Era de madrugada cuando yo fui despertado por el ruido de sollozos.
Entreabriendo mis ojos débilmente, fui capaz de ver una figura arrodillada al pie de mi cama, cubriéndose el rostro con ambas manos.
Aún en medio de la oscuridad reinante (Y por desconcertante que pueda parecer) yo fui apaz de reconocerle de inmediato: Era Jesucristo, o mejor dicho una versión viva de aquella imagen de Jesucristo que adornaba mi sala. Con todo y marcas de clavos en sus manos, como para que no me quedase duda al respecto.
—Todo fue mentira...Todo fue un engaño... —me dijo el Mesías, con amargas lágrimas de sangre en sus ojos—. ¡Al final no habrá perdón para nadie y todos serán devorados sin misericordia alguna!
Acto seguido, una furiosa llamarada empezó a consumirle con infernal celeridad.
Yo me quedé paralizado de terror, contemplando lleno de espanto como es que nuestro amado Salvador era consumido en medio de aquel infierno, profiriendo lo más horrendos gritos que alguna vez hubiese escuchado en mi vida.
Perdí el conocimiento de forma instantánea. Para cuando desperté, ya era de día, y yo no pude sino suspirar aliviado, considerando que toda aquella visión no se trataba de nada más que de una grotesca pesadilla sin el menor sentido.
¿Qué otra cosa podría ser, sino solamente eso?
Pero al incorporarme de mi lecho, no tardé en descubrir un montón de ceniza esparcida alrededor de mi cama...
ESTÁS LEYENDO
Mini-Historias de Terror
HorreurPorque no hacen falta muchas palabras para producir el más hondo de los escalofríos... He aquí una colección de breves, brevísimos relatos de terror y misterio...
