CAPÍTULO 14: Ángel

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Caminaron hasta casa de Jimin, el pelinegro se había empeñado en acompañarlo a pesar de sus negativas.

- No tenías que venir hasta aquí Kook - le dijo jimin mientras sacaba sus llaves de la mochila. - ¿Quieres pasar?.

Jungkook miró su reloj, eran casi las 10:30 de la noche - Mejor otro día, ya es tarde, me da apuro Chim. - el mayor asintió.

- Gracias por acompañarme, avísame cuando llegues a casa por favor. - se acercó al pelinegro y le dio un beso en la mejilla.

Jungkook sintió un escalofrío recorrer su cuerpo.

- Claro, no te preocupes - le respondió tratando de ignorar lo que el mayor le acababa de provocar. - mañana nos vemos Chim, que descanses. - Se despidió y se fue caminando por la acera para dirigirse a su casa.

- ¡JUNGKOOK! - el grito del mayor lo hizo darse la vuelta con rapidez y correr hasta la puerta de la casa.

- ¿Qué pasa? ¿Estás bien? - preguntó agitado, se había asustado pensando que le pasaba algo.

- No, es que... Me olvidé de enseñarte algo. - Jimin sonrió tímido y Jungkook pudo ver cómo sus mejillas se encendían.

Jimin se metió la mano por el cuello de la camiseta y sacó una cadena fina de plata de la que colgaba un pequeño anillo.
Jungkook abrió los ojos sorprendido, mientras se acercaba a tocar el anillo. El rubio sonreía mirando a su amigo.

- No puede ser... - el pelinegro negaba una y otra vez con la cabeza mientras tocaba el anillo que colgaba del cuello de Jimin. Era su anillo, el anillo que le había dado 6 años atrás cuando se separaron. Jimin soltó una carcajada.

- Bueno, creo que ya es hora de dárselo a su dueño. - el rubio levantó los brazos para desabrocharse la cadena, pero Jungkook lo frenó.

- ¡Ni de coña! Lo has mantenido todos estos años Jimin, es tuyo, quédatelo por favor. Me hace feliz saber que aún lo tienes. - el rubio asintió orgulloso.

Entró en su casa con una sonrisa enorme en sus labios. Sus padres y hermano ya estaban dormidos, así que subió a su habitación, se puso el pijama y se lavó los dientes. Estaba por meterse en la cama cuando se acordó de que Taemin lo había estado llamando y cogió el móvil para escribirle. Tenía varias llamadas perdidas y mensajes sin leer de él.

 Tenía varias llamadas perdidas y mensajes sin leer de él

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Jimin sonrió a la pantalla y bloqueó el teléfono

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Jimin sonrió a la pantalla y bloqueó el teléfono. A pesar de que no lo conocía mucho, pensaba que Taemin era un buen chico, pues lo trataba bien y le daba su espacio. Quizás a veces se ponía un poco intenso, pero era simplemente porque se preocupaba por él.

Su teléfono volvió a vibrar, era un mensaje de Jungkook que le avisaba que había llegado a casa y que todo bien. Jimin le agradeció de nuevo, y le dio las buenas noches.

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Caminaba hacia su casa con una estúpida sonrisa en la cara, no podía creer que el chico aún seguía llevando el anillo que le dio cuando se separaron.

Se sintió absurdo recordando que le había dado miedo pensar que el rubio podría haber cambiado demasiado, que quizás ya no era compatibles y no podrían ser amigos. Pero nada más lejos de la realidad.

Jimin seguía siendo el chico tierno, cariñoso y divertido que había dejado atrás hacía años. Aunque físicamente si había cambiado bastante, su cuerpo era delgado y esbelto, pero se notaban sus músculos definidos a través de la ropa. Era un poco más bajo que él, no demasiado, apenas unos centímetros. El pelo rubio teñido fue lo que más le sorprendió, aunque a decir verdad, le quedaba tan bien que cualquiera pensaría que nació así si no fuera por el contraste que hacían sus cejas.

Su cara también había cambiado, ya no tenía las mejillas regordetas, ahora se podían ver las líneas marcadas en su mandíbula. Pero cuando sonreía... cuando sonreía el Jimin de 12 años volvía a aparecer como por arte de magia.

Sus mejillas gorditas volvían a florecer borrando las líneas de su mandíbula y sus ojos se cerraban tanto que se convertían en dos finas líneas sonrientes.

Para Jungkook, Jimin era un ángel, tanto por dentro como por fuera. Lo era desde que aquel día, que con apenas 7 años, se acercó a él sonriente y lo ayudó. Lo fue durante años porque estuvo a su lado en todo momento haciéndole la vida más fácil. Y lo era ahora que sin un ápice de rencor, le seguía sonriendo de la misma manera con su anillo al cuello.

Llegó a casa y encontró a Namjoon tumbado en el sofá viendo una película.

- Hasta que apareces. - le dijo el moreno sin quitar la vista del televisor.

- Siento llegar tan tarde hyung, estaba con Chim. - el menor se sobaba la nuca preocupado. - Estuvimos mucho rato hablando y fuimos a cenar, perdí la noción del tiempo. - Namjoon lo miró.

- Está bien, pero la próxima vez por favor avísame. - Jungkook asintió con fuerza. - Y dile a ese tal Chim que lo quiero conocer. Vamos a hacer una cena este viernes, no acepto un no por respuesta.

- Claro hyung, mañana se lo diré. Me voy a dormir, buenas noches. - el pelinegro se dirigió a su habitación.

Namjoon se quedó observando el pasillo por el que su primo había desaparecido.

Que tendrá ese tal Chim que lo pone tan feliz. - pensó.

No me sueltes [JIKOOK]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora