlo, lo siento —se ríe.
Si risa no es tan bonita... ¿Pero qué rayos piensas Dasha? Esa risa no tiene punto de comparación con nadie.
Ug deja de divagar.
—Entonces ¿qué hago? —pregunto.
—Toma esto —me entrega los cables.
Después de varios intentos y corajes muy chistosos de Illya logramos encender mi auto.
—¿No has pensado en cambiarlo?
—No... Son de esos que tienes un valor sentimental ¿entiendes?
—Si —dice— entonces cuídalo.
Asiento. Y llega la incómoda despedida ¿Le doy un beso en la mejilla? ¿Le doy la mano? ¿Me despido de lejos? ¿Hago todo?
—Bueno entonces, nos vemos en la escuela.
—¡Claro! —decido que la tercera opción es mejor— Nos vemos —sacudo la mano— Te debo una enorme Illya.
—Vaya, por un instante pensé que no sabías mi nombre y no querías preguntar.
—No —sonrío— claro que lo sé, bueno gracias de nuevo, y que alguna vez necesitas algo, ya sabes quién te debe una.
Me despido y subo. Es hora de ver a Nicolai Vikander.
Llegue, puntual y sin perderme, y ese hecho es un gran logro para mí.
Cuando estoy enfrente tengo que revisar dos veces la dirección. La casa es enorme, y bonita, creo que la definiría como impresionante.
Cuando camino hacia el timbre veo a un gato en el tejado, es blanco con sus patitas cafés, detrás de él aparece un gato negro.
Son hermosos.
Toco el timbre y espero.
—¡Voy! —grita al fondo una voz.
Segundos después tengo al señor Vikander enfrente de mi, o espero que sea él.
—¿Nicolai Vikander?
—Claro, pasa Dasha —da la vuelta y camina, es un pasillo largo.
—Llegaste puntual.
Tiene una forma extraña de caminar. Sus ojos son cafés uno muy clarito con pestañas largas. Ya es grande pero no mucho, nariz recta y labios de un tamaño promedio.
—Si, pensé que tenía que aprovechar el mayor tiempo con usted.
—Contigo, no me hables de usted.
No suena a una sugerencia...
—Claro, lo lamento.
—Han pasado tantos años que es extraño escuchar a alguien hablándome así.
Pasamos por la sala, limpia y ordenada, demasiado diría yo.
Llegamos a la cocina, es linda, al igual que toda la casa, tiene un toque vintage.
—Toma asiento.
Suena nervioso, es raro por qué la nerviosa tengo que ser yo. Me siento.
—¿Quieres algo de tomar?
—No, gracias que amable.
Mueve mucho las manos, de aquí para allá.
—Insisto.
Me sirve en un vaso que está adornado de formas en las que nunca imaginarias que adornan a un vaso. Juro que limpia más de cinco veces mi lugar antes de ponerlo.
—Gracias.
—Bueno, dime de qué quieres hablar—se acomoda él cabello, es la sexta vez que lo hace.
Deja de hacer eso Dasha.
—No sé, todo lo considero tan importante que no sé que dejar a un lado y que poner.
—Te entiendo, la cultura egipcia está llena de tantos detalles, pero podría ayudarte con eso ¿has pensado cómo hacerlo?
—Sí, pero quería pedirle su opinión, podría hablar de una egipcia, como un día común en su vida, con todo lo que hacen cotidianamente y de esa forma voy hablando de lo que abarca esta cultura y es diferente a como normalmente se relatan este tipo de proyectos.
Se queda pensando.
—Me gusta, es buena y podemos hacerlo, y tienes al mejor para ayudarte —me sonríe.
Es una extraña un poco torcida, pero es de esas que te hacen sonreír de vuelta inconscientemente.
—Vamos a la biblioteca.
Nos ponemos de pie y comienzo a caminar.
Antes de irse vuelve a acomodar el florero.
—Lindas flores —le digo mientras caminamos.
—Lo son ¿cierto? Me encanta como huelen.
Sonrío. Cuando llegamos de pone a buscar y sacar muchos libros, de esos enormes y con polvo.
—Bueno creo que estos servirán. ¡Oh! por cierto, ten —me da un libro pequeño— te va a ayudar.
Se llama "No digas que fue solo un sueño."
—Genial.
—Así que, quieres hablar de un día normal de una egipcia —ojea las páginas mientras habla— ¿eso incluye el amor?
—Uh ¿no? O ¿si? Es decir ¿es relevante? —pregunto.
Pasan unos segundos antes de que responda.
—¿Qué es el amor dentro de la historia?
No sé si me hace esa pregunta a mí o a si mismo. Silencio.
Creo que es para mí.
—No tengo idea... Supongo que mucho.
—Muy bien Dasha, el amor ha impulsado a hacer grandes cosas a los más importantes personajes de la historia, el amor al conocimiento los hizo querer saber más, investigar, hasta descubrir o crear. El amor a su tierra los impulsó a luchar incluso hasta la misma muerte. El amor a su arte lo hizo crear cosas bellas, hermosa. Y la lista podría ser larga pero ahora dime ¿Qué clase de amor te impulsa a ti?
Me paralizo, no sé la respuesta.
—Supongo que... A ¿la historia?
Alza una ceja hacia mi.
—Te ayudaré a descubrirlo, es la misión número dos —su entusiasmo me contagia.
—¿Y cuál es la uno?
—Que tu trabajo sea el mejor.
Después de hablar y hablar con él, llego a conocerlo un poco, no puedo dejar de observar sus pequeñas manías pero creo saber el porqué de ellas. Pienso que era de esos maestros que les apasionaba su trabajo y te infundía esa pasión, de esos que casi no hay, pero cuando te topas con uno lo recuerdas para siempre.
Terminamos por ese día, establecimos los objetivos del trabajo y los puntos que tocaremos en el.
—¿Quieres una rebanada? Es un pan de chocolate con coco.
Quién diría que no.
Cuando saca el plato para servirme, lo hace con tanto cuidado de no tocar el otro, pero cuando lo hace lo vuelve a acomodar, perfectamente.
Seguimos hablando de historia, tanto que olvidamos la hora. Hasta que Derian, muy alterado, me marca.
—Estaba a punto de ir a la casa de Illya y romperle el cuello.
—Lo siento olvide marcarte —espero que Nicolai (me pidió con mucha seriedad que lo llamara así) no escuche— pero estoy bien.
—Dios mío —escucho su exasperación— Te juro que estaba a punto de conocer a Tanya —su escopeta— Y no sería lindo.
—Si si, lo siento, pero escucha estoy un poco ocupada, te marco luego...
—¿Con quién? —casi casi le digo papá a Derian.
—Con Nicolai —bajo la voz, rogando que no escuche.
—¿Y quién es ese?
—Es señor Vikander, ya adiós Derian.
Cuelgo.
—¿Tú novio?
—Para nada, solo es un amigo.
Me mira fijamente, no me cree.
Odio cuando piensan que Derian es mi novio, pero con lo que dijo, no culpo al señor Vikander... Nicolai.
Me despido y prometo volver el lunes. Siento que disfrutare mucho estas sesiones.
Cuando llegó a casa todos me hacen preguntas ¿fue agradable? ¿Cómo es? ¿Te miro raro? ¿Es bueno?
Respondí una por una con paciencia. Y sobreviví, pero ya era hora de dormir.
En realidad sí hubo una vez que perdió el control.
El tipo me dio un puñetazo. Tal vez en retrospectiva él se hubiera arrepentido. Pero ya era tarde. Vi como Kilian, mi Kilian compuesto y decente lo golpeaba una y otra vez, su mirada furiosa.
—Detente —dije bajito, la cabeza me pulsaba— vas a matarlo.
No me escuchó. Cualquier persona le hubiera dado miedo, verlo así. Pero yo no.
—¡Kilian! —grite con todo lo que mi voz ronca podía— ¡Detente ahora mismo maldita sea!
Ahora sí lo hizo. Se puso de pie lentamente, luego vio sus nudillos, no sé si era su sangre o la de el otro. Pero cuando me miro busco en mi mirada indicios de miedo, si su oscuridad me había asustado.
No Kilian, vas a necesitar más que eso para asustarme.
Hasta ahora nada lo ha hecho, y nada jamás lo hará.
Es tarde, me levanto corriendo, o el intento de correr mientras me visto y me lavo la boca.
Llego a la clase justo antes de que empiece. Saludo a Derian de lejos.
Terminando me topo con el Profesor Crawford.
—¿Qué tal, como le fue?
—Estupendo, es de mucha ayuda, me sorprende que decidiera verme.
—¿Por qué lo pregunta, por su... Enfermedad?
—Si, a ellos se les dificulta cambiar su rutina, lo cambios no son algo que disfruten.
—¿Se dio cuenta de lo que es? —pregunta.
—Si, trastorno obsesivo compulsivo. Mi tía lo tenía así que... Me di cuenta desde evitó tomar mi mano.
El ríe.
—Si a mí también me sorprendió, pero enseñar es su pasión, antes trabajaba aquí y cuando la enfermedad se hizo más fuerte ya no pudo más. Sin embargo creo que aún no ha perdido el amor por lo que hace, por eso acepto.
—Me alegra que sea eso —digo— espero no hartarlo.
—No lo harás.
Al final Derian me esperaba.
—¿Cómo te topaste con Illya ayer?
—¿Illya? —de alguna forma Alana llegó.
—Pues me quede sin batería, iba pasando por ahí así que... —me encojo lo hombros.
—No, él te acosa, tiene la pinta.
—¡Alana!
Bromeamos hasta que los tres tenemos hambre y esa es razón suficiente para irnos corriendo a casa, Derian me pide un aventón.
—Llegaste tarde, eso sí que fue raro.
—Si me quede dormida...
—¿Mala noche?
—No —respondo— no fue mala, tuve un sueño extraño.
Se lo digo. Se ve tan intrigado como yo.
—Es cierto no se ve del tipo que pierda calma —se queda pensando— ¿Desde cuando comenzaron esos sueños?
—Uh —un viejito con ojos azules viene a mi mente— ¡El viejito! ¡Desde que choque con el!
—¿De qué hablas?
—Choque con el, sentí como si la electricidad empezara a correr por mi cuerpo.
—Oye Dasha.
—Y dijo cosas extrañas, él se veía raro, empezando por sus ojos.
—Dasha...
—Pero esos como "toques" eléctricos definitivamente fue lo más raro.
—Dasha...
—Al final me guiñó el ojo, como si fuera cómplice de algo...
—¡Dasha! —me interrumpe.
—¿Qué Derian?
Señala algo.
Y ese algo es Kilian.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Uno más! ¿Lo aman tanto como yo? Espero que si :3
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Si te vuelvo a amar
RomanceHay poco qué decir sobre esta vida, las cosas que pasaron no puedo estar segura si fueron por mi elección. Pero solo puedo estar segura de una de ellas, una decisión que tomé consciente y voluntariamente, si iba a arruinarme la vida qué mejor que fu...
