Capítulo 32

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Salgo de la casa, pongo seguro a la puerta y me saco las llaves del auto de mi bolsillo, mi sudadera negra llega a mi vientre así que solo tengo un poco de frío. Llego hasta una pizzería cerca de la plaza principal.

Me estacionó lo más cerca que puedo. Veo a Erik de pie con una gorra, junto con una chaqueta negra. Toda la pinta de un chico malo hasta que lo conoces.

— ¿Chico malo, vienes solo? — le grite caminando hasta él

Sonríe y se acerca, saco del bolsillo un cigarro que pongo entre mis dientes. Voy por el encendedor, pero me detiene

— Déjame a mí — saca de su bolsillo uno y el fuego rápido lo enciende.

— Te lo agradezco — solté después de darle una calada y ofrecerle

— No hay de que, ahora termina esto y vayamos a cenar.

Libero el humo de mi nariz mientras me mira impresionado. Se lo paso mientras le hablo

— Pensé que cenaríamos en tu casa. Como dijiste que iríamos ahí en la llamada

— Tuve la idea de comer aquí e ir por el postre a mi casa sin que suene morboso — dijo nervioso.

Le sonreí — No te preocupes — dije tirando el cigarro y abriendo la puerta del local — no tienes tanta suerte.

***

— ¿Esta buena no? - pregunta mirándome

— La pizza está rica, aunque déjame decirte que le falta más carne. Tus hongos no son los mejores.

— ¿Entonces qué es lo que sucede en esa cabeza tuya? — pregunta curioso

Deje mi refresco y me estire en la mesa tratando de no hablar.

— Vamos, Rory puedes hablar conmigo — me anima.

— Es algo bastante personal y no necesito la lastima — deje caer lentamente mi cabeza en la mesa. Su mano se estiró para tocar mi muñeca.

— ¿Qué tal si ambos contamos algo profundo? Así no sentirás que le muestras tu alma desnuda ante el mundo.

Levanto la cabeza, lo miro incrédula.

— ¿De verdad estás dispuesto a mostrarle tu alma desnuda ante mí?

Asiente y respira hondo — ¿qué quieres saber de mi desnudez? — me río

—¿Qué le pasó a tu familia? — en cuanto la pregunta sale de mi boca se pone tenso — perdón, no soy buena en esto.

Suspira — No, está bien creo que en algún momento lo sabrías ¿no?

— Quiero suponerlo — dije.

— Mi familia era lo que más importante, mis padres eran las personas más agradables que te puedas imaginar — dice con un brillo en los ojos — éramos cuatro hijos

— Vaya, ¿cuatro hijos? Eso debió ser algo duro

Sonrió — Era el menor, mis padres y mi abuela me tenían consentido. Mis hermanos siempre se burlaban de mí por eso, pero éramos unidos.

— ¿Cuáles eran sus nombres? — pregunte.

— Era Honor la primera hija, después iba Philip, luego mi hermana con la que vivo Lena. Fuimos unidos hasta el día del accidente Honor les pidió a mis padres que la llevaran de vuelta al campus, Philip quería ir para verla, pero una vez que salieron de casa no los volví a ver.

Una sensación de tristeza me inunda, pero al verlo a simple vista parece que nada en su vida está mal en absoluto.

— Hace un rato me encontré a la hija de mi padrastro y me afectó mucho verla, porque fue como si volviera a revivir lo que pasó — dije con un nudo en la garganta.

— ¿Qué reviviste?

— Mi madre desde que nací fue adicta y nunca cambió excepto cuando conoció que un hombre llamado Steve que era dueño de un gimnasio cerca de mi casa. Empezaron a salir, pronto me lo presentó y me agradó me trataba como su fuera su hija. Hacía que mamá fuera a doble AA y se mantuviera limpia después de un año se casaron, él se mudó y mi vida cambió por completo por fin estaba teniendo algo normal.

— ¿Qué paso después? — pregunta serio.

— Ya llevaban unos años y un día él salió de viaje en la carretera. El auto se volcó ahí, murió al instante dejándonos solas — intento ahogar este nudo que se hace cada vez más grandes — desde entonces mi vida volvió a lo de antes, mamá bebiendo y drogada todo el tiempo.

Cierro los ojos intentando no pensar en nada, pero de pronto unos brazos me rodean y el aroma de su colonia me tranquiliza. Me aferro a su brazo mientras me rodea por completo.

— Respira, estás bien — las lágrimas amenazan con salir de mis ojos cuando mi celular vibra en la mesa. No quiero seguir sintiendo esto.

— ¿Me pasas mi celular? — asiente y me suelta para estirarse. Me incorporo en mi lugar y paso una servilleta por mi cara.

— ¿Qué? — pregunte al responder.

La música llenaba el fondo, unas risas femeninas me atacan el oído y cuando estoy a punto de colgar alguien por fin habla.

— Ryland, corazón que bueno es escucharte — dice una voz casi conocida pero el tono agudo me confunde.

— ¿Quién es? — pregunte.

— ¿No me recuerdas? Soy yo, el que te agradaba antes de que llegara ese tipo. Te quiero de vuelta, corazón

Miro el celular y efectivamente es él, pero la única explicación lógica es...

— ¿Coleman? ¿Estás ebrio? — pregunte y al escuchar su nombre Erik pone los ojos en blanco — ¿dónde estás?

— Ven por mí, por favor te lo suplico creo que una chica quiere meter su lengua en mi bocaaa — dice alterado y arrastrando las palabras.

— ¿Dónde estás? — pregunte de nuevo

— En una discotecaa — dice

— Coleman, ya no existen las discotecas.

— Esta en la calle Boncelt, y no recuerdo que más pero antes de que vengas trae tu trasero — repuso antes de colgarme

Me cuelga y dejo el celular boca abierta en la mesa. Erik me mira confundido

— ¿Qué sucede? — pregunta.

Me pongo de pie, y tomó mi bolsa. Me sigue cuando dejo unos billetes en la mesa y salgo del local. Me detiene

— ¿Adónde vas? — pregunta perdido.

— ¿Me puedes acompañar? Coleman necesita que vaya por él, pero no sé nada de ese lugar.

Se lo duda un poco, pero acepta y corre a mi lado. Yo que pensé que me diría que no por ser por él. 

𝐸𝑙 𝐷𝑖𝑎𝑟𝑖𝑜 𝐷𝑒 𝑈𝑛𝑎 𝑍𝑜𝑟𝑟𝑎Donde viven las historias. Descúbrelo ahora