La vida separó a Jimin y Jungkook, después de una infancia llena de cariño y amistad. Años después, ella misma se encargó de volver a unirlos.
Pero nunca vuelve quién se fue, aunque regrese.
¿Podrían mantener la amistad que construyeron en un pasado...
No podía concentrarse en la coreografía, fallaba una y otra vez en el mismo paso. Hoseok comenzaba a desesperarse y Taehyung lo miraba con preocupación.
- Jimin, ¿Estás bien? - le preguntó el mayor. - ¿Quieres que lo dejemos por hoy?
- Discúlpame hyung, sé que te estoy estropeando la coreografía. - el rubio agachó la cabeza. Hoseok miró a Tae, que se encogió de hombros.
- No estás estropeando nada, - se acercó a él y le apoyó la mano en el hombro. - todos tenemos días malos.
- ¿Por qué no vamos a tomar algo y nos despejamos un poco? - sugirió el menor.
- Me parece buena idea. Vamos Jimin.
Los chicos se cambiaron y salieron de la academia. Caminaron a un bar cercano donde se sentaron a beber unos refrescos mientras charlaban y se relajaban de la agotadora práctica.
- ¿Hyung que le regalarías por su cumpleaños a alguien muy especial para ti? - preguntó el menor a su amigo que cocinaba entretenido. Jin se giró para mirarlo.
- Mmm no lo sé, quizás algo que tenga mucho valor sentimental para él o ella. - respondió. - Creo que es más importante el valor que el precio.
Jungkook lo miró confundido. El mayor continuó hablando:
- El precio es el dinero que pagas por algo. Casi todo en la vida cuesta dinero, es decir, casi todo tiene un precio. Pero el valor es distinto, es algo más sentimental, más personal. Es la importancia que tú le das a algo, lo que significa para ti. - Creo que las mejores cosas de la vida no tienen precio, porque el dinero no puede comprar un sentimiento. ¿Entiendes a dónde quiero llegar?
- Si hyung, creo que sí. - respondió Jungkook. - Pensaré en algo especial, algo que tenga valor para él, más allá del dinero. - Jin sonrió orgulloso y continuó haciendo la comida.
Namjoon apareció por la cocina, su pelo goteaba agua pues acababa de bañarse. Vio a su novio cocinando y se acercó a él.
- ¿Cómo podré agradecerte todo lo que haces por nosotros? - le dio un tierno beso en la mejilla.
- Algo se me ocurrirá. - respondió con picardía el mayor. - De todas formas lo hago para que no quemes la casa y el pobre Kook no muera de inanición.
- ¡Oh vamos Jinnie, mi comida no es tan mala! - protestó. Jungkook carraspeó exageradamente. - ¡Cállate mocoso, tú no sabes ni cocinar arroz! - señaló al menor que trataba de aguantar la risa.
El móvil del pelinegro vibró en la mesa, Jimin le estaba escribiendo.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Levantó la mirada del teléfono y observó cómo su primo mimaba a Jin.
Estaba detrás de él, agarrándolo por la cintura mientras el mayor cocinaba. Le daba besitos en el cuello y la oreja, Jin le pegaba pidiéndole que se apartara de una manera totalmente falsa. Los dos reían como dos niños enamorados.
A Jungkook le encantaba observarlos. Su primo y Jin tenían el tipo de relación que todo el mundo deseaba. Llevaban un par de años juntos y a pesar de que eran jóvenes, nadie dudaba de que esa relación sería para toda la vida.
Jin ayudó a Namjoon a ser responsable y a aprender a valerse por sí mismo, sobre todo cuando se independizó. Namjoon ayudó a Jin a liberarse, a divertirse sin remordimientos, a soltarse de vez en cuando. Se complementaban de una manera única.
Jungkook quería eso, alguien que lo hiciera sentir de esa manera, quería una relación sana y bonita con alguien que lo quisiera tal y como era. Con alguien que no lo juzgara, que no le tuviera lástima. Alguien que lo llevara a las nubes con solo una sonrisa. Quería al Jin de su Namjoon.
Alguien especial. Alguien único. Alguien como Jimin.